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Hemeroteca :: 01/06/2009
Antiguos Reinos
Última actualización 26/05/2009@13:15:36 GMT+1
El próximo mes de septiembre se cumplen 400 años del decreto por el cual los moriscos eran expulsados de España. Durante siglos se ha calificado ese episodio como vergonzoso, pero los últimos estudios históricos demuestran que no fue sino una medida forzada por la situación y que, aunque perjudicó al país económicamente, le benefició en cuanto a seguridad y convivencia. Por: Iván Rámila.
Decía el gran historiador Gregorio Marañón que la expulsión de los moriscos españoles no fue sino consecuencia de las circunstancias, después de que fracasaran los numerosos intentos por parte de los Austrias de insertarlos en la sociedad respetando sus usos y costumbres. Y así fue, si la documentación existente se analiza con rigor histórico.
Porque aunque la expulsión se decretó el 29 de septiembre de 1609, el problema de la convivencia entre cristianos y moriscos hundía sus raíces muy profundamente, tanto como bajo el reinado de los Reyes Católicos.
En los albores del siglo XIII la presencia de los musulmanes en las ciudades dominadas por los cristianos era muy reducida, y no suponían ningún problema de convivencia. Y ello a pesar de que aquellos mudéjares –como se les denominaba– no eran ni se consideraban súbditos de ningún rey, a no ser que se bautizaran, cosa que, por supuesto, se negaban a realizar. No sucedía así a la inversa, ya que en las ciudades bajo el poder musulmán los cristianos habían sido expulsados o sometidos a una conversión forzosa.
Lo que ocurrió es que la Reconquista se dio prácticamente por concluida a finales del siglo XIII y con ello numerosos grupos de musulmanes pasaron a vivir bajo el gobierno cristiano casi de la noche a la mañana, al perder sus plazas en rápidas y efectivas operaciones. Si se les dejó habitar en las mismas zonas –principalmente de Valencia, Murcia y Aragón–, fue por la necesidad que se tenía de buenas manos que supieran cultivar los huertos. Y ellos aceptaron.
Sólo Granada, Ronda, Málaga y Almería escapaban al control cristiano y el entonces rey, Fernando III, propuso al jefe andalusí Mamad Ibn al-Hamar al-Nasrí, crear para ellos una reserva con autonomía plena dentro de la corona de Castilla con la obligación, eso sí, de pagar impuestos y acudir a filas cuando se les requiriese. Pero el moro se negó y las hostilidades continuaron hasta la llegada de Fernando el Católico al poder.
Y fue precisamente este monarca el que ofreció casi el mismo trato a los moros de Granada. Una nueva negativa obligó a continuar las hostilidades que finalizaron en 1492 con la conquista del último bastión musulmán de la península.
Aunque mucho se critique a los monarcas en materia de religión, lo cierto es que los Reyes Católicos siempre respetaron las costumbres de los moros sometidos. En parte porque ya entonces suponían 200.000 almas, cifra a tener muy en cuenta si no se deseaba un resurgir de las hostilidades.
En lo que sí que no cejaron fue en su empeño de convertirlos, lo que también debe entenderse en el contexto de un siglo XV dominado por la religión, en ambos bandos. Fue entonces cuando comenzó a surgir una nueva clase social, la de los moriscos, antiguos musulmanes convertidos al cristianismo, incluidos aquellos que cara a la sociedad rezaban a la cruz, pero puertas adentro seguían orando a Mahoma.
El empeño de los Reyes Católicos por conseguir la paz era real, no así la de los musulmanes que, tras el estupor que supuso la pérdida de Granada, recuperaron su orgullo y en 1499 impulsaron la Rebelión de las Alpujarras, zona poblada casi exclusivamente por moros.
Pese a los intentos de Isabel y Fernando por evitar el derramamiento de sangre, asegurando mediante escritos que “nuestra voluntad nunca fue, ha sido ni es que ningún moro se torne cristiano por fuerza”, la rebelión se agravó. De tal forma que se necesitó un auténtico ejército para sofocarla en 1502, dirigido por el rey y por Gonzalo de Córdoba, y muriendo en ella don Alfonso de Aguilar, hermano del Gran Capitán.
Nuevamente Fernando fue clemente y prometió perdonar a los rebeldes que se hicieran cristianos. A los que no, se les transportaría a Berbería pagando ellos el viaje. Claro está que muchos decidieron convertirse y claro está, también, que muchos lo hicieron falsamente. La decisión se aplicó a todos los moros de la península, a excepción de los residentes en la Corona de Aragón.
Con estos edictos se creyó que ya no quedaban mahometanos en España, erróneamente, porque ya se ha dicho que muchos simularon abrazar el cristianismo. Pero con un agravante, que el resentimiento entre ellos había aumentado por verse doblemente vencidos. Así es cómo surgieron situaciones tan explosivas como la del pueblo de Hornachos, donde únicamente el cura profesaba en verdad la fe de Cristo.
El problema fue heredado por Carlos V y, al igual que sus antecesores, tuvo que enfrentarse a él. El año escogido fue 1525, cuando por edicto decretó el bautizo forzoso de los moriscos y de los antiguos mudéjares. Los que se negasen, debían abandonar España.
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LOS MORISCOS
Últimos comentarios de los lectores (2)
102 | Inma - 06/12/2009 @ 18:15:02 (GMT+1)
Puede imaginarse el lector, que aconteció con aquellos a los que “No se les permite sacar de sus casas más que los bienes que pueden llevar sobre sus cuerpos y se autoriza a cualquiera que encuentre a un morisco desbandado fuera de su lugar pasados los tres días del edicto, para poder apoderarse de lo que lleva, prenderle y darle muerte si se resiste.” Revísense documentos de compra y venta de utillerías, propiedades y otros menesteres de la época para ver el expolio que se organizo a continuación. http://abdel-karim.es/2009/06/08/la-expulsion-de-los-moriscos-replica-a-los-voceros-de-la-mentira/
84 | Maria - 05/06/2009 @ 21:57:40 (GMT+1)
Me gustaria saber mas sobre esta parte de la historia espanola. Al mismo tiempo que se celebraban estos hechos con los moros, los judios eran expulsados por completo, ocurriendo un enorme movimiento social y religioso en Espana. America es descubierta asimismo en 1492. Fueron epocas muy decisivas.
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