Hemeroteca :: 01/08/2010
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Villas con Historia
Última actualización 23/07/2010@08:52:59 GMT+1
En este Año Xacobeo, las rutas del Camino renacen en Cantabria. El peregrino goza de la excepcionalidad de un conjunto lleno de historia y tradiciones que, serpenteando por la costa, traza un puente entre el pasado y el presente. De Castro Urdiales a Laredo; de Laredo a Meruelo; de Meruelo a Santander; de Santander a Santillana del Mar; de aquí a San Vicente de la Barquera y Unquera… Luego, la ruta penetra en el pozo de belleza sin fondo del interior, a través de poblaciones como Quintanilla, Potes o Santo Toribio de Liébana, con su célebre monasterio. Por: Alberto de Frutos

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Cantabria ostenta el raro y encantador privilegio de ofrecer dos alternativas únicas para el peregrino que persigue alcanzar la meta de Santiago: por un lado, la ruta del norte, y, por el otro, el Camino Lebaniego, que conduce al monasterio de Santo Toribio, lugar donde se custodia la reliquia del Lignum Crucis y que, desde 1512, permite obtener el jubileo de acuerdo con la bula concedida por el papa Julio II. El camino de la costa, también llamado, entre otras denominaciones, del Cantábrico o Alto, fue uno de los más transitados por los peregrinos durante la Edad Media. De esa forma sorteaban la amenaza de los musulmanes, como bien sabía en el siglo XIII San Francisco de Asís, de cuya peregrinación se cumplen, en 2014, ochocientos años. Por Cantabria, y de este a oeste, el Camino se puede completar en nueve suculentas etapas, que van desde los 14 kilómetros entre Castro Urdiales y Guriezo, o los 33 que separan Santander de Santillana del Mar, hasta los escasos 12,1 kilómetros entre Comillas y San Vicente de la Barquera. En todas ellas, es visible la huella revitalizante que ha impulsado el tránsito de los peregrinos, merced a los distintos alojamientos y a las oficinas de información turística, que nos acomodarán en un viaje sin sobresaltos. El itinerario se abre en El Haya de Ontón, no en vano el punto más oriental de la comunidad cántabra. Desde ahí, el viajero puede conocer los pueblos de Otañes, Santullán y Sámano, y descansar en una de las villas más espectaculares de la costa: Castro Urdiales, que nació a la Historia en 1102, año en que se constata la presencia allí del obispo de Burgos, pocas décadas antes de que Alfonso VIII la instituyera como villa a partir del Fuero de Logroño (1163). Su casco medieval y sus playas son de visita ineludible; y muy recomendable y agradecido resulta detenerse frente a su ayuntamiento, una casona de la Edad Moderna. Decía Ortega que “la casona no es, en rigor, una casa muy grande, y, sin embargo, se comprende que deje un recuerdo enorme de sí misma. Lo grande no es su dimensión, sino su pretensión y proporción”. Nada más cierto que las reflexiones de este espectador frente al ayuntamiento de Castro Urdiales. Entre El Haya de Ontón y esta localidad, la distancia es de 15,7 km, y los paisajes intermedios se graban en la retina con la perdurabilidad de la belleza.

La siguiente etapa se desarrolla a lo largo de 14 km entre Castro Urdiales y Guriezo, localidad esta última que disponía de un hospital de peregrinos, y que hoy recibe a sus forasteros en un albergue. Su iglesia de San Vicente de la Maza nos vale como ejemplo del Renacimiento religioso en Cantabria.
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