Historia Medieval
La alegría de los caminos
Última actualización 21/04/2008@15:31:29 GMT+1
Tradicionalmente, se suele asociar la figura del juglar con el hombre que viajaba de pueblo en pueblo, cantando poemas épicos a una multitud sin recursos, con el fin de conseguir unas monedas que les permitiesen continuar su labor en otro lugar, siempre a la sombra de otro personaje más importante y más culto, el trovador.
Por: María José Molina Lara.
A principios del siglo XX, Menéndez Pidal definió a este gremio como “todos los que se ganaban la vida actuando ante un público, para recrearle con música, o con literatura, o con charlatanería, o con juegos de manos, de acrobatismo, de mímica, etc.” Durante el periodo histórico que denominamos Edad Media, la mayor parte de la población que residía en la península Ibérica era analfabeta; por ello, era normal que, desde los reyes más poderosos hasta los siervos más humildes, encontraran en los juglares su principal medio de diversión. Sin embargo, no debemos caer en el error de pensar que todos los juglares se dedicaban a la interpretación de los textos que escribían trovadores o poetas épicos, sino que éste era solamente uno de los tipos del variopinto conjunto dedicado a ofrecer diversión al hombre medieval.
No todos los estamentos sociales veían con buenos ojos la labor de los juglares: la Iglesia los censuraba y los consideraba la mismísima representación de Satanás por la antimoralidad, el libertinaje y la entrega a los vicios de los que se hacían eco. Esta consideración hace que nos preguntemos qué hacían para causar tal opinión.