Hemeroteca :: 01/09/2009
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La Batalla
Última actualización 25/08/2009@11:57:46 GMT+1
El 11 de noviembre de 1943 un avión Mosquito de la R.A.F. fue alcanzado por baterías alemanas en el sur de Francia. El capitán Walker y su copiloto A.M. Crow lograron atravesar los Pirineos y saltaron en paracaídas. ¿Qué sucedió con estos héroes de la Segunda Guerra Mundial? En un paraje recóndito de Navarra, la antigua población de Peña, se encuentra la respuesta. Por: Mikel Navarro.
El lugar en el que nos encontramos es un enclave mágico. La antigua población de Peña (Navarra) se encuentra a 58 kilómetros de Pamplona: hoy en día es un pueblo abandonado, a más de mil metros de altitud entre los valles de Aragón y del Ebro, situado sobre una gran mole pétrea en lo alto de un cerrado y bonito encinar.

Según las crónicas, este enigmático y estratégico lugar fue referencia de construcción para castillos y templos religiosos a lo largo de diferentes épocas.

En el siglo VIII, el abad Virila vivió aquí, en un antiguo monasterio de Peña hoy desaparecido. Este personaje protagonizaría una de las leyendas más bellas de la zona. Paseando en las proximidades del monasterio de Leyre, el abad quedó prendado del canto de un ruiseñor y, siguiéndolo, se perdió en la espesura del bosque, quedando profundamente dormido junto a una fuente. Cuando despertó volvió al monasterio y, atónito, comprobó cómo el Templo era más grande y la naturaleza variaba su entorno. No conocía a nadie y nadie lo reconocía a él: los frailes quedaron atónitos al consultar el archivo y comprobar que allí aparecía el nombre de un tal Virila, desaparecido en el bosque 300 años atrás.

En el actual despoblado de Peña se alzaba un hermoso castillo, erigido por el rey de Navarra Sancho el Mayor para defender su reino frente al Islam en el s. XI. Se dice que los árabes llegaron a Peña pero nunca consiguieron hacerse con la posición debido, precisamente, a la poderosa defensa de la fortaleza. También sirvió de escudo frente al reino de Aragón y perteneció a la corona navarra hasta 1434, cuando Juan II lo cedió a Beltrán de Ezpeleta, convirtiéndose en una población de señorío. A partir de entonces, su situación estratégica varió y perdió su fuerza a la causa de las buenas relaciones con Aragón: se comenzaron a construir viviendas y se diluyó así su carácter estrictamente defensivo y militar.

Lamentablemente para nosotros la torre del homenaje fue desmontada en el siglo XVI por Francisco Jiménez de Cisneros. Actualmente, podemos atisbar la base de lo que fue su majestuosa estampa, que sirve de cobijo para no pocos buitres y otras grandes aves. Se trata de un lugar palpitante, natural y salvaje.

Sin lugar a dudas, otro de sus reclamos más hermosos es la iglesia de San Martín de Tours, construida entre los siglos XII y XIII en base a una torre de vigilancia que ya existía con anterioridad: un lugar amurallado y protegido en lo alto de la pétrea figura, un sustento que parece estar diseñado para ser construido sobre él.

Peña es un lugar mágico para vivir incomunicado, poco acorde con los tiempos modernos. Tal vez eso fue lo que le condujo a su abandono definitivo en 1955. Su difícil acceso, solo posible a pie o a caballo, y las duras condiciones de vida al margen del desarrollo, han propiciado su distanciamiento de la “civilización”.

Poco a poco, sus habitantes fueron abandonando sus hogares y se trasladaron a las faldas del monte, asentándose en lugares mucho más cercanos a los pueblos vecinos, como Gabarderal o la propia Sangüesa, mientras que otros buscaron diferentes parajes también cercanos. Declarado Bien de Interés General en 1997, el conjunto de Peña es en la actualidad una finca particular.

Años más tarde, hacia 1965, llegó un enigmático monje belga, un ermitaño dominico, solicitando permiso para vivir en el despoblado de Peña, y así lo hizo durante varios años, en unas condiciones muy duras, sin agua ni luz y padeciendo fríos inviernos. Tan solo bajaba de su retiro una vez al año: prefería no ser visto y, si necesitaba algo, anudaba un pañuelo a la ventana para hacerlo saber. Eso sí, todos los años el día de Gloria aprovechaba para darse un baño, dialogar, o incluso leer revistas de moda. Al concluir esa jornada, volvía a la oscuridad anual de su atípico hogar. Finalmente su avanzada edad y el peligro de sufrir algún que otro accidente dieron por concluida su estancia.

Pero el acontecimiento más emocionante acontecido en este lugar estuvo relacionado con la historia de uno de esos héroes que nos dio la II Guerra Mundial.

Tal vez el destino o la simple casualidad hizo que me aventurase por abruptos valles y frondosos bosques para rescatar del olvido la memoria del capitán Donald Cecil Broadbent Walker.

El 11 de noviembre de 1943 un avión Mosquito de la R.A.F. fue alcanzado por baterías alemanas en el sur de Francia, cerca de Toulouse. A bordo, el capitán Walker y su copiloto A.M. Crow viajaban con la misión de fotografiar unos objetivos de la zona ocupada por los alemanes, concretamente en Modàne.

A los mandos del Mosquito PR.IX, matrícula LR478, el Wing Comander Donald Cecil Walker consiguió sobrepasar los Pirineos tratando de dominar su aparato humeante. La misión era muy arriesgada, pero logró sortear el territorio enemigo con el fin de llegar a la España neutral y contactar con la base de Gibraltar, más cercana que la de Malta para los intereses ingleses.
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