Hemeroteca :: 01/03/2010
5/10
Editorial
Última actualización 19/02/2010@13:22:59 GMT+1
Vivimos tiempos complicados. Cuando esto sucede, la verdad es que a uno se le resquebrajan ciertas opiniones. Siempre he pensado que la Historia es Historia, y que los hechos que han sucedido en nuestro país no debemos glorificarlos por el mero hecho de que hayan acontecido aquí. Ese tipo de nacionalismo, basado en la historia, no conduce a nada más que a ponerse una venda. No estamos obligados a sacar pecho sobre nuestro pasado si en ese pasado hay cosas por las que no merece la pena hacerlo. Y aunque sí lo merecieran, no hay mejor camino que la ecuanimidad y la distancia –no confundir con la necesidad de conocer y saber– a la hora de valorar los sucesos pasados. Por el hecho de que hayan existido unos reyes que hicieran de España un imperio no voy a convertirme en defensor de esos reyes y ni siquiera en un defensor de aquella época. Debemos ser más serios, casi más fríos. Glorificar y casi santificar el pasado y los momentos que algunos llaman “gloriosos” han sido en muchas ocasiones la base y fundamento de ciertas ideas totalitarias, que se han armado ideológicamente en la necesidad de recuperar el pasado y el ímpetu que lo convirtió en “glorioso”. Hay que conocerlo, sí, reconstruirlo a la perfección (por amor a la investigación y al conocimiento como único camino) pero conocerlo y comprenderlo no tiene que equivaler a soñar con restaurarlo.

Sin embargo, en los últimos meses, la complicada situación financiera nos ha sumido en un grado de desesperanza y pesimismo potenciado por unos y otros de forma involuntaria en algunas ocasiones, y en otras, con toda la intención del mundo pintando escenarios apocalípticos que responden a la realidad en menor grado que las profecías de Nostradamus. Me da la impresión de que incluso desde los medios de comunicación se ha olvidado que uno de los principios fundamentales que deberíamos tener presentes es la necesidad de –sin ignorar la verdad, que es sagrada– articular ilusiones, optimismo, fuerza, esperanza. Los medios deberíamos ser en estos momentos los auténticos vertebradores y referentes de una ilusión renovada a partir de mensajes positivos y correctos. Es por ello que en este número hemos querido presentar un repaso a la Historia de España en los últimos 25 años.

Como este estudio está basado en los datos, el hecho de hacerlo a partir de contenidos objetivos e indiscutibles, le resta cualquier tipo de posicionamiento político. Viendo esos indicadores sociales y económicos, y comprobando con objetividad cómo nuestra historia reciente ha sido verdaderamente positiva en grandes términos, y también en comparación a otros países que siempre hemos tenido de referencia, quizá podamos tener presente que la cruda realidad de hoy es sólo una mínima parte de nuestra reciente historia y que las cosas no han ido tan mal en los últimos 25 años de Historia.

Ojalá que este estudio que presentamos en este número nos impulse hacia el optimismo que tanto necesitan los tiempos actuales. Por eso decía lo del comienzo: que enorgullecerse del pasado histórico no siempre es bueno, pero al menos un poco, en este caso, sí podemos hacerlo para poner freno a la desesperanza y evitar que la sociedad en sus diferentes estratos se contagie hasta el punto de ser difícil volver atrás.

Bruno Cardeñosa Director bruno.cardenosa@eai.es
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)
5/10
Comparte esta noticia  

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Historiadeiberiavieja.com, web oficial de la revista Historia de Iberia Vieja, la historia de España a tu alcance
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.