Villas con Historia
Última actualización 22/02/2010@09:40:35 GMT+1
La ciudad renacentista enseña con serenidad a los viajeros su abrumador patrimonio. Pasear por Úbeda, por sus calles empedradas, sus casas señoriales, sus palacios, sus iglesias, convierten al caminante en espectador. Se deja de avanzar con los pies para hacerlo con los ojos. Allí, en esta pequeña localidad de la desconocida y bella provincia de Jaén, se erige un pueblo que cuenta, al menos, con 50 edificios de notable valor artístico. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en julio de 2003. Por: Francisco J. B. Manzano
Libros Recomendados : PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD (I PARTE) ¡ Visita nuestra Tienda !
La historia de esta ciudad tiene un primer lugar común, compartido con decenas de históricos enclaves españoles, basado en la leyenda. Dicen que es un descendiente de Noé el que sería su primer fundador. Sin embargo, pese a haber pasado por allí todas las civilizaciones, no será hasta la conquista musulmana cuando la ciudad, famosa también por una frase sobre sus cerros (lo explicaremos al final), se convertirá en un importante asentamiento que poseer. Antes, durante el periodo de ocupación romana, la ciudad fue bautizada con el nombre de Bétula, por estar cercana al Guadalquivir (Betis).
Pero es el cacique árabe Abderramán II, entre el siglo IX, quien refunda este enclave bajo el nombre de Al-Arab. Para los musulmanes se trata de un lugar estratégico, cercano a la importante Granada, que conviene convertir en frontera ante el empuje de los cristianos y que, además, es un importante granero de las tropas almohades. Más que por ser un inexpugnable castillo, Úbeda fue importante por su gran actividad agrícola.
Un argumento, evidentemente, que se invierte en las ligas enemigas. Los castellanos entienden también que las tierras de Jaén son claves en sus sueños de reconquista y comienza, a principios del siglo XII, un ataque constante sobre estas fortalezas. (De hecho, la famosa batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, que sin duda cambió el signo de la contienda, se produjo ya cerca de estas tierras).
Tras una serie de escaramuzas el siglo anterior, definitivamente la ciudad cae en manos de los cristianos en 1233. “Fernando III desde Toledo se dirigió con su ejército conta Úbeda, ciudad que por la situación entre Muhammad ibn Hüd y Muhammad ibn Yusuf ibn Nasr ibn al-Ahmar no recibía socorro. Puso sitio a la misma el 6 de enero de 1233. Cuando los defensores de la ciudad se convencieron de que no tenían posibilidad de abastecimiento ni ayuda, capitularon, saliendo salva su población con los bienes que pudieron llevar, bajo protección cristiana hasta la ciudad musulmana a que quisiesen ir”, explica Menéndez Pidal en su “Historia de España”.
Quizá el hecho de que no hubiera un derramamiento de sangre en la toma de Úbeda posibilitó que en el enclave jienense convivieran en paz judíos, musulmanes y cristianos durante muchos años. Pero son tiempos complicados para una localidad que está demasiado cerca de la zona de control musulmana, lo que obliga a promulgar fueros y leyes especiales para repoblar la ciudad. Por ejemplo, el Fuero de Cuenca, que afectó a la ciudad y sus habitantes e hizo que recibieran privilegios fiscales para convencerles de vivir teniendo como vecina a la muerte: También se concedió una cierta autonomía de funcionamiento a su propio Consejo. Sin embargo, el gran golpe que recibiría la localidad no tendría la forma de la media luna. En 1368, la ciudad es asolada con motivo de la guerra civil que protagonizaron Pedro I de Castilla Enrique II de Trastámara. Un conflicto que creo heridas internas y que no se resolvió de forma definitiva hasta la llegada de los Reyes Católicos. Al igual que le pasó al cercano pueblo de Baeza (no duden en visitar también esta localidad cuando acudan a Úbeda), algunos de sus elementos arquitectónicos más importantes fueron demolidos por orden real (las murallas y torres del alcázar).