Villas con Historia
Última actualización 26/09/2008@12:11:20 GMT+1
Una ciudad de calles estrechas y empinadas en la que la historia es una huella indisoluble, que se palpa al ritmo de los pies. Cuenca es una de esas villas españolas que es de obligado paso. Su catedral y sus archiconocidas Casas Colgantes han hecho de este enclave un icono que todos tenemos en la memoria. Por: Francisco J. B. Manzano.
Pero, ¿cuál es la historia de esta ciudad que parece perdida en la nada? Cruce de caminos y fortificación estratégica son las dos principales bazas con las que esta localidad se hizo un hueco en la historia.
Los escritores e historiadores Estrabón, Plinio y Ptolomeo cuentan que en las actuales tierras conquenses habitaban los olcades. No se sabe a ciencia cierta si esta tribu celtíbera, de carácter indómito y guerrero, se aposentaron sobre los terrenos de la actual ciudad, pero se cree que pudieron ser los primeros moradores de aquellas tierras. Tras ellos, la siguiente civilización en crear asentamientos en aquella zona fueron los romanos. Pasa lo mismo que con los olcades, que se desconoce si fueron los primeros en asentarse allí, aunque aquí hay numerosos restos arqueológicos de importantes villas romanas cercanas. Sobresale sobre todos ellos el de Segóbriga. Por último, hay teorías de que también merodearon por aquellas tierras los lobetanos, que se mezclarían con los celtíberos citeriores. Por desgracia, ninguna de las teorías está completamente contrastada, lo que ha provocado que haya discrepancias hasta en el origen etimológico de la ciudad.
Es la llegada de los musulmanes la que convierte a Cuenca en un importante enclave. Los árabes conciben este lugar como un centro estratégico, bien protegido por las hoces que lo rodean, y con una buena comunicación con el área del actual Levante. Deciden los musulmanes levantar una importante fortaleza a la que se cree que llamaron Conca (este es uno de los orígenes etimológico que se apunta sobre Cuenca). Era un lugar seguro, al que sólo había que proteger parte del horizonte, ya que las imponentes hoces sobre las que se asienta hacen de inexpugnable muro defensivo. Además, desde lo alto de aquella atalaya se controlaba una importante porción de terreno. Tras el castillo, los árabes fueron construyendo una ciudad que contó con una mezquita, un alcázar y una plaza de comerciantes.