Editorial
Segunda Guerra Mundial, Guerra Civil, Franco, Hitler, Mussolini

En estos días se están conmemorando los 70 años del final de la II Guerra Mundial. No cabe duda... Leer más

Barcelona
La ciudad fundada por los romanos
Cuando uno piensa en Barcelona, rara vez se remonta a sus orígenes romanos, si bien fue entre los años 15 y 10 a.C. cuando el emperador Augusto fundó aquí la colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino. El plano de la antigua Barcino es una sugerente invitación para rastrear los restos de la Loba en la ciudad mediterránea, siempre a partir del conjunto monumental de la Plaza del Rey y los ecos extintos del Forum y el Templo.
El dedo de Colón
Inaugurado por la reina regente María Cristina, el monumento a Colón se alzó sobre una columna de 52 metros de altura –la estatua mide otros siete– con el índice señalando a América. El Descubridor del Nuevo Mundo se plantaba así en el Viejo de acuerdo con el diseño de Gaietà Buïgas y el concurso de los mejores escultores de la época. Si queremos sentirnos como en la isla de Guanahani, solo hace falta subir a su privilegiado mirador en un cómodo ascensor.
El Barrio Gótico
Si nos pusiéramos a enumerar las huellas del arte gótico en Barcelona, no acabaríamos nunca. Desde la catedral de Santa Eulalia –construida entre los siglos XIII y XV y hoy simpática residencia de unas ocas–, al Palacio Real Mayor –que fuera residencia primero de los condes de Barcelona y luego de los reyes de la Corona de Aragón–, pasando por la Casa del Archidiácono, el repertorio es infinito. Y una de las calles más queridas por los barceloneses es la del Bisbe, o del Obispo, que une la plaza de Sant Jaume con la Nova, en pleno corazón del Barrio Gótico, uno de los cuatro del distrito de Ciutat Vella. Entre sus tesoros, se encuentra este puente neogótico.
Gaudí, un hombre y su sueño
Barcelona es la ciudad más visitada de España. Hay quien dice que es la décima que más turistas recibe del mundo, otros la “deprecian” hasta el puesto vigésimo tercero. Sea como fuere, todos los ránquines coinciden en lo mismo: su monumento más visitado es el Templo Expiatorio de la Sagrada Familias. Y, entre los diez primeros, se encuentra La Pedrera o Casa Milá. Ambas, no hace falta aclararlo, son obras de Antonio Gaudí, el máximo representante del modernismo catalán.
El Port Vell
La parte más antigua del Puerto de Barcelona es todo menos una reliquia histórica. Antes al contrario, la sangre de la ciudad fluye lozana por sus venas, atrayendo a millones de turistas que frecuentan los restaurantes, paseos por los muelles, hoteles o museos de la zona. Nuestros lectores, barceloneses o no, no podrán resistirse al imponente Museo Histórico de Cataluña o al Marítimo, ubicado este último en las Reales Atarazanas. Se diría que el Port Vell es, todo él, un museo al aire libre, que anima la ciudad con un perfecto maridaje entre tradición y vanguardia.
¡Toda España cabe aquí!
Si Barcelona coronó todo un 8.000 con las Olimpíadas de 1992, otro tanto cabe decir de la montaña que ascendió con la celebración de la Exposición Universal en 1929. Fue entonces cuando se gestó este delirio de 49.000 metros cuadrados, que acoge hasta 117 réplicas de calles, plazas y edificios “ibéricos”, así como 30 tiendas y talleres y 18 restaurantes. Visitar el Poble Espanyol es, en fin, recorrer la riqueza de España sin salir de Barcelona, un sorprendente viaje virtual que nos permite asimilar la variedad arquitectónica de nuestro país.
La Estación de Francia
El 2 de junio de 1929, Alfonso XIII inauguraba la Estación de Francia, uno de los logros más duraderos de aquella mítica Exposición Universal que tanto bien hizo a la ciudad. La compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante) se adueñó de las obras, proyectadas por el ingeniero Eduardo Maristany, y el resultado fue una colosal estación terminal, de la que cualquiera que haya visitado Barcelona se habrá apeado alguna vez; si bien hoy ha perdido protagonismo a favor de Sants.
El Palau de la Música Catalana
Imposible pasar frente a la fachada de este edificio sin cortejar a la cámara de fotos para llevarnos el recuerdo de su belleza en el bolsillo. Obra cardinal del modernismo catalán, fue alumbrada por el maestro Lluís Domènech i Montaner y vio la luz en 1908, en una época en la que la suscripción popular, que se ocupó de sufragarla, aún no se llamaba crowdfunding… A los expertos de la UNESCO les gustó tanto, que en 1997 la incluyeron en su repertorio de Patrimonio Mundial. Y, si por fuera –suma de todas las artes con un cuerpo central recubierto de vidrio–, es preciosa, por dentro resulta inolvidable.
El Tibidabo
Los espacios recreativos desahogan la ciudad de Barcelona, máxime en verano. El pico más alto de la sierra de Collserola –al que se llega en funicular– cuenta entre sus tesoros con el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, erigido a lo largo del siglo XX.
¿Barcelona, 1992?
Fue el año de Barcelona en el mundo. En 1992, los XXV Juegos Olímpicos de Verano, que se inauguraron con una grácil flecha sobrevolando un pebetero, pusieron a la ciudad condal en el centro de todas las miradas. Barcelona quiso lucir como realmente era: innovadora, diferente, al igual que esta Estrella Herida, obra de la escultora alemana Rebecca Horn. Y fue todo un acierto el de estos cuatro cubos de acero, que el barrio de la Barceloneta acogió con los brazos abiertos. El propósito de Horn pudo ser festejar los viejos chiringuitos de playa, que, tras la ambiciosa remodelación de la ciudad, se habían extinguido como los dinosaurios.
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