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Hemeroteca :: 01/11/2008
La Batalla
Última actualización 24/10/2008@12:56:38 GMT+1
Una princesa española, hija de los todopoderosos Reyes Católicos, fue el desencadenante de uno de los mayores cismas de la Historia moderna. Ante su rotunda negativa a aceptar el divorcio de su marido, el rey inglés Enrique VIII, obnubilado por su amante Ana Bolena, el tirano puso en jaque a toda la cristiandad, separándose de los dictámenes de la Santa Sede y dando origen a la Iglesia Anglicana, de la que se erigió como Jefe Supremo. Por: Óscar Herradón.
La que habría de ser reina consorte de Inglaterra y principal obstáculo de las pretensiones de Enrique VIII, nació en Alcalá de Henares el 16 de diciembre de 1484. De avivado ingenio y fuerte determinación –heredada sin duda de su madre, a la que los cronistas afirman que se parecía físicamente-, recibió una esmerada educación digna de una princesa cuyos progenitores, en los albores del Renacimiento, eran los principales ejecutores de la política española y europea. Aprendió francés, flamenco, inglés y latín, considerada por aquel entonces la lengua culta, y cultivó la danza y la música. Junto a estas materias, sus preceptores le inculcaron férreos valores morales anclados en el catolicismo más recalcitrante –por otra parte común en la España de la época, y más entre personajes de sangre regia-, lo que sin duda contribuiría en su futuro a su rotunda negativa ante lo que consideraba su derecho divino.
Frente a una siempre amenazadora Francia, los Reyes Católicos, que tras la conquista de Granada, el descubrimiento de América y la centralización de los territorios de la Corona se erigían como los árbitros de Europa, establecieron una serie de matrimonios políticamente estratégicos para sus hijos con el fin de cercar al país galo. Catalina fue prometida desde muy pequeña a Arturo, príncipe de Gales, el primogénito y heredero del monarca inglés Enrique VII, fundador de la dinastía Tudor tras la sangrienta Guerra de las Dos Rosas. Desde niña, y como era habitual, su destino ya había sido decidido de antemano, aunque nadie fue capaz de predecir entonces la tormenta religiosa y política que se avecinaba por ello.
En 1489 se firmó el Tratado de Medina Sidonia, por el que se establecía el citado enlace En dicho acuerdo se reconocían además los derechos de Inglaterra sobre Normandía y Aquitania y los de Aragón sobre Cerdeña y el Rosellón; además de insuflar de esta manera nueva sangre real a la recién creada dinastía de los Tudor y obtener 200 mil ducados, la dote prometida por los monarcas españoles.
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EL CISMA DE INGLATERRA
Últimos comentarios de los lectores (1)
75 | Juan Palomo Ruiz - 11/11/2008 @ 11:56:33 (GMT+1)
Felicitar al autor de este artículo por tan bien documentada exposición sobre esta desdichada reina. Como su hermana, la tristemente tildada Juana La Loca (sus múltiples cualidades podían haberle dado en herencia mejor sobrenombre que su tan celebrada por muchos locura), poseía sobradas cualidades y capacidades para pasar a la historia como una de las grandes figuras de la historia de España. Si bien así ha sido, es más recordada por su triste vida que por otros menesteres más agradecidos. No en vano, fue una de las princesas más cultivadas de su tiempo...
Saludos,
Juan Palomo Ruiz
Colmenar (Málaga)
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