Villas con Historia
CALATRAVA LA VIEJA: UN FORTÍN DE CRUZADOS
Última actualización 28/02/2008@12:46:35 GMT+1
Durante la Reconquista muchos pueblos se convirtieron en piezas claves por su ubicación. La antigua ciudad de Calatrava fue uno de ellos. Sus fortificaciones han quedado convertidas prácticamente en ruinas, eso sí, después de una apasionante Historia que ha visto desfilar entre sus muros a musulmanes y caballeros de distintas órdenes religiosas.
Por: FRANCISCO J. B. MANZANO
Hoy, ambas fortalezas son ruinas de un pasado de piedra y acero. Los castillos de Calatrava la Vieja y Calatrava la Nueva (Ciudad Real) duermen la noche de los tiempos aún con la tierra temblando bajo sus pies. Como ocurrió el pasado mes de agosto, cuando un terremoto de 5´1 grados tuvo su epicentro muy cerca de aquí. Cuando los caballeros de la Orden de Calatrava coparon sus almenas, el territorio era una marca frágil, un sueño por construir en el que se mezclaban los intereses políticos y militares. Un todos contra todos en los que la esperanza era mantenerse erguido a la espera de tiempos mejores. Primero fueron los árabes los que levantaron sitio, luego los cristianos, luego, la muerte y, al final, el olvido.
El castillo de Calatrava la Vieja, cerca del actual Carrión de Calatrava, jugó un papel decisivo en las guerras internas entre musulmanes que se registraron en la Península. Un cruce de caminos de vías importantes que comunicaba Toledo, Mérida y Córdoba. De hecho, fue un lugar clave –ya hay menciones del recinto en el año 785– en las primeras disputas civiles entre los árabes toledanos con el poder del califato cordobés. También fue enclave de sangre y fuego con la entrada en escena de los bereberes. Pero, ¿por qué no me detengo en esta fase de la historia para hablar de esta fortaleza? Porque aunque sus muros fueron levantados por árabes, fueron los cristianos, tras su toma, los que le dieron a estas piedras una conexión directa con la Historia. Alfonso VII, en 1147, conquistó una plaza clave para la Reconquista. Puede que entonces fuera el tesoro más anhelado por los cristianos, ya que parecía que era la puerta tras la que se escondía el Sur, el poder real, el califato y el añorado Mediterráneo.
Hoy, al pasear por sus muros, en los que se están haciendo trabajos arqueológicos, pero en los que queda tatuado en el suelo el poder que tuvo la edificación, no se distinguen los primeros pasos que dio la Orden militar de Calatrava. Sí se divisa el cercano Guadiana (estar cerca de un río fue clave para todas las fortificaciones de la época) y se palpa la grandeza de un recinto en el que hubo baños, una mezquita, tiendas… y un imponente portón, con forma de codo, que imposibilitaba la entrada de las tropas enemigas sin destruir sus murallas. Luego, tras la entrada de los cristianos, se levantó una iglesia, que aunque está prácticamente derruida, se puede contemplar su imponente planta. El ábside tiene forma de herradura, una herradura un poco inclinada hacia un lado que simboliza la cabeza de Cristo desvanecida en la cruz. Además, el antiguo aljibe árabe se convirtió en celda para los presos y quedan aún, entre esas piedras, algunas de las pinturas que realizaron en cautividad.
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