Hemeroteca :: 01/02/2008
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Editorial
Última actualización 31/01/2008@11:41:35 GMT+1
Un reciente estudio efectuado por una universidad hebrea demostraba algo realmente distinto a la creencia general. Por eso, a veces, la ciencia es tan extraordinaria. Sirve para derribar mitos. Según este estudio, efectuado con todas las garantías posibles y necesarias, mostrar la bandera de un país y hacer ostentación de ella, lejos de alimentar la exaltación nacionalista y enervar los ánimos, provoca todo lo contrario: calma los ánimos y provoca un estado mucho más apacible en el receptor de la imagen de lo esperado. En resumen, según el estudio efectuado por Ran Hassin, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, la exaltación de la bandera templa y no calienta. El estudio, para evitar suspicacias, se ha publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Science, que es una de las publicaciones científicas más importantes que existen en el mundo. Se trata de un estudio que quizá deberían conocer algunos de quienes en los últimos tiempos han hecho exaltación de este símbolo, en una u otra dirección, casi siempre con intereses políticos. Es bueno comprobar cómo quien ha actuado así seguramente ha obtenido en cada uno de los casos efectos distintos a los que se pretendía en primera instancia.
Este estudio viene de perlas para presentar uno de los trabajos destacados del presente número. Se trata de un estudio sobre la historia de la bandera española efectuada por uno de nuestros últimos fichajes, Carlos Canales, uno de esos estudiosos sorprendentes, con un bagaje cultural inmenso y una concreción en los datos dignos de elogio. Como podéis comprobar, este estudio desmonta muchos mitos y nos explica muchas cosas que forman parte de nuestro presente pero que, indiscutiblemente, están solidificadas sobre un pasado que aquí os invitamos a conocer. También presentamos en este número a otro fichaje no menos excelente: el del escritor Jesús Callejo. Además de contar con sus reportajes y textos, contaremos también con su consejo y buen hacer. Ambas son firmas de reconocido prestigio nacional que estoy seguro que van a disfrutar. Y ambos, por cierto, encarnan perfectamente el espíritu de esta revista, un espíritu aventurero, un espíritu viajero… Y no es necesario para ello hacer grandes viajes. Se puede viajar con un texto, se puede viajar con un reportaje, un libro… Lo importante es que conocer otras cosas, mares lejanos o tierras inexploradas, nos permite Conocer con mayúsculas. Y ese viaje en pos del conocimiento nos ayuda a comprender la ausencia de diferencias, acerca a los pueblos y lo que es más importante, a las personas. Además, en cuanto a aventureros, nuestro país dispone –a día de hoy– de algunos de los mejores. Miguel de la Quadra es quizá el primer ejemplo que viene a la mente, por ser el más conocido, y lo utilizamos como ejemplo, pero para que existan hoy personajes como él, es necesario que en el pasado hayan existido otros. A esos otros que sembraron la inquietud, y que fueron pioneros en su época, os los presentamos con todos los honores unas páginas más adelante. Empezando por Elcano. El primero en dar la vuelta al mundo…
Bruno Cardeñosa
Director
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  • DE BANDERAS Y HÉROES

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    19 | J.I.Moxa (Vizcaya) - 07/02/2008 @ 11:42:39 (GMT+1)
    Carlos Canales publicó un buen artículo sobre la rojigualda en el número 32 de la revista (febrero de 2008). Muchos mitos anacrónicos sobre las banderas de las guerra de 1808-1814 y de las carlistadas de 1833, 1846 y 1872 se han asentado en el imaginario popular, e incluso se recogen en textos con pretensiones académicas. Hace pocas semanas una política muy mediática apareció en la portada de un magazine dominical disfrazada de Agustina de Aragón y enarbolando una rojigualda. Sin comentarios. Ahora bien,tengo dos pegas. En 1785 las enseñas de la Royal Navy no eran necesariamente blancas, como da a entender Carlos en su artículo. La "white ensign" pasó a ser la bandera exclusiva de la Royal Navy en 1864, pero en 1785 los navíos de guerra británicos ondeaban también la "red ensign" -que desde 1864 es sólo la mercante- y la "blue ensign". La elección dependía de un sistema anquilosado de división de la flota en tres escuadrones, que ya no era operativo pero que se mantenía por cuestiones de prioridad entre almirantes. Así, un almirante de la flota roja estaba por encima de uno de la blanca , y éste último tenía más rango que uno de la azul. En Trafalgar en 1805 se usó la blanca, pero unos años antes en el bombardeo de Copenhague creo que fue la azul. Los buques de guerra que navegaban con órdenes oficiales del Almiraztango ondeaban siempre la roja. También se tenía que haber recordado el origen no español del aspa borgoñona, un símbolo de historia bastante interesante, desde la Borgoña del siglo XV al departamento boliviano de Chuquisaca , la hinchada futbolera del Auxerre, un montón de banderas municipales en España (y una en Holanda), el Ejército español actual, las Waffen-SS valonas en 1943-1945, etc.
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