Hemeroteca :: 01/04/2009
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Editorial
Última actualización 24/03/2009@15:31:47 GMT+1
En 1993, la película La lista de Schindler nos impresionó a todos. Y además, nos hizo descubrir que existieron personas que arriesgaron lo que tenían para salvar a las víctimas potenciales de los campos de concentración. La historia estaba ahí, pero el gran público la desconocía, del mismo modo que desconocía que existieron otros Schindler que protagonizaron actos heroicos del mismo calibre. A finales del pasado año se conocieron todos los datos sobre una mujer llamada Lola Touza. Vivía en Rivadabia, y gracias a su casi clandestina labor logró cobijar a cientos de judíos que huían de la persecución nazi a la que estaban sometidos. Ocurrió durante los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Según algunas fuentes, gracias a todo lo que hizo cientos de judíos pudieron llegar a Portugal y así huir del continente en el que no podían estar seguros. Fue una auténtica heroína. Pero lo más impresionante de todo, es que ella jamás buscó nada a cambio. No quizo reconocimiento ni ser recordada hasta la posteridad por lo que hizo. Fueron las primeras noticias sobre este caso, además del hecho de que Touza y su grupo eran del mismo pueblo gallego que servidor, las que me invitaron a considerar la posibilidad de efectuar un amplio tratamiento del fenómeno de los ahora llamados “Schlindler españoles”. Porque Lola Touza no fue la única... Como podrá comprobar el lector si lee los reportajes que hemos preparado, la acción de algunos españoles durante los tiempos de la Segunda Guerra Mundial salvó tantas o más vidas que las que pudo poner a bien recaudo el mítico empresario de origen checo en cuya historia personal se basaba la película de Spielberg. En varios de esos casos, nuestros protagonistas supieron sacar provecho de su situación personal o profesional, pero su labor es independiente de eso. Hubo muchos que pudieron hacer lo mismo, y que no sólo no lo hicieron, sino que contribuyeron a que la locura se extendiera por el mundo entero en aquellos trágicos años en los cuales murieron más de cincuenta millones de personas, muchos de ellos en campos de concentración (y no sólo en los nazis, pues los había en más lugares que en Alemania). A Touza, y a los que fueron como ella y como Oskar Schindler, les podía por encima de todo su condición de seres humanos sensibles y empáticos (y eso que el empresario checo era de armas tomar en muchos aspectos de su vida). Nadie en aquella época podía cerrar los ojos ante todo lo que estaba ocurriendo. Espero que el lector disfrute de este número, y disfrute de poder compartir origen con algunos de los protagonistas de nuestro tema de portada. Sirvan hacia ellos estas palabras, estas líneas y los reportajes que vienen a continuación como merecido homenaje a quienes entre tanta negrura y locura extrajeron lo mejor de sí mismos con un altruismo que resulta digno del más hiperbólico de los elogios.

Bruno Cardeñosa Director bruno.cardenosa@eai.es
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