Hemeroteca :: 01/05/2008
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Editorial
Última actualización 29/04/2008@12:39:33 GMT+1
Hace pocos días tuve la suerte de cruzar a pie –afortunadamente, ya no pueden pasar los coches sobre su empedrado– el Puente de Piedra, que atraviesa el río Ebro camino de la catedral de La Seo y El Pilar. Y aunque popularmente se le atribuye mucha más antigüedad, en realidad es una obra del siglo XV, que no es poco. Pero se trata de una obra portentosa, una maravilla de la ingeniería de hace 500 años que se erige sobre una de las zonas en las que el río agita sus aguas con mayor virulencia. Uno de sus arcos se levanta sobre el Pozo de San Lorenzo que, aunque el tiempo ha “engrandecido” la tragedia, se tragó en décadas pasadas un autobús con decenas de pasajeros. Dice la tradición oral que el pozo lo engulló al completo y que los restos todavía están ahí atrapados. Pese a ello, se trata de un lugar cargado de magia, sobre el cual caminar es maravilloso e ilusionante por varios motivos, y entre ellos porque desde allí se contempla una ciudad que, hoy por hoy, no sólo está de moda, sino que se ha convertido en el eje cultural de todo un país y que, en breve, será el escaparate de las iniciativas sobre desarrollo sostenible que tienen como objetivo hacer del futuro una gran Historia.

La ciudad del Ebro es la ciudad más “agitada” del momento. En tan sólo unas semanas abrirá sus puertas la Exposición Internacional 2008, un acontecimiento que situará a Zaragoza en el centro de la atención mundial. Pero la Expo es sólo el escaparate, ya que de un tiempo a esta parte, la ciudad ha logrado dar un salto cualitativo que la ha convertido en una referencia internacional de primer orden, algo que, como puede comprobarse en este número, ha sucedido en otras ocasiones en siglos y milenios pasados.

A propósito de este acontecimiento de tan enorme magnitud, hemos decidido preparar un dossier especial en este número. La idea original era mostrar la Historia de Zaragoza. Y, a sugerencia del autor del texto, Javier García Blanco, decidimos que la mejor forma de repasar más de dos mil años de trayectoria vital era a través de los diferentes nombres que, a lo largo del tiempo, tuvo la ciudad, puesto que, cada nombre representaba una época y una cultura. De este modo, queda de manifiesto que la capital del Ebro ha sido un crisol de culturas, cada una de las cuales ha dejado un legado artístico y cultural fuera de duda. Hoy, sólo falta abrir los ojos para percibir que Zaragoza vuelve a ser lo que era. Se respira en el ambiente que estamos ante la urbe con más proyección del país, pero nos equivocaríamos si pensáramos que es cuestión del hoy. El lector de Historia de Iberia Vieja va a comprobar en este número que no es así, sino que ese Puente de Piedra contempla una historia repleta de grandes momentos, de héroes, de culturas que dejaron su huella, de acontecimientos que quedarán para siempre en los libros…

Y además, queremos que descubráis, entre otros muchos contenidos, algo más sobre la España de 1808. En especial sobre la familia que en parte condujo a nuestro país a una guerra fraticida. Como podéis descubrir, fue una familia un tanto “especial”. Lo entrecomillo, por no utilizar otras expresiones…

Bruno Cardeñosa
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