Hemeroteca :: 01/10/2008
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Historia Moderna
Última actualización 26/09/2008@11:45:46 GMT+1
Es uno de los lugares más asombrosos y bellos del mundo, además de ser la isla más recóndita del planeta. Pero incluso hasta allí llegaron los navegantes españoles del siglo XVIII, que anexionaron Pascua a España e hicieron que hasta los indígenas se plegaran ante su nuevo rey: Carlos III. Y aunque nuestro país perdió el dominio sobre aquellos lares, nuestros investigadores e historiadores prosiguen estudiando la historia del también llamado “ombligo del mundo”. Por: Jesús Callejo.
A pesar de ser Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 1995 y recientemente quedar finalista en la lista de las siete nuevas maravillas del mundo, la isla de Pascua no es un lugar demasiado visitado ni conocido.

Lo cierto es que es difícil llegar hasta allí: está a 3.700 kilómetros de las costas chilenas, jurisdicción a la que pertenece. Del mismo modo, lo que se conoce sobre ella son una serie de tópicos sobre sus estatuas de piedra.

Actualmente, la isla tiene unos 3.800 habitantes censados, sin incluir los 887 “convidados de piedra”, que corresponden a los moais, tanto los que están enhiestos como los tumbados en su yacimiento volcánico. Rapa Nui (nombre polinésico de la isla de Pascua) tiene más de 700 figuras, de entre 9 y 20 metros de altura, realizadas en piedra procedentes del volcán Rano Raraku, con más de 300 figuras inacabadas, entre ellas un coloso de 21 metros. Casi todos los moais se levantan de espaldas al mar sobre plataformas ceremoniales llamadas ahu. Según los indígenas, velan por las tierras y los hogares del clan y algunos están coronados con unos pukaos o sombreros cilíndricos de piedra roja.

Aunque no sólo de moais vive la isla. Hay cuevas donde los rapanui hacían sus dibujos rupestres y escondían sus objetos sagrados -agujas de hueso, punzones, anzuelos de piedra, medallones- enterrándolos en el suelo, posee una escritura aún no descifrada llamada rongo-rongo o existen leyendas sobre las ceremonias de los hombres-pájaros que nos pone en contacto con un pasado enigmático.

Hasta hace unos pocos años la única relación con el mundo exterior era un barco de guerra chileno que una vez al año acudía a la isla para avituallarla. Ahora una línea regular de aviación une esta minúscula parte del territorio chileno con su metrópoli y con el resto del universo. Un destino atractivo para la gente que busca la belleza del paisaje y el misterio en un mismo espacio.
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