Hemeroteca :: 01/04/2008
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Editorial
Última actualización 21/04/2008@15:32:00 GMT+1
Durante estos meses han aparecido decenas de libros relativos a la Guerra de la Independencia, como consecuencia de los 200 años que se cumplen ahora del comienzo del conflicto que, para lo bueno y lo malo, fue el inicio de la España moderna. En Historia de Iberia Vieja no hemos querido permanecer al margen de este aniversario, y durante todo este año estamos publicando –y seguiremos haciéndolo– diversas informaciones relativas a esta efeméride. En enero (nº 31) dimos a conocer un trabajo sobre el papel que jugaron los guerrilleros en el conflicto. Y, más recientemente, en marzo (nº 33), el estudio de Marcelino González, subdirector del Museo Naval de Madrid, sobre el papel de la Armada en dicha guerra, factor que ha pasado desapercibido pero que, para muchos, fue fundamental a la hora de comprender el desenlace de la guerra. Afortunadamente, toda esta avalancha está provocando que la visión que tenemos de la Guerra de la Independencia sea por fin ecuánime y, más o menos, ajustada a la realidad. Los fusilamientos del 3 de mayo, una de las más inmortales obras de Goya, le convirtieron en el “primer” cronista de aquellos hechos. En cierto modo, hizo el papel que hoy cumplen, en los conflictos bélicos, los intrépidos reporteros de guerra. Él no disponía de una cámara de fotos, pero sí de un don, que era el de pintar y reflejar con sus trazos ­todo tipo de sentimientos. Su cuadro tiene la misma fuerza y mensaje que las instantáneas más crudas de los actuales reporteros, y refleja el sinsentido que es la guerra en todas sus acepciones, puesto que sólo genera sufrimiento y dolor. Y aunque hay mucha leyenda al respecto, y se dice que el propio Goya asistió en directo a los fusilamientos, este punto no está muy claro y casi ninguna fuente lo da por verídico, lo cual tampoco importa (no ­pocos reporteros de guerra actuales escriben las crónicas desde su hotel, y lo hacen bien y con fuerza, porque respiran el ambiente y están en el meollo de los acontecimientos), porque el pintor aragonés bebió de la realidad más cruda, de lo que supo, de lo que le ­contaron… El cuadro así lo muestra, porque puede verse perfectamente la brutalidad de los fusiladores y la desesperación de los fusilados, casi convertidos en mártires, con los brazos ­abiertos, rostro duro de espanto, y manos en las que incluso se adivinan unos ­simbólicos estigmas.


En Historia de Iberia Vieja hemos mantenido muchas conversaciones con algunos cronistas de aquel hecho. Con investigadores y estudiosos, que, doscientos años después, intentan escribir los puntos todavía en blanco de aquella rebelión urbana contra quienes querían usurpar su libertad, y la realidad de una época tan importante. Hemos querido fotografiarles de forma distinta, en claro homenaje y reconocimiento a su labor, y en los mismos lugares en los que pasaron cosas importantes aquel 2 de mayo y contar algo sobre ellos, sobre su trabajo, sus propuestas, y detalles que pueden ser relevantes para el lector respecto a cada uno de los puntos de Madrid en donde sucedieron los enfrentamientos. Vivimos un año históricamente muy especial –y en pocas semanas empieza la Expo de Zaragoza, acontecimiento que no quedará al margen de la revista puesto que tenemos muchas cosas que contar sobre los miles de años de historia de la ciudad del Ebro– y lógicamente, la mejor referencia que podéis tener sobre esos sucesos os la queremos ofrecer aquí.

Disfrutad de este número.


Bruno Cardeñosa
Director

bruno .cardenosa@eai.es
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