Editorial
caverna, platón, bruno cardeñosa

Es un tópico, pero como muchos tópicos tiene algo de verdad, algo o mucho. Podemos decir que... Leer más

Lo que la grúa se llevó
La exposición del aire
Hubo un antes y un después de la Exposición Universal de Barcelona de 1888, que se celebró en un espacio de unos 500.000 metros cuadrados, a partir del Arco del Triunfo. Pero, ¿qué pasó después? De los edificios que se levantaron para la exposición solo queda hoy el citado Arco del Triunfo, el “Castillo de los Tres Dragones” y una parte de la “Galería de las Máquinas” (zoo). ¿Qué fue del “Gran Hotel Internacional”? ¿O qué del impresionante Palacio de las Bellas Artes? De esos hitos arquitectónicos solo quedan hoy sueños en forma de postales y fotografías antiguas.
Los brutales picotazos del AVE
El Ave pasaba por aquí. Ningún trazado alternativo cerca, y no lo pudo resistir. Al final, se calcula que el 80% del palacio de Maximiano Hercúleo, en el yacimiento arqueológico de Cercadilla (Córdoba), quedó destruido por las obras del tren de Alta Velocidad en 1992. En teoría, había que elegir: si el tren iba a pasar por Córdoba, había que sacrificar buena parte de este conjunto de finales del siglo III. Otra página más en la crónica negra del patrimonio español…
De un palacio a una pagoda
Mientras Francia celebraba el centenario de su Revolución, en Valencia el arquitecto Joaquín María Arnau Miramón diseñaba el palacio o castillo Ripalda para la condesa María Josefa Paulín de la Peña. Esta joya ecléctica, en pleno paseo de la Alameda de esa ciudad, tuvo una vida de lo más azarosa: cuando el gobierno se trasladó a Valencia en 1936, la vieja residencia acogió el ministerio de Comercio, y apenas treinta años después, en 1967, fue derribado, fruto de los turbios manejos especuladores del alcalde franquista Rincón de Arellano. Años después, se levantó en este lugar la promoción inmobiliaria de La Pagoda.
El Palacio de los Duques de Medinaceli
Más de cuatro hectáreas entre la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado. He ahí el que fuera uno de los mayores palacios del Madrid capitalino, principal residencia en la Villa y Corte de los duques de Lerma y Medinaceli. Pues todo se lo llevó la grúa. La Guerra de la Independencia implicó la destrucción de buena parte del edificio, si bien sería un siglo más tarde, en concreto en 1910, cuando tres centurias de historia serían brutalmente demolidas. El lujo acosaba a la historia, y sobre sus cimientos se construiría el hotel Palace.
Gran Hotel La Alhambra
En una ciudad de turismo y mar como Mallorca un hotel del lujo como fue el Grand Hotel La Alhambra no puede dejar de ser un referente. Contaba con la que en tiempos era la mayor categoría, 1ªA, y se convirtió en el centro de la alta sociedad de Palma de Mallorca durante décadas, destacando su arquitectura modernista. Su ubicación, junto al Teatro Lírico de Palma hizo de él lugar de residencia eventual de las muchas estrellas que actuaron en aquel. Y, curiosamente su final, su demolición, estuvo también unido al Teatro, ya que en el año 1968 fueron derribados los dos, quedando su espacio destinado a los Jardines de s’Hort del Rei.
Casa Palacio de los Cavaleri
La pujanza económica del desarrollismo español de los años sesenta del pasado siglo dio al traste con algunos edificios históricos del país que, ubicados en lugares céntricos de las principales ciudades, iban a servir como sedes de grandes almacenes y empresas con gran poder en la época. Así ocurrió con el ejemplo que nos ocupa: la casa Palacio de los Cavaleri, en la plaza del duque de Sevilla, edificio construido para la nobiliaria casa de los Solis en el siglo XVI y que fue derribado en el año 1963 para levantar los antiguos almacenes Lubre.
La victoria de los ciudadanos
A veces la ciudadanía ocupa un espacio que en principio debería corresponder a las autoridades culturales. Exactamente eso es lo que ocurrió hace unos años en Murcia. En las inmediaciones del Palacio de San Esteban, se hallaron importantes restos del que allá por los siglos XII y XIII fuera un barrio árabe. En un principio la intención era construir un parking; sin embargo, las presiones ciudadanas acabaron por impedir este atentado al patrimonio.
Valladolid o la desamortización
El 6 de junio de 1836 se anunciaba en el Boletín Oficial de Valladolid la venta del histórico convento de San Francisco y todo el grandioso complejo que formaba parte de él. Sin embargo, quizá por su precio excesivo, nadie pujó por él. La Junta de Ventas de la Desamortización ordenó entonces su demolición y la venta de los terrenos. Se acababa así con el que sin duda fue el complejo conventual más importante de la historia de Valladolid, fundado en siglo XIII, fecha en torno a la cual llegaron los franciscanos a la ciudad. Sus casi seis siglos de vida implicaron una extraordinaria importancia espiritual para la ciudad.
Una estación centenaria en Asturias
Lo viejo y lo nuevo. En el año 2010, la piqueta se “cargó” la antigua estación de ferrocarril de Langreo en el valle del Samuño, una terminal que antaño uniera Sama y El Cadavíu. Las protestas por el valor patrimonial de la estación, que databa de finales del siglo XIX, no sirvieron de nada frente a la dictadura del progreso. Y es que, en aquella ocasión, primaron las obras que se estaban llevando a cabo en el polígono industrial de El Cadavíu.
El turricidio
Medía 82 metros de altura. Era casi como un edificio de treinta plantas. Era el techo de la ciudad, y, al igual que la de Pisa, era inclinada. Y decíamos que era, porque en 1882 a un alumbrado se le ocurrió que una torre inclinada era un problema, una suerte de torpeza de los constructores del pasado. La Torre Nueva es sólo un recuerdo del que se tiene constancia gracias a decenas de documentos que hablan de su construcción, y a algunos que hablan de sus propiedades extraordinarias –era mudéjar y fue levantada en el siglo XVI–, en un intento por evitar que un día se determinara que lo mejor era que la grúa se llevara por delante todo un símbolo.
Algo huele a podrido en Guadalajara
Algo se rompió no ha mucho en el corazón de Guadalajara. Una parte histórica de su alma. Porque, pese a la lucha de ciudadanos y algún grupo político para que se declarara Bien de Interés Cultural, el Palacio del Vizconde de Palazuelos, cuyo origen se remontaba al siglo XVI, acabó por ser derribado. Cierto es que en los últimos años se encontraba en estado de abandono y que el valor económico de su solar en pleno centro de la ciudad era sobresaliente, pero no lo era menos su significación histórica, integrada en la arquitectura civil alcarreña del Renacimiento.