Última actualización 23/04/2010@14:09:02 GMT+1
Hay ciudades que son historia viva paseando por sus calles. Enclaves elegidos por la mano del hombre que esculpió en ellos obras que superan al tiempo. León es una de esas ciudades que hay que visitar en la vida de manera casi obligatoria. Es un espectáculo inigualable, para quien no conozca la urbe, tropezar por primera vez con su catedral. Es igualmente increíble pasear por la Colegiata de San Isidoro, en la que descansan buena parte de los monarcas del antiguo reino de León. Es imposible entender la historia de España sin comprender la importancia que tuvieron sus diferentes reinos.
Por: Javier Brandoli
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Allí, entre las tumbas de aquellos reyes se escuchan y entienden historias de una España en guerra contra el invasor musulmán y en ocasiones contra si misma.
Hemos dado en el primer párrafo dos razones lo suficientemente poderosas como para acudir a la cita con la ciudad castellana. Pero León guarda, además, un interesante pasado en el que tuvo que luchar duro para hacerse un hueco entre las nobles ciudades españolas.
La mayor parte del territorio hoy leonés fue ocupado por tribus astures antes de la ocupación romana. Los castros, nombre de los poblados de estas tribus, fueron desplazados con la llegada de las legiones. Los romanos encuentran en las cercanas Médulas las más importantes minas de oro de la época y deciden asentarse, con una fuerte presencia militar, en la zona. (El gran imperio tardó casi 200 años en controlar todo el territorio). Los restos arqueológicos parecen confirmar que primero se asentó en la actual ciudad la Legio VI Victrix, durante las guerras astur-cántabras, para luego quedarse la Regio VII Gemina, la cual permanecerá en la ciudad hasta finales del siglo V. Fue asignada, durante aquellos siglos, a dos regiones distintas: primero a la provincia Tarraconense y luego a la Gallaecia. Fue amurallada en dos ocasiones y, al menos de la segunda muralla, quedan aún restos visibles. El campamento militar, convertido poco a poco en ciudad, fue aumentando, hasta que la caída de Roma, hace que entre los siglos V y VII sean los suevos, y después los visigodos, sus nuevos gobernantes. De hecho, a tenor de los restos arqueológicos hallados, se observa una evidente carencia de actividad económica durante aquellos años en la ciudad, que fue acompañada de la marcha de buena parte de la población (no llegó a despoblarse del todo).
En el año 712, el viejo “cuartel” militar es conquistado por los musulmanes. Al no ser una importante urbe, los árabes no dejan ningún destacamento en la ciudad y sólo vuelven a fijarse en ella cuando en 846 un grupo de mozárabes intenta repoblar la zona. Rápidamente reacciona el Califato, que envía a sus tropas a acabar con la iniciativa. Sin embargo, pocos años después el rey Ordoño I decide conquistar la plaza e incorporarla al incipiente reino de Asturias. Los cristianos son conscientes de que León está situado en un lugar estratégico, al sur de la Cordillera Cantábrica y defendida por diferentes accidentes naturales. La ciudad es amurallada y repoblada.
Pero tras la muerte del hijo de Ordoño I, Alfonso III el Magno, sus territorios son repartidos entre sus tres herederos.: Fruela II recibe Asturias; Ordoño II, Galicia y García I recibe León. Poco dura está escisión, ya que García I muere en el año 914, sin tener descendencia, y es su hermano Ordoño el que es aclamado como monarca, juntado de nuevo León y Galicia. El tercer hermano, Fruela, pese a permanecer en Asturias, reconoce a Ordoño también como gran rey. La capital de este renovado reino se traslada desde Oviedo a León. Los avances del reino leonés en la reconquista son constantes, avanzando por el valle del Duero y hacia el sur hasta Extremadura, pero el problema es que no se pueden repoblar los territorios y buena parte del terreno queda en tierra de nadie. Además, los musulmanes deciden contraatacar a finales del siglo X y mandan un poderoso ejército, capitaneado por Almanzor, que castigará duramente varias importantes poblaciones del norte peninsular, entre las que se encuentra León: la ciudad aguante el envite y en siglo XI, en 1017, le es otorgado el primer Fuero propio por parte de Alfonso VI.
Este siglo es clave en el reino leonés, ya que ve como el antiguo condado de Castilla se proclama reino independiente, tras haberse independizado del poder leonés en 932. Fernando I de Castilla se alía con Navarra para acabar con la vida del monarca Bermudo III y proclamarse monarca también de León, con una fuerte oposición por parte de los leoneses. Esta es la primera vez en que ambos reinos se unen bajo una misma corona.
Otra vez un fallecimiento, esta vez de Fernando I, vuelve a dividir el territorio. Alfonso VI se queda León y Sancho II, Castilla. Sancho no está contento con el reparto y entabla batalla con su hermano menor. Esta vez vence la facción leonesa, que queda al mando de Castilla y Galicia de nuevo (es en este conflicto en el que participa El Cid, que ayudó a Sancho a conquistar el mismo León y cuya muerte, la del monarca, le valió el posterior destierro). Tanto poder acumulado por lo leoneses hace que el Papa Gregorio VII proclame emperador al rey Alfonso VI. Título que conservará su hijo Alfonso VII, que ampliará sus dominios a otros reyes de la península, incluidos algunos musulmanes y algunos territorios del sur de Francia. Poco dura el sueño imperial del “Gran León”, que ve como Portugal y Castilla se independizan de su mando. Otra vez una herencia real divide el territorio leonés.