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Hemeroteca :: 01/01/2009
Historia Contemporanea
Última actualización 10/01/2009@11:50:23 GMT+1
Muchos hemos vivido el singular proceso descolonizador del Sahara occidental pero poca gente conoce el proceso de anexión, realizado con un mínimo coste en vidas humanas, medios materiales y financieros. Después fue casi abandonado; colonizándolo y explotándolo a destiempo y con el paso cambiado, cuando toda África iniciaba el camino inverso. Por: Fernando Ballano
Principal artífice de la anexión, Emilio Bonelli, nació en Zaragoza el 7 de noviembre de 1855. Su padre era un ingeniero agrónomo italiano que se estableció en la capital aragonesa, donde se casó y nació nuestro protagonista. Enseguida enviudó y se marchó a Marsella con su hijo, por lo que éste pronto fue capaz de hablar perfectamente español, italiano y francés. De allí partieron a Argel, Túnez y por fin a Tánger, donde el padre tenía un hermano farmacéutico. Emilio asistió a la escuela musulmana y vestía como los nativos del lugar. Quedó huérfano al fallecer su padre, en 1869, a causa de una epidemia de cólera. Con 14 años comenzó a trabajar como intérprete en el consulado de España en Rabat con un sueldo de unas 50 pesetas mensuales. Cuando le llamaron para cumplir el servicio militar decidió preparar el ingreso en el Colegio de Infantería de Toledo. En 1875, con 20 años (por entonces se ingresaba con 14), aprobó la admisión, pero era tan pobre que sus compañeros le hubieron de ayudar a comprar el equipo. En 1878, con 23 años, salió de alférez y fue destinado a Madrid, donde se pluriempleó como contable del Ayuntamiento y como traductor. En 1882 solicitó una licencia para viajar a África. Parece ser que partió de Rabat y durante tres meses recorrió toda la cuenca del río Sebú, los territorios de la tribu de los Beni Hasen, la región del Garb y visitó las ciudades de Fez y Mequinez, vedadas a los europeos. Hombre muy discreto, no cuenta en sus publicaciones cómo realizó el viaje. Dado su dominio del árabe, su conocimiento de las costumbres y el hecho de visitar lugares prohibidos a los europeos, se supone que debió de hacerse pasar por nativo. Queda por dilucidar en qué medida era un viaje por cuenta y motivación propias o si la licencia para dejar temporalmente el ejército era un modo de no involucrar al Estado y su viaje tuviera fines de inteligencia militar.
De regreso, el 7 de noviembre de ese mismo año, dicta una conferencia en la Sociedad Geográfica de Madrid sobre el viaje efectuado y el Depósito de Guerra le publica un libro sobre el particular titulado El imperio de Marruecos y su constitución, que tenía por subtítulo Descripción de su geografía, topografía, administración, industria, agricultura, comercio, artes, religión, razas que lo pueblan y estudio de su importancia política y militarmente considerada, por Emilio Bonelli. En él proporciona muchos detalles sobre el país pero no cuenta nada sobre las peripecias del viaje. Después traduce del francés un manual de fortificación, trabaja como profesor de idiomas y es un reputado arabista que tiene dentro el gusanillo de África. Por aquel entonces el Sahara atlántico era una zona casi desconocida. Los musulmanes llegaron en el 681. Posteriormente se perdió el interés. En 1346 Jaume Ferrer, un marino mallorquín, quiso llegar al riu de l’Or pero no se volvió a tener noticias de su expedición. El oro que llegaba de África a Europa se decía que venía de un río y todos querían encontrarlo.
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EL HOMBRE QUE COMPRÓ EL SAHARA
Últimos comentarios de los lectores (1)
78 | Jose Luis - 20/02/2009 @ 21:29:23 (GMT+1)
Que pena dá que se escriba tan poco de la última colonia que dejamos abandonada a su suerte,parece como si hubiera un pacto de silencio. Algun nombre, alguna efemeride escondida debajo de algun noticion para que casi no se note, nada más. Siempre he dicho que si el Sahara o Guinea hubieran sido colonias inglesas, francesas o belgas, la historia se escribiria de otra forma, pues los españoles somos así con nuestros heroes y exploradores, siempre dije que si Sir Lawerence de Arabia fuera español, lo más seguro es que los pocos que le recordaran le llamarian Lorenzo el moro.
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