Hemeroteca :: 01/02/2009
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Historia Medieval
Última actualización 27/01/2009@17:29:34 GMT+1
España es tierra de castillos. Miles de fortalezas, algunas en un estado lamentable y otras verdaderas joyas de la arquitectura, nos hablan de un pasado de guerras y sangre. Entre los siglos X y XV, Europa se protegió tras unas moles de piedra gigantescas, y aprendió a controlar el territorio, expuesto a los ataques enemigos. Los paisajes en que se yerguen estas construcciones han presenciado lances apasionantes y asistido al desarrollo de una sociedad, la feudal, que representa todo el período conocido como Edad Media. Los grandes señores hacían su vida en esas fortalezas, y los juglares entretenían las horas con música, canto y juegos. Con el tiempo, muchas de ellas abandonaron su función original y se transformaron en bellas construcciones palaciegas. Historia de Iberia Vieja os ofrece una selección de 12 castillos, presentes en nueve Comunidades Autónomas. La aventura acaba de comenzar... Por: Alberto de Frutos

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Castillo de Belmonte
Esta imponente fortaleza, de estilo gótico-mudéjar y rematada por vistosas almenas y matacanes, se alza en el cerro de San Cristóbal, a las afueras de Belmonte (Cuenca). Durante la Guerra Civil, sirvió como cuartel y cárcel. Ya por entonces había recibido la impronta francesa de la mano de la emperatriz Eugenia de Montijo, la mujer de Napoleón III, que, en el siglo XIX, se convirtió en su propietaria y acometió una amplia reforma. Y, mirando aún más atrás, nos remontamos al inicio de su construcción, en el siglo XV, concretamente en el año 1456, fruto de los desvelos del arquitecto Juan Guas para el marqués de Villena, Don Juan Pacheco. El sillarejo, es decir, la piedra rústicamente labrada, es el material fundamental de su planta, en la que se distinguen dos estructuras rectangulares con torres en los ángulos exteriores, y la tradicional torre del homenaje. En los techos del interior, de estilo mudéjar, prima, por su parte, la madera. Quien bordee su zigzagueante muralla, se sentirá transportado a un tiempo recóndito, que muy pronto, seguramente en la primavera de este año, recobre todo su esplendor gracias a la exquisita rehabilitación llevada a cabo en los últimos años.
Castillo de Peñíscola
En el peñón en el que, antiguamente, se asentaba Peñíscola se ubica este castillo, sede pontificia en tiempos del Papa Luna y uno de los atractivos turísticos más notables de esta localidad. Tras su conquista por Jaime I, la fortaleza fue cedida en 1294 al Temple, que le dio un toque similar al que presentan muchos castillos de Tierra Santa. Más tarde, serían los caballeros de la Orden de Montesa sus amos. Estos se la entregaron a Benedicto XIII, el Papa Luna, un nombre clave para comprender su fama ulterior, así como sus señas de identidad más visibles: en la torre del homenaje, podemos admirar, por ejemplo, su decoración del blasón pontificio, la tiara y la luna, distintivos de este personaje. De planta cuadrada y cinco torres cuadrangulares, el garitón es otro de los elementos más singulares del castillo, al igual que su patio de armas o los ricos salones de su interior. Por su importancia, mereció la declaración de Monumento Histórico-Artístico Nacional en el año 1931.Castillo de Cardona
A más de cien metros sobre el río Cardoner, en la comarca de Bages (Barcelona), nos topamos con un gigante defensivo que constituye una de las mejores muestras de este tipo de construcciones en Cataluña, y que presume, además, de no haber sido rendido jamás por la fuerza de las armas. Y no por falta de intentos, como el que protagonizó el conde de Mauret durante la guerra de Sucesión, y que se saldó con una sonora derrota tras un mes de asedio. El inicio de las obras se sitúa en el siglo VIII, pero, en su desarrollo histórico, figuran nombres como los de Vilfredo el Velloso (siglo IX) o Ramón Berenguer IV. De su estructura, podemos apuntar que comparte rasgos románicos y góticos, que posee planta romboidal y que sus murallas, reedificadas en el siglo XIII, confluyen en la población. Pero, sin lugar a dudas, su elemento más imponente es la Torre de la Minyona, de 15 metros de altura y construida en el siglo XI, y el templo románico de su interior, Sant Vicenç de Cardona, consagrado entre 1029 y 1040 y caracterizado por su planta basilical de tres naves. Hoy, el castillo de Cardona es Parador Turístico Nacional.
Castillo de Ponferrada
Si pensamos en una fortaleza templaria en la Península, es difícil no visualizar la de Ponferrada, que se yergue en una colina desde la que se divisa el río Sil. Su construcción se inició en el siglo XI, pero la mano del hombre no cesó de intervenir en su conjunto, en forma de ampliaciones y reformas, hasta el XVI. Como es lógico, tampoco su devenir ha estado ligado siempre al Temple, ya que, tras la disolución de la Orden en 1312, pasó a otras manos, como las de Pedro Fernández de Castro, a quien se debe la reforma de las torres de su fortaleza vieja. Desde luego, no faltan en ella los elementos propios de las grandes construcciones medievales: el patio de armas, las almenas, las barbacanas, la torre del homenaje o un puente levadizo que conduce a algunas de sus torres, separadas por un foso… Pero también hay espacio para una zona palaciega, construida en la segunda mitad del siglo XV. Hoy, el castillo es centro de una floreciente industria de souvenirs y Ponferrada recibe la visita de miles de turistas en busca de su “protección”.
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