Editorial
Última actualización 26/07/2008@09:40:50 GMT+1
Por estas fechas, millones de españoles disfrutan de sus merecidas vacaciones. Pero son merecidas por algo más que por el hecho de haber pasado un duro año de trabajo, entregado a las obligaciones del día a día. Son merecidas por razones históricas, algo que el lector comprenderá al leer este número, puesto que el concepto actual de vacaciones es algo que nace y se desarrolla como un privilegio de las clases más altas, debido a que eran los más poderosos los que, hace un siglo, decidieron buscar la playa para pasar sus días libres. Y no digo “sol y playa” a conciencia, porque esos pequeños guiños que ofrece la historia nos ayudan a descubrir que el hecho de tomar el sol y tostar la piel –algo que hoy es tan habitual, y que se hace especialmente por razones estéticas (también sociales, no nos engañemos)– era algo mal visto debido a que igualaba a las clases sociales, ya que la tez morena era propia de campesinos y de personas que trabajaban al aire libre en labores duras y, por lo general, propias de clases bajas. Los aristócratas, por supuesto, no querían parecerse a los campesinos. Esta es una de las razones por las cuales estamos acostumbrados a ver esas fotografías en las que los bañistas de antaño se cubrían de tobillos a cabeza… ¡Quienes iban a la playa entonces no querían ponerse morenos! Además, tampoco les gustaba mucho eso de meter el cuerpo en el agua y se limitaban a sumergirse durante unos segundos, a ser posible, por la mañana, porque durante las tardes a las playas empezaron a llegar, con el paso del tiempo, personas procedentes de estratos sociales menos elevados. Gracias a la historia descubrimos la razón de estos detalles que, a primera vista, nos pasan por alto, pero que tienen un fundamento; mostrar tales cosas es uno de los objetivos que nos impulsan a la hora de ofrecer reportajes como el que mostramos en este número. Además, el lector descubrirá que el concepto de las vacaciones y el turismo fue poco a poco popularizándose; se convirtió, de hecho, en una reclamación social para los trabajadores, que exigieron a los gobernantes que se les reconociera su derecho a disfrutar del mes de verano como algo inherente a su condición. Así pues, esta forma de disfrutar el tiempo libre es una conquista y un pequeño triunfo más a la hora de limar las diferencias sociales, un derecho que era exclusivo de unos pocos y que los excluidos han acabado por conquistar. Pese a ello, no hay que olvidar que queda mucho camino por recorrer y que ni tanta gente practica el turismo ni son tantos los que cogen los bártulos como si nada para disfrutar del sol y la playa. Es más un reflejo de la influencia de los medios de comunicación que una realidad absoluta. Pero estéis donde estéis –y entiendo que a muchos, esas vacaciones clásicas de sol y playa no le motivan; hay montaña, hay pueblos, hay entornos rurales, hay descanso puro y duro…– lo que espero es que podamos ofreceros lecturas entretenidas y cultura, y conocer un poco cómo tanto antes como después de los tiempos de la Guerra Civil fue construyéndose el actual modo de concebir el turismo. En este número, además, podréis conocer algo más sobre los godos, que no son tan aburridos como nos han hecho creer, algo más sobre el tiempo en el cual España y Portugal fueron un solo país y algo más, en definitiva, sobre nosotros mismos y nuestro pasado. ¡Ah! Y sobre la corbata –menuda polémica este mes–, que empezó siendo hace 400 años un pañuelo anudado al cuello y hoy es símbolo de formalidad, algo que, por cierto, también está