Hemeroteca :: 01/01/2010
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La Batalla

Los libertadores de Europa

Última actualización 23/12/2009@10:32:14 GMT+1
Durante décadas la historia borró de sus libros la participación española en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, fueron decenas de miles los españoles que participaron en diferentes frentes de batalla. En Historia de Iberia Vieja recuperamos un periodo del pasado sobre el que cada vez se conocen más datos. Son los olvidados de un conflicto que estremeció al mundo. Por: José Luis Hernández Garvi
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El 24 de agosto de 1944, una columna de vehículos aliados atraviesa las calles desiertas de un París silencioso. Los alemanes han desaparecido, y salvo algunos francotiradores aislados, no parece que estén dispuestos a ofrecer resistencia. Poco a poco, la población se atreve a salir para recibir a los primeros soldados que liberan la capital francesa después de los años de ocupación nazi. Se trata de una unidad de reconocimiento perteneciente a la 2ª División Blindada francesa al mando del general Leclerc. Los semiorugas lucen orgullosos en sus costados nombres como Guadalajara, Ebro, Guernika, Madrid, Belchite… Mientras, sus tripulantes, algunos de los más de trescientos españoles que han combatido con la División, sonríen felices a la multitud que los aclama.

Con la victoria del general Franco y la caída de la II República, se inicia un éxodo masivo de españoles hacia la frontera con Francia, donde son acogidos y tratados con frialdad. Hacinados en campos de refugiados, con sus pertenencias requisadas y en condiciones de vida espantosas, sobreviven como pueden sin recibir apenas ayudas. El Gobierno francés, sobrepasado por la magnitud del problema, quiere deshacerse cuanto antes de aquella avalancha humana que ha superado todas sus previsiones. Como solución plantea la repatriación, pero, como es lógico, los refugiados se niegan a regresar.

Ante la gravedad de la situación, y con el fin de descongestionar los campos, el Gobierno francés recurre a la promulgación, el 12 de abril de 1939, de un decreto que obligaba a los extranjeros comprendidos entre los 20 y los 48 años de edad a trabajar para las autoridades militares cumpliendo una prestación de igual duración a la del servicio militar que cumplían los franceses. La consecuencia inmediata de esta medida es que a los refugiados españoles se les ofrecieron cuatro opciones para abandonar los campos: ser contratados para trabajar en la agricultura o en la industria, enrolarse en una Compañía de Trabajadores Extranjeros, alistarse en la Legión Extranjera o, al estallar la Segunda Guerra Mundial, encuadrados en los Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros.

En el primer caso, se dieron situaciones de abuso. En el sector agrario, los trabajadores españoles estuvieron sometidos a condiciones de trabajo muy duras, cercanas en algunos casos a un régimen de semi-esclavitud. Más digno fue el trabajo en la industria, aunque los empresarios franceses supieron aprovecharse de una mano de obra cualificada a bajo coste y en una clara situación de inferioridad. Las Compañías de Trabajadores Extranjeros fue la opción mayoritariamente “escogida” por los refugiados. Estas habían empezado a constituirse en el verano de 1939 pero fue al estallar la Guerra cuando su número aumentó de forma espectacular. Estas Compañías funcionaban bajo jurisdicción militar al mando de oficiales franceses y las integraban unos 250 hombres, que inicialmente se alistaron de forma voluntaria y después por reclutamiento obligatorio. Aunque los trabajadores recibían un salario mínimo, sus condiciones de vida fueron siempre precarias y estaban bajo permanente vigilancia militar, siendo encarcelados si intentaban evadirse.

Se calcula que al comienzo de la Guerra había unos 20.000 españoles encuadrados en estas compañías, trabajando en tareas relacionadas con la defensa nacional francesa, como la construcción de fortificaciones, excavando trincheras, etc. Estas unidades fueron desarticuladas al firmarse el armisticio entre franceses y alemanes en junio de 1940 y sus miembros pasaron a depender de las autoridades alemanas de ocupación, incluso en la zona supuestamente controlada por el gobierno colaboracionista de Vichy. La mayoría de los integrantes de estas Compañías de Trabajadores fueron enviados a Alemania y muchos de ellos acabaron en campos de exterminio, condenados por su pasado político.

Al estallar la Guerra, muchos de los refugiados españoles no dudaron en ofrecerse para luchar en ella del lado de los franceses con la esperanza de que la victoria de los aliados supondría la caída del régimen de Franco. Pero mientras las autoridades francesas permitieron la creación de unidades de polacos, checos y noruegos encuadradas dentro de su Ejército, no quisieron que las hubiera de republicanos españoles, negándose expresamente a crearlas, aduciendo la imagen de “indeseables” que la opinión pública francesa tenía de ellos y que el Gobierno de Daladier no se preocupó en desmentir.

Se presionó entonces para impulsar el reclutamiento de los republicanos en la Legión Extranjera, pero esta unidad no era muy bien vista entre los refugiados porque era muy similar al Tercio de la Legión que había comandado Franco. Aún así, se consiguió que a finales de abril de 1940, cerca de 1.000 españoles se hubieran alistado entre sus filas. Los legionarios republicanos tenían su cuartel general en Sidi-bel-Abes, Argelia, y fueron encuadrados en los regimientos del 10º. al 15º. Entre ellos predominaban lo anarquistas, debido a que las autoridades francesas amenazaron con la repatriación a España de todos aquellos que habían servido durante la Guerra Civil en la División Durruti, lo que les obligó a optar por el alistamiento en la Legión Extranjera al no quedarles otra alternativa. También hubo entre sus filas republicanos conservadores y algunos socialistas. Sin embargo, no hubo comunistas porque el PCE lo prohibió expresamente.
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