La Batalla
O LA PRIMERA GRAN DERROTA ALMORÁVIDE
Última actualización 23/02/2009@15:19:10 GMT+1
En el año 1094, un ejército formado por más de 150.000 almorávides
desembarcó en la Península para someter a los reyes cristianos e iniciar
la conquista de Europa. Sin embargo, aquellos temibles guerreros
se toparon con un héroe apodado El Campeador, que les infringió,
contra todo pronóstico, una dolorosa derrota que acabó con su fama
de imbatibilidad, evitanto a todo el orbe cristiano de ser sometido al
Islam. Este es el relato de ese episodio, entre la realidad y la leyenda.
Por: IVÁN RÁMILA
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Tras la muerte del gran Almanzor, en
los albores del siglo XI, la dinastía omeya
entró en una decadencia que propició la independencia
de numerosos señores de la
guerra del califato de Córdoba. Surgieron
así pequeños reinos musulmanes, apodados
de taifas, quemodificaron el panorama
político peninsular. Rota la unidad musulmana,
los monarcas cristianos exigieron a
los gobernantes de esas taifas un tributo
especial, la paria, a cambio de protegerles
militarmente de sus vecinos. Surgía la figura
del protector. Fue una época de convivencia
casi pacífica donde la cultura árabe,
cristiana y judía se complementaban; entre
los árabes era habitual desposarse con mujeres
rubias y entre los cristianos con morenas
de ojos almendrados. El rey Motámid
de Sevilla fue famoso por sus cabellos dorados,
al ser hijo de eslava; y Alfonso VI tuvo
como hijo heredero legítimo a un varón nacido
de la princesa mora Zaida.
El sentimiento musulmán había ido decreciendo
paulatinamente tras varios siglos
de convivencia, y no eran pocos los monarcas
islámicos que se entregaban a los placeres
del harén, bebían saltándose las normas
del Corán y se dedicaban a embellecer
sus cortes. Pero este panorama pronto iba
a cambiar. En el siglo XI, el emperador de
León y Castilla, Fernando I, dividió sus territorios
antes de morir entre los hijos varones:
Sancho, Alfonso y García. Lo recibido
no puede calificarse de extenso, ya que
fuera de su dominio se encontraban todo
Al-Ándalus, el reino de Toledo, el Levante,
Cataluña y la Cerdeña, además de buena
parte de Navarra y Aragón. La verdadera riqueza
radicaba en que Fernando I recibía
cuantiosas parias pagadas por los reyes
musulmanes, sabedores de que los guerreros
del monarca cristiano se habían ganado
su buena fama a pulso y que les protegerían
ferozmente si se diera la ocasión.
Mas el nuevo rey Alfonso pronto destacó
por su codicia y en una misiva enviada a todos
los reyes moros exigió que, a partir de
ese instante, se le entregara el doble de dinero
del que daban a su padre. El cristiano
contaba con los mejores guerreros, pero
nada comparable a los que pronto habrían
de llegar desde más allá del Estrecho.