Villas con Historia
Última actualización 25/08/2009@11:57:32 GMT+1
Una inmensa e imponente roca nace del mar para vigilar, parece, todo el Mediterráneo. Peñíscola, una de las tres ciudades, junto a Avignon y Roma, que puede presumir de haber sido sede papal tiene una complicada historia. Su situación geográfica hizo de estos parajes lugar de encuentro con diversas culturas del “Mare Nostrum”, aunque es evidente que es el controvertido Papa Luna el que fabricó una leyenda para una ciudad inevitable en el pasado de España. Por: Francisco J. B. Manzano
Pero antes de que lleguemos al siglo XIV, y expliquemos los hechos que aquí ocurrieron, que provocaron que temblaran los cimientos de occidente, encontramos entre los vestigios de Peñíscola restos arqueológicos, de entre el siglo VII y VI adC, que vinculan a la población con los ilercavones, un antiguo pueblo íbero. Según estos hallazgos arqueológicos, los fenicios fueron los primeros en conectar esta tierra con el resto del Mediterráneo a través de acuerdos comerciales (fueron los primeros en asentarse en esta zona). Luego fueron los griegos los que llegaron hasta este puerto y lo bautizaron con el nombre de Chersonesos (en griego significa península).
Por supuesto, todos estos primeros asentamientos lo que hicieron es que se repitiera en esta localidad el mismo patrón que en el resto de enclaves importantes de la costa mediterránea. Todos los pueblos que intentaron dominar el viejo mar pasaron por allí e intentaron controlar un punto estratégico, ya que la propia geografía de Peñíscola la convertía, al tratarse de un peñón, de un lugar casi inexpugnable. Cartagineses, romanos, bizantinos y árabes llegaron hasta sus tranquilas aguas. El comercio se convirtió en piedra angular de la urbe, a donde llegaban a su puerto telas, armas o cerámicas que eran intercambiadas por vino y aceite de los pueblos íberos. Quizá, aunque no se sabe cuánto hay de leyenda, lo más significativo de estos siglos de dominación foránea sea la estancia que el general cartaginés, Aníbal, que parece que vivió allí varios años y fue desde donde se decidió a conquistar a la todopoderosa Roma. Luego, el dominio de las legiones romanas hará que el nombre de la ciudad sea casi el que hoy se conoce. “Paene ínsula” (casi isla) es lo que conforma el actual topónimo de Peñíscola.
La localidad cae pronto bajo el dominio musulmán. Más de cinco siglos, hasta 1233, dura la conquista en estas tierras que los árabes llamaron Banaskula. Son los musulmanes los que comienzan a levantar la actual fortaleza, aunque en los primeros siglos de conquista no es una urbe especialmente importante. Las salinas y los cultivos son las principales fuentes de ingresos y el puerto, eso sí, es punto de partida de las naves moras que hostigan las posesiones en el Mediterráneo de la Corona de Aragón.
Pero en el siglo XIII, el empuje de los reinos cristianos, que van doblegando las defensas sarracenas, hace que la localidad se convierta en objeto de asedio. Lo curioso en que casi un siglo antes, en 1146, Ramón Berenguer IV, ya había otorgado la posesión de la ciudad a su consejero Guillermo Ramón de Moncada (era costumbre en la época repartir los dominios de las futuras conquistas). Pues bien, hubo que esperar a un primer intento de toma por parte de Jaime I, en 1225, que fue rechazado por los árabes, y a un segundo intento, en 1233, este sí victorioso, para que la urbe pasara a manos cristianas. No hizo falta en esta ocasión volver a acampar las tropas frente a la gran roca, ya que las derrotas musulmanas de otros importantes castillos de la zona del maestrazgo habían dejado aislada la fortaleza. Los sarracenos sólo pidieron, para entregar pacíficamente la ciudad, que se respetara la vida de los habitantes y sus costumbres, y a cambio el monarca aragonés les concedió la posesión de otros territorios. De nada sirvió el documento firmado 87 años antes, ya que la Corona aragonesa se dio cuenta de que se trataba de un enclave defensivo privilegiado y decidió en un primer momento asumir su gobierno. Poco duró el cumplimiento del armisticio, ya que Jaime I decidió en 1250 otorgar a la localidad un fuero especial que derogaba los privilegios de los árabes y le entregaba las posesiones a los nuevos moradores cristianos.
En 1294, sin embargo, Peñíscola cambia de nuevo de manos. La defensa de la ciudad le es concedida a la Orden del Temple, que gobernará hasta 1307. Son los caballeros templarios los que sobre los restos de la vieja alcazaba musulmana comienzan la construcción del todavía hoy imponente castillo. La caída en desgracia de la influyente y poderosa Orden del Temple hizo que el castillo pasara a manos de la Orden de Montesa, que continuaron con la labor de edificación de la fortaleza. La ciudad se prepara, sin aún saberlo, para vivir los años más convulsos de su historia. A principios del siglo XV la vieja urbe portuaria pasa a ser la casa del Papa.