Historia Moderna
Última actualización 28/01/2010@09:12:40 GMT+1
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| HISTORIA DE LA LOCURA |
La locura apareció en el mundo al tiempo que lo hizo el hombre. Sin embargo, las casas del horror que fueron los manicomios no comenzaron a proliferar hasta el siglo XV, y el tratamiento científico de las enfermedades mentales se haría esperar otras tres largas centurias. La atrocidad y la superstición se mezclan a la hora de presentar la historia de la locura en España. Por: M.C. Romero
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El 24 de febrero de 1409, fray Gilabert Jofré se dirigió a los fieles que habían acudido a la catedral de Valencia a escuchar su sermón de Cuaresma y les exhortó encarecidamente a la creación de un recinto que diera asilo a los alienados que vagaban por las calles y que, a menudo, eran ridiculizados, si no maltratados y apaleados, por el resto de sus conciudadanos. De camino a la seo, el padre Jofré había sido testigo del enfrentamiento de un grupo de gentes contra un loco abatido en el suelo y su indignación hizo que su intervención de aquel domingo se inclinase en aquel sentido.
Seiscientos años después de este episodio, los primitivos manicomios se han convertido en modernos recintos con personal especializado y la psiquiatría ha devenido en una rama de la medicina que trata de prevenir y tratar problemas mentales. Sin embargo, a principios del siglo XV, momento en el que hemos dejado a nuestro personaje, la psiquiatría distaba mucho de ser una ciencia, y los locos tenían que conformarse con ser tolerados o, peor aún, tomados como endemoniados o hechizados y tratados por toda clase de curanderos, sanadores, magos o hechiceros. “No era raro ver a la gente en las ventanas gritando al loco que pasaba, y en la calle a los niños acosándole, empujándole, atrapándole para darle golpes o bastonazos, arrimándole con ganchos o pinchos, pegándole con trapos empapados, lanzándole toda clase de inmundicias, tiznándole la cara con cenizas, rapándole el pelo, etc.”, recoge Enrique González Duro en su Historia de la locura en España.
Durante la Edad Media, la pobreza fue el principal caldo de cultivo de la locura, y en los hospitales que habían surgido como una práctica de caridad cristiana para dar socorro a los peregrinos, enfermos y pobres en general se confundían los locos o endemoniados.
El caso es que, estando así las cosas, a comienzos del siglo XV el clérigo mercedario logró conmover los corazones de su auditorio y su arenga tuvo un efecto inmediato. El 10 de junio de 1410 se inauguró el Hospital d’Innocents, Folls i Orats de Valencia, el primer manicomio de España y uno de los primeros del mundo occidental, con la asistencia de nueve eclesiásticos, cuatro médicos, un cirujano, cuatro practicantes de cirugía y cincuenta hermanas de la caridad. Pronto, la iniciativa se repicó por la geografía española, abriéndose instituciones similares en Barcelona, Zaragoza, Sevilla, Palma de Mallorca, Toledo o Valladolid, y también en Europa y en el Nuevo Mundo.
Los primeros manicomios concibieron la locura como una enfermedad susceptible de tratamiento médico, pero como bien explica González Duro, “la Inquisición y el espíritu de la Contrarreforma impedían la elaboración de una ciencia psiquiátrica. Los manicomios se convirtieron en atroces instituciones carcelarias, de muy escasa funcionalidad, y los locos, en su gran mayoría, no pudieron ser socialmente excluidos”. En el Hospital de Locos de Valencia, por ejemplo, el régimen disciplinario era estricto: los internos debían evitar la inactividad; en el caso de mostrar desobediencia, eran azotados, inmovilizados con grilletes, incluso de forma permanente, y encerrados en jaulas.
De forma muy diferente fueron tratados los monarcas, entre los que también se dieron casos evidentes demencia. Como el de Pedro I el Cruel, rey de Castilla entre 1350 y 1369, que llevado por su inestabilidad emocional ejecutó a un elevado número de personas, entre ellas a sus familiares más próximos. O el de Enrique IV el Impotente, rey de Rey de Castilla y León entre 1454 y 1474, y que según Gregorio Marañón fue un “displásico eunucoide con reacción acromegálica”. En la historia de España, en la que han sido frecuentes los matrimonios consanguíneos de las familias reales, ni Pedro I ni Enrique IV han sido los únicos reyes dementes. Queda claro, pues, que la locura no solo fue cosa de pobres.