El día en que Fernando III el Santo fue coronado, la villa más histórica de La Rioja se vistió de fiesta. Para entonces, ya se había constituido como punto clave del Camino de Santiago y jugaba un importante papel en la vida política y económica. Pequeña por su extensión y número de habitantes, la grandeza de Nájera se ha cobijado en los laberintos de cuevas que rodean la ciudad, creciendo a la sombra de los imponentes muros del monasterio de Santa María la Real.