Hemeroteca :: 01/12/2007
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España fuera de sus fronteras

EL ESPÍA QUE “GANÓ” LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Por: ALBERTO DE FRUTOS

Última actualización 27/11/2007@10:44:50 GMT+1
Muy pronto, su vida saltará a la gran pantalla de la mano del director Antonio Hernández. Se llamaba Juan Pujol, pero pasó a la posteridad con el alias “Garbo”. Al servicio del MI5 británico, este espía cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial.
Juan Pujol nació el 14 de febrero de 1912 en Barcelona. Tras la muerte de su padre en 1933, probó fortuna en varios negocios, pero la Guerra Civil truncó sus ambiciones. Llamado a filas por el ejército republicano, se escondió en casa de unos amigos durante más de un año. No simpatizaba con ninguno de los bandos o, mejor, repudiaba todo extremismo y nunca disparó un tiro. Descubierto en su escondite, se alistó como voluntario republicano con el propósito de pasar al bando nacional, cosa que hizo en septiembre de 1938. Sin embargo, la victoria de Franco no le inspiró muchas celebraciones: no tardó en comprender que una España fascista era tan indeseable como una España comunista.
Fue Pujol, con el alias de la famosa actriz sueca (decían que era tan buen actor como ella) quien engañó a los jerarcas nazis acerca de las dimensiones reales y el objetivo del desembarco en las playas de Normandía. Tres días después de que este se produjera, es decir, el 9 de junio de 1944, Garbo envió un mensaje a su enlace de la Abwehr (servicio de inteligencia alemán) en Madrid en el que le aseguraba que no había visto nada todavía; ya que el temible asalto final se produciría por el paso de Calais: “Por los informes mencionados, está perfectamente claro que el actual ataque es una operación a gran escala pero con carácter de divergencia…”, le engañaría.
“Consiguió más que nadie en la Historia del espionaje del siglo XX –relata para Historia de Iberia Vieja Nigel West, el investigador y “caza-espías” que, en 1984, lo localizó en su paradero de Venezuela–. ¿Quién puede preciarse de haber desempeñado un papel tan importante en el mayor desembarco anfibio de todos los tiempos? Garbo convenció al enemigo de que esa acción era una pura maniobra de distracción para disimular el ataque real, previsto para varias semanas después, e hizo que los alemanes no contraatacaran cuando los aliados se mostraban más vulnerables”. […]
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