Hemeroteca :: 01/02/2010
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Historia Antigua
Última actualización 28/01/2010@09:09:03 GMT+1
Ampurias, colonia del Mediterráneo
Las ruinas de Ampurias no sólo son un hito de nuestro patrimonio arqueológico, sino un libro abierto donde interpretar el hecho colonial del Mediterráneo en la Antigüedad. Lo que en principio fue un singular refugio estratégico, con el tiempo dio lugar a la floreciente Emporion, elocuente nombre para designar una ciudad de indiscutible vocación mercantil. Allí se dieron cita íberos, fenicios y etruscos, griegos y romanos, fusiones que conformarían una identidad colonial propia y única. Por: Gabriel Muñiz
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A vista de pájaro, el actual entorno y ciudad de Ampurias, se presentan de un modo impreciso, difíciles de bosquejar en primera instancia. Por un lado, la costa adyacente no muestra hoy sus contornos originales, pues el nivel del mar era por entonces inferior, y a su vez, los depósitos fluviales desecaron zonas en aquellos momentos inundadas por el mar. En cuanto al entramado de la propia ciudad, sería necesario un ejercicio de abstracción similar, ya que los restos de las diferentes culturas se solaparon y se trastocaron de tal modo, que su observación puede resultar desconcertante por no guardar, aparentemente, una correlación temporal. Por esta razón, el mejor modo en que podremos acercaros a Ampurias será siguiendo el hilo conductor de los acontecimientos, tratando de hacernos cargo, a cada momento, de un particular y cambiante escenario natural y humano.
Alrededor del siglo VII antes de Cristo, el territorio peninsular se encontraba habitado por pueblos aglutinados bajo el denominador común de lo ibérico. Se trataba de tribus bastante dispersas y desconectadas entre sí, ocupadas principalmente en labores agrícolas y ganaderas de subsistencia. Limitándonos al arco mediterráneo, remontando la costa a partir del Levante, los edetanos dominaban el entorno del Júcar, los ilergavones se extendían hasta la desembocadura del Ebro, los cesetanos ocupaban el contexto tarraconense, la zona del Maresme los layetanos, y por fin, llegados a las inmediaciones del Ampurdán, estaban los indiketes.
Los vestigios encontrados avalan que esta presencia en las llanuras próximas al litoral se remontaría al final de la Edad del Bronce y comienzos de la Edad de Hierro, presencia que iría consumándose gracias al progresivo intercambio mercantil. Los íberos, a medida que se afianzaban los intercambios comerciales, fueron acercándose más y más a la costa. Un rasgo importante sobre esta incipiente ocupación, sin embargo, sería el desigual nivel de civilización que, en cuanto comenzó el contacto con otros pueblos, experimentarán con el tiempo unas tribus respecto a las otras.
El comercio fenicio y etrusco con los íberos era más que patente en el sureste peninsular desde antaño. Los fenicios habían creado sus primeras colonias de Gadir, Sexi y Abdera (actuales Cádiz, Almuñécar y Adra), que a partir del siglo VIII se mantuvieron conectadas a la emblemática Cartago, centro comercial mediterráneo por excelencia. Tras la fundación de Eubusus (Ibiza, a mediados del siglo VII), es cuando el comercio fenicio con la franja costera del norte comenzará también a dejarse sentir, poniendo en marcha pequeños centros mercantiles en puntos estratégicos del litoral, tal como ponen de manifiesto diferentes hallazgos arqueológicos.
Para la fundación de estos centros comerciales, cuya finalidad no era materializarse como verdaderas ciudades, los fenicios buscaban pequeñas islas frente a la costa, o ensenadas de fácil abrigo y acceso a sus rutas de navegación, y que en las inmediaciones contaran, además, con algún curso fluvial para el abastecimiento de agua. Sin duda la actual Ampurias estaba dotada con estas excelencias orográficas. El promontorio donde hoy se halla el pueblo medieval de Sant Martí de Ampurias, antiguamente fue un islote separado de tierra por el curso del río Fluviá, cuya desembocadura formaba una pequeña bahía que ya entonces, en tiempos del comercio fenicio y etrusco, pudo utilizarse como fondeadero o puerto natural.
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