Hemeroteca :: 01/03/2009
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Editorial
Última actualización 23/02/2009@15:03:26 GMT+1
Durante años me he preguntado por cuán importante es la dimensión del poder que detenta la masonería. Periodistas e historiadores llevamos mucho tiempo haciéndonos la pregunta. Y si contestamos de forma imparcial sólo encontramos una respuesta: seguimos sin saberlo.

Lo que nadie puede negar es que existen una serie de hechos documentados y que no admiten discusión respecto a la presencia de la masonería en la antesala del poder. Está claro que en España, esta sociedad secreta –más bien habría que calificarla de discreta– ha albergado en sus diferentes logias a personajes cuya vida pública y política ha sido muy influyente. Del mismo modo, nadie puede negar que estos individuos han estado en la casi totalidad de casos vinculados a movimientos políticos e ideológicos como el socialismo, el anarquismo o el republicanismo. Y aunque en ambas cuestiones pueden presentarse excepciones y matices –por ejemplo, saber si fueron masones antes que políticos o, al contrario, su relevancia social provocó que la masonería intentara incorporarlos a sus filas– lo que es cierto es que las dos proposiciones son esencialmente indiscutibles. Pero hasta aquí hemos llegado...

A partir de ese punto todo es matizable. En función de las informaciones que publicamos este mes, queda claro que la presencia de la masonería en las proximidades del poder es muy destacable en determinados momentos de la historia, especialmente entre 1868 y 1936. No menos de diez jefes de Estado de aquella época pertenecieron a esta hermandad, aunque en varios casos la filiación a una u otra logia fue tangencial. Por el contrario, casos como el de Mateo Sagasta o el de Martínez Barrio pueden considerarse como paradigmáticos en el sentido de que los dos eran masones y que en ambos casos la sociedad discreta apoyó sus planteamientos y decisiones, que a su vez estaban “dictadas” por los predicamentos de la masonería. Pero bien cierto es que también otros jefes de Estado en esa época eran masones pero no sintonizaban ideológicamente con otros masones en el mismo puesto. Lerroux –al igual que Martínez Barrio– fue masón, pero tanto en las logias como en la política estaban en distintas trincheras. Lo mismo puede decirse de tiempos más recientes, en plena democracia, ya que ha habido momentos con un buen puñado de congresistas pertenecientes a logias que, a su vez, militaban en partidos distintos, aunque la mayor parte de ellos estuvieran sentados a la izquierda del hemiciclo.

Es difícil hablar de la existencia de una misión masónica más o menos disimulada para alcanzar el poder y modelarlo en función de los mandamientos de la sociedad discreta, pero sí es cierto que desde la masonería y hacia fuera se han potenciado en ocasiones movimientos e ideas que buscaban modelar un mundo a imagen del ideal masónico, pero salvo en circunstancias muy concretas no puede determinarse que haya habido nunca un complot, tal y como han sostenido determinados autores. Así pues, por concluir, sí se puede decir que ha habido y hay masones muy poderosos e ideas masónicas de claro tinte politico-social que se han hecho un hueco muy relevante en la vida del país. Pero extender esta afirmación a la masonería en su conjunto es lo que todavía resulta difícil demostrar. Sinceramente, no lo sabemos. Y es que, al fin y al cabo, es una sociedad secreta.

Bruno Cardeñosa
Director

bruno .cardenosa@eai.es
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