Hemeroteca :: 01/11/2008
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Antiguos Reinos
Última actualización 24/10/2008@12:56:53 GMT+1
Hace muchos años, los arma, moriscos y renegados que en el Marruecos del siglo XVI se enrolaron en la askaria, el ejército permanente del sultán, acabaron conquistando la zona de la curva del Níger, y fueron abandonados por su amo. Su historia, con todo el sabor de los cuentos y el aroma de las más clásicas leyendas, aún se relata al fuego de las hogueras de Tombuctú... Por: Fernando Ballano
En 2006 apareció un magnífico reportaje fotográfico de José Manuel Navia sobre Tombuctú en National Geographic. En él aparecía una fotografía de una octogenaria, Nana Fátuma Alaluyi, que decía ser descendiente de los arma, pero no ahondaba en el tema. Ese verano regresé
a Tombuctú como guía de un grupo de turistas.

En un rato libre me dediqué a buscar a Nana para llevarle una fotocopia de la revista con su retrato. Por fin, preguntando, logré llegar a su casa, de adobe y con puerta de chapa. Estaba con su nieta Bayi, de 27 años, y su bisnieta de un año, viendo una telenovela en el frescor del zaguán, sentadas en una tela extendida sobre el suelo arenoso. No se parecía a la de la foto
Pero me juraba ser Nana. Ordenó algo a su nieta, que regresó enseguida con un vestido como el de la fotografía y unas gafas.

Se levantó del suelo con una agilidad asombrosa para su edad. Su lucidez mental también se mantenía en buena forma. Se puso el vestido y un tocado en la cabeza y ya era idéntica a la foto. Le dije lo guapa que se había puesto y me dio un manotazo cómplice mientras sonreía. Es tía de Jalil IbrahimTouré, actual jefe de los arma de Tombuctú. Nana tiene una hija, matrona del hospital local, y dos nietos. Me agradeció mucho que le regalase la fotocopia y me dijo que conocía la historia de los arma, de los españoles que vinieron con los marroquíes hace muchos siglos y se quedaron aquí; que desde pequeña le contaron la historia. Le enseñé una copia de un artículo mío sobre el tema. Sabía leer en francés y entendía algunas cosas. Disfrutó con las ilustraciones y fotos del reportaje. Mientras hablaba era capaz de escupir con gran maestría por un lado de su boca. Pasamos un rato muy agradable y le prometí hacerle llegar la revista en color. Logré dar también con Jalil, el jefe de los arma, un puesto honorario, pero que mantiene la tradición. Le gusta mucho la historia y ha montado el Museé Mansur Kondey, sobre el pasado de Tombuctú y de los arma. Me invitó a cenar en su casa pero tenía que hacerlo con
los clientes y al día siguiente dejábamos la ciudad de madrugada. Quedamos para otra ocasión. In salah. En los viajes hay que dejar algo pendiente para regresar.
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