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Historia Antigua

HISTORIA ANTIGUA

Última actualización 25/11/2009@10:59:57 GMT+1
ARQUA
Cartagena, nuestro emblemático “Puerto de Culturas”, ha consolidado su impronta gracias al flamante Museo Nacional de Arqueología Subacuática. Más allá de una muestra espacio-temporal, ARQUA es un auténtico laboratorio arqueológico del mar, un centro de estudio e interpretación cuyo fin último consiste, además de hacer pedagogía, en preservar nuestro patrimonio para las nuevas generaciones.
Por: Gabriel Muñiz
Por: Francisco J. B. Manzano



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Las profundidades del mar, en el imaginario de nuestros ancestros, pertenecían al exclusivo mundo de las fuerzas arcanas. No obstante, cierto tipo de buceo debió practicarse en la Prehistoria o, como relata Homero en su Odisea, ya en la Antigüedad existían avezados submarinistas que rescataban restos del fondo marino.
Se ahonda en esta idea durante la expansión de la civilización romana. Los llamados urinatores llegaron a emplearse, como profesionales especializados, en la recuperación de restos sumergidos por diferentes motivos. No lo hacían con un afán propiamente arqueológico, más bien se trataba de hombres entrenados en sacar de nuevo a la luz objetos por su valor intrínseco. Tito Livio, tal como nos recuerda Xavier Nieto en su libro “Introducción a la Arqueología Subacuática”, decía que los urinatores se sumergían a pulmón, aunque ya existían noticias de la utilización de ciertos “almacenes de aire” en odres o rudimentarias campanas. Según parece, en algunos casos se sumergían con la boca llena de aceite, expulsándolo como una película oleosa delante de los ojos para así obtener, a modo de máscara, cierta nitidez en la observación de los fondos marinos. Nos cuenta, igualmente, que se ayudaban de un lastre de piedra para llegar al fondo con la celeridad necesaria, o que se sumergían con el cabo de una soga, atándolo a la carga para que pudiera ser izada más fácilmente desde la superficie.
A nivel teórico, Aristóteles ya describe cierto tipo de ingenio que trataba de superar los impedimentos físicos de una inmersión prolongada. El ínclito Leonardo Da Vinci también llevará a cabo una serie de diseños que perseguían la autonomía total del submarinista, incluyendo un voluminoso recipiente de aire conectado a una máscara.
Desde el siglo XV en adelante, la peligrosa campana fue el único método disponible en la recuperación de objetos bajo el mar. Durante los siglos XV y XVI, los españoles crearían una pequeña flota especializada en localizar los galeones que habían naufragado frente a las costas del Caribe. En parte gracias a esta experiencia acumulada, a través del ensayo y el error, en el siglo XVII tendrá lugar la invención de la revolucionaria campana Halley. Este artilugio salvó el inconveniente del rápido agotamiento de oxígeno, permitiendo la prolongada permanencia bajo el agua usando un sistema de barriles que suministraban aire fresco al buceador, y a un tiempo desalojaba el pernicioso aire ya exhalado.
Sin embargo, la verdadera autonomía del buzo era una condición indispensable que sólo llegaría tras largos años de ensayos con las pesadas escafandras y otros perfeccionamientos posteriores. La puesta en marcha, por el comandante Costeau y el ingeniero Gagnan, de un novedoso regulador que proporcionaba al buceador aire a presión ambiental, hizo que se cumpliera el viejo sueño de que un hombre pudiera moverse a su libre albedrío bajo las profundidades del mar. El mundo de la Arqueología tenía a su alcance, por fin, los elementos técnicos que le permitirían extender sus estudios al medio marino.
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