Hemeroteca :: 01/10/2009
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España fuera de sus fronteras
Última actualización 24/09/2009@08:36:52 GMT+1
La Ciudad Universitaria de Madrid nació a imagen y semejanza de los campus estadounidenses. Convertida en precursora indiscutible de este modelo universitario en el Viejo Continente, detrás de su diseño se encontraron cuatro hombres sesudos que recorrieron Europa y América en busca de las bases necesarias para transformar la capital de España en el centro del saber. Para posibilitar su construcción, Alfonso XIII llegó incluso a renunciar a los fastos de celebración de su veinticinco aniversario en el trono.

Por: MC. R. Carrión
La Ciudad Universitaria de Madrid comenzó a dar sus primeros pasos en agosto de 1924. Lo hizo, primero, en la mente de Alfonso XIII, que veraneaba en Santander cuando la idea comenzó a rondar su cabeza, aunque lo llevaba madurando desde 1911, y, después, contagiado por el entusiasmo del monarca, en la de su propio consejero y dentista, el doctor Florestán Aguilar, además de en la del rector Bermejo o los decanos Márquez, Sebastián Recasens y Octavio de Toledo.

Sin embargo, no es solo a ellos a quienes debemos atribuir todo el mérito de su fundación. Si bien su impulso fue decisivo, no lo fue menos el de una comisión formada por cuatro hombres que durante un periodo de varios meses se dedicaron, en cuerpo y alma, a la búsqueda de un modelo universitario que replicar con éxito en España. Lo encontraron en Estados Unidos, tras un periplo que les llevó a recorrer diversos campos de Europa y Norteamérica y que convirtió a la Ciudad Universitaria de Madrid en el precursor europeo de un modelo que ha sabido sobrevivir en el tiempo.

Los cuatro viajeros respondían a los nombres de Modesto López Otero, José Casares Gil, Antonio Simonena y Julio Palacios. El primero era un joven pero experimentado arquitecto de poco más de cuarenta años, director de la Escuela de arquitectura de Madrid, mientras que los tres restantes eran renombrados científicos. Casares Gil era decano de la Facultad de Farmacia; Simonena, catedrático de la Facultad de Medicina; y Palacios de la de Ciencias.

El proyecto de la Ciudad Universitaria tomó forma en 1927, coincidiendo con la celebración de los veinticinco años de reinado de Alfonso XIII. Hasta entonces, había sido solo un anhelo del monarca. Este, convencido en su empeño de dotar al país de “una gran Universidad que no fuera solamente nacional, sino hispano-americana, brindando a aquellos estudiantes que hoy se van a París y a Norteamérica la posibilidad de una formación científica y cultural netamente española, y para lo cual habría, naturalmente, que mejorar los métodos y ampliar las dotaciones para material y profesorado”, decidió renunciar a toda clase de actos conmemorativos del aniversario y destinar los fondos recaudados a la puesta en marcha de “la obra de mi reinado”. Para alojar la regia empresa y albergar la Universidad Central, Patrimonio Real cedió 320 hectáreas de la finca de la Moncloa, en el borde oeste de la ciudad. La elección del emplazamiento permitió desarrollar un plan sistemático y mantener una unidad arquitectónica. Hasta la creación de esta magna obra, las instalaciones docentes madrileñas se encontraban disgregadas por la ciudad (Atocha, Noviciado, Calle Toledo).

La Ciudad Universitaria alojaría las Facultades de Medicina, Ciencias y Farmacia, y en ella se erigirían centros de investigación científica, residencias para estudiantes, hogares para profesores y campus para la cultura física y la práctica de deportes, estadio, parques, bibliotecas y todo tipo de centros de enseñanza, tal y como reza una carta enviada por Florestán Aguilar, amigo personal de Alfonso XIII, a Alan Gregg, entonces director de la Fundación Rockefeller. Ambos participaron activamente en la organización del itinerario de los miembros de la “expedición científica”.
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