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Historia Moderna

AL SERVICIO DE LA CORONA

Última actualización 26/12/2007@22:24:53 GMT+1
La hegemonía del mundo conocido exigía a las grandes potencias poner en práctica artes no siempre deseables. El espionaje constituyó ya en tiempos de Felipe II una herramienta eficaz para ganar la guerra contra Inglaterra desde la retaguardia.
Por: Iván Ramila
Espías los ha habido siempre. Ya en la corte babilónica y romana existían personajes que cobraban un sueldo del estado, a modo de recompensa, por la información que suministraban respecto a movimientos de los adversarios. Aun así, no ha sido hasta épocas muy recientes cuando se ha podido hablar de servicios de espionaje bien organizados, estructurados y de eficacia comprobada. Basta pensar que en el siglo XIX Inglaterra desarrolló lo que más tarde se conocería como el MI6, que Alemania sólo comenzó a otorgar importancia al espionaje bajo el gobierno de Bismarck o que la propia CIA surgió tras la Segunda Guerra Mundial, el 26 de julio de 1947, aunque anteriormente ya existiera la Oficina de Servicios Estratégicos. Únicamente el servicio de inteligencia vaticano, la Santa Alianza, se escapa a esta dinámica, al crearse con varios siglos de antelación, en el XVI y bajo el pontificado de Pío V. Curiosamente, esa es la época en la que también comenzaron a cobrar importancia los espías al servicio de las distintas monarquías europeas. Dos eran los países que rivalizaban por la hegemonía mundial: España e Inglaterra. Al mando de la primera, el católico Felipe II; y frente al segundo, la reina hereje, la protestante Isabel I. Ambos se sirvieron de cualquier medio para menoscabar el poder de su adversario y adelantarse a futuros movimientos. Y en esa tesitura, el espionaje constituía un factor clave. […]
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