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Historia Contemporanea

HISTORIA CONTEMPORÁNEA

Última actualización 24/03/2009@16:35:08 GMT+1
En los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de diplomáticos españoles destinados en legaciones de toda Europa arriesgaron sus vidas y sus carreras por defender un ideal: salvar del exterminio a miles de judíos que huían del horror nazi.
Por Javier García Blanco.


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Junio de 1940, Burdeos (Francia). Entre la nutrida comunidad judía existente en el país –muchos de ellos huidos de Alemania y otros territorios bajo el control nazi–, comienza a extenderse un rumor imparable y esperanzador: en el consulado español de Burdeos, un diplomático está facilitando los visados necesarios para pasar a España y, desde allí, alcanzar Portugal, lugar de partida de numerosos barcos con destino a EE.UU. y otros países del continente americano, lejos de la peligrosa Europa.

Aquel español que durante una semana del verano de 1940 –con la reciente ocupación nazi de Francia– atendió incansable las peticiones angustiosas de miles de judíos, se llamaba Eduardo Propper de Callejón, en esa época primer secretario de la Embajada española en París.

Al igual que él, un notable número de diplomáticos españoles destinados en las legaciones de Francia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Grecia o Alemania arriesgaron su vida para salvar la de miles de judíos, amenazados por la terrorífica persecución nazi que se desató en la Europa ocupada durante la II Guerra Mundial. Sus nombres y sus hazañas han permanecido injustamente en el anonimato durante décadas, hasta que en fechas recientes sus actos humanitarios comenzaron a ser reconocidos como merecían. Esta es la historia de aquellos hombres que intentaron enfrentarse al Holocausto con todos los medios a su alcance.

El inicio de la carrera diplomática del madrileño Eduardo Propper de Callejón fue casi una premonición de los terribles episodios que le tocarían vivir. En 1918 y con sólo 23 años, el joven diplomático fue destinado a la legación española en Bruselas. Con una Europa enfrascada en los horrores de la Primera Guerra Mundial, Propper tuvo que dar un considerable rodeo por Suiza antes de llegar a su destino, donde quedó a las órdenes del marqués de Villalobar. En los años siguientes fue escalando puestos en su carrera hasta que, con la abdicación del rey Alfonso XIII en 1931, decidió aparcar temporalmente su trabajo diplomático. Su vuelta a la actividad llegó en 1939, ya terminada la Guerra Civil, cuando fue nombrado primer secretario de la Embajada española en París.

Cuando unos meses después, en septiembre de ese año, estalló la Segunda Guerra Mundial, Propper llevó a cabo una de sus primeras acciones en defensa de los judíos. Unos años antes, el diplomático se había casado con Hélène Fould-Springer, hija del barón y banquero judío Eugène Fould y Mary Springer, perteneciente a una rica familia judía de origen austriaco. Conocedor de los terribles sucesos contra los judíos ocurridos en Alemania, y previendo que algo similar podía ocurrir en suelo francés a causa del imparable avance nazi, Propper decidió declarar el Castillo de Royaumont –propiedad de su familia política– como su residencia privada. Allí almacenó buena parte de los bienes de sus suegros y de su cuñada –miembro del clan Rothschild–, entre ellos numerosas obras de arte. Unas valiosas piezas que, sin la protección diplomática española, habrían caído irremediablemente en manos nazis.
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