Hemeroteca :: 01/01/2008
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Villas con Historia
Última actualización 26/12/2007@22:25:28 GMT+1
Sepúlveda (Segovia) es un ejemplo perfecto de cómo se reinventó España. Religión y leyes fueron de la mano. Las huellas arquitectónicas del entorno son el vivo ejemplo de una historia tan rica en matices como en lugares fascinantes. Entre ellos, destaca la ermita de San Frutos. Por: FRANCISCO J. B. MANZANO
Dos buitres vuelan en círculo, como si bajo sus alas el mundo estuviera quieto, esperando el momento en que decidan bajar del cielo. Al fondo, sujeta a un risco que se precipita al vacío, una vieja ermita anochece. El agua, que despedaza la perfecta foto creada por la naturaleza y el hombre, envuelve la peana de aquel paisaje. Estamos en la ermita de San Frutos, cerca de Sepúlveda. La Historia se detiene entre viejas casas señoriales que lucen blasones en sus puertas y explica, un poco más, el camino que anduvo Castilla. Pero empecemos por el final (al menos geográficamente), por la enigmática ermita que culmina un camino de rocas. Ese lugar santo representa la devoción de una región que durante años aguantó las acometidas de los ejércitos califales. El fuero de Sepúlveda, otorgado por un conde, es la demostración de que sólo con fe y privilegios especiales se podía intentar repoblar una frontera que se estiraba hacia el norte y el sur a golpes de acero. La ermita de San Frutos está a ocho kilómetros de Sepúlveda. Una larga pista de tierra para los coches y un kilómetro andando es el espacio que separa el último rastro de la civilización hasta el enclave religioso. Los numerosos buitres que sobrevuelan el cañón son la primera prueba de que se está cerca de llegar al destino. Un consejo: junten allí el placer por la Historia y por el paisaje. Un bonito atardecer de otoño o primavera, con aquellas aves carroñeras posándose a escasos metros de ustedes. No lo olvidarán. San Frutos, el hombre, nació a mediados del siglo VII. De buena familia, el futuro santo y patrón de Segovia decidió vender sus posesiones, repartir el dinero a los pobres y buscar, junto a sus hermanos, Valentín y Engracia, una vida que les acercara a Dios. No se sabe cómo se adentró en las mismas entrañas de las Hoces del Duratón, pero fue allí donde el eremita y los suyos se instalaron, y levantaron una vieja y humilde ermita. […]
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