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La Batalla

LA BATALLA

Última actualización 25/11/2009@10:43:44 GMT+1
SIMÓN BOLÍVAR
De los salones al campo de batalla, de oficial español a general independentista, de rico hacendado a Libertador de las Américas. La vida de Simón Bolívar siempre estuvo plagada de excesos, contradicciones, luces y sombras guiados por su odio hacia la Corona española. El mismo que le llevó a lograr la independencia tras años de sangre y lucha.
Por: Janire Rámila

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Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de julio de 1783, en una Venezuela convertida por aquel entonces en provincia o Capitanía General de Ultramar, como se decía en aquellos años, y donde habitaban unos 200.000 españoles americanos, más conocidos como criollos blancos.
Descendía de una ilustre familia nobiliaria, fiel partidaria de la Monarquía española a la que servían con obediencia desde sus haciendas trabajadas con la sangre de esclavos negros. De hecho, su padre, Don Juan Vicente, mantenía fuertes vínculos con la oligarquía militar del Rey, destacando su amistad con el teniente coronel Francisco de Miranda, héroe en la batalla de Pensacola contra los ingleses.
Don Juan Vicente falleció cuando Simón cumplía los tres años de edad, dejándole en herencia 65.000 árboles de cacao y numerosas tierras dotadas de enormes riquezas naturales. Una más que considerable fortuna para la época. Para heredarlo de pleno derecho sólo le puso dos condiciones: “Permanecer siempre fiel a Dios y al Rey de España”. Bolívar no cumpliría ni la una ni la otra.
A comienzos del siglo XIX Caracas pasaba por ser una ciudad tranquila, moderna y acomodada en un estilo de vida basado en la explotación agrícola y el comercio con España. Contaba con Universidad, institutos, iglesias e instituciones tan antiguas como el Seminario Tridentino, fundado en 1592 por el primer Bolívar llegado a América desde su localidad vizcaína natal de Marquina.
Las crónicas hablan de Caracas como un lugar donde “la concordia y el espíritu patriarcal” reinaba entre sus habitantes. Esto quiere decir, claro está, entre las clases dominantes, porque el pueblo llano siempre discurrió en otro sentido. Las fortunas se repartían entre esa oligarquía española que lo dominaba todo, reservando al resto de indianos e indígenas el “privilegio” de trabajar para sus amos.
Tampoco la situación en la península Ibérica era mejor, con un país es franca decadencia y cada vez más dependiente de los recursos americanos.
Pese a este descontento popular, nada hacía presagiar el clima de rebeldía que pronto Bolívar y otros generales se encargarían de fomentar.
Tras la muerte de su padre, el pequeño Simón entró al amparo de su abuelo, Feliciano Palacios y Sojo, quien le dio una educación acorde con su alta posición social, siempre con el objetivo prioritario de servir a la Corona. Fue el tiempo en el que conoció al insigne polígrafo Andrés Bello y, especialmente, al escribiente Simón Carreño Rodríguez. Se destaca este segundo nombre porque pronto Carreño se convirtió en el maestro ideológico de Bolívar, inculcándole las ideas modernas y un tanto revolucionarias que comenzaban a expandirse sin freno por Europa y que convergían en la gran figura del siglo XIX: Napoleón Bonaparte.
En 1799 Simón llega a Madrid, en un primer viaje a España que le marcará profundamente. Tanto como que durante su estancia en la casa del marqués de Ustariz, amigo de la familia, conoce y se enamora de María Teresa Rodríguez del Toro, con quien se casará en 1802. En la capital, el futuro Libertador lleva la vida disoluta acorde a su rango militar, subteniente del Batallón de Voluntarios Blancos de Caracas. Tanto es su derroche, que su abuelo le reprende por los excesivos gastos desembolsados en esos meses. ¡Pero cómo ahorrar en una corte marcada por el lujo! Bolívar ha viajado a la Madre Patria para conocer la tierra de sus ancestros y todo cuanto ve le causa una profunda impresión. Sin embargo, lo que le verdad marca el carácter de Bolívar no son las fiestas madrileñas, ni su entrada en la Corte, ni siquiera conocer a su esposa; el verdadero factor que influyó en su mentalidad, hasta el punto de declararse abiertamente republicano, fue el viaje que realizó durante unas semanas a Francia con permiso real y que le propició contactar con el clima revolucionario que lo inundaba todo, respirándolo, interiorizándolo, hasta el punto de querer exportarlo al Nuevo Mundo.
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