Hemeroteca :: 01/11/2011
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Villas con Historia
Última actualización 20/10/2011@09:41:03 GMT+1
Muy enfermo ya, Francisco Quevedo se instaló en Villanueva de los Infantes en busca de atención médica y cuidados. Una celda del Convento de Santo Domingo lo acogió hasta que el 8 de septiembre falleció. Y aunque no fue su voluntad, en esta villa descansaron sus restos durante 362 años. Por: Mila Fernández. Fotos: Antonio Real Hurtado / IPT Castilla La Mancha
En abril de 2007, un equipo de once investigadores de la Escuela de Medicina legal de la Universidad Complutense de Madrid identificó, como pertenecientes a Francisco de Quevedo, diez huesos –dos fémures, una clavícula, un húmero y seis vértebras–, recuperados de entre centenares de restos de hasta 167 sujetos, que yacían en una cripta de la parroquia de San Andrés Apóstol de Villanueva de los Infantes. Puesto que no existía una muestra patrón del fallecido o de descendientes suyos, la clave para la identificación la tuvo la cojera que padecía el escritor.

Quevedo había fallecido el 8 de septiembre de 1645 en Villanueva de los Infantes, concretamente en el Convento de Santo Domingo. Y, aunque él había mostrado su deseo en el testamento de descansar en la iglesia de Santo Domingo el Real de Madrid, los parroquianos de Villanueva, encabezados por el vicario, determinaron que sería inhumado en el mausoleo que la familia Bustos poseía en la iglesia de San Andrés Apóstol, en la localidad ciudarrealeña. Lo que ocurrió después con sus restos aún no está del todo claro.

UNIDO A VILLANUEVA DE LOS INFANTES
Desde que en 1545, Felipe II decidiera que Villanueva de los Infantes ejercería como Capital del Campo de Montiel, la villa vivió su Edad de Oro. Por allí apareció Don Quijote, de visita a la casa del Caballero del Verde Gabán, don Diego Miranda, y por sus calles se comenzó a ver deambular a Francisco de Quevedo y Villegas. El poeta, a lo largo de su vida, pasó largas temporadas en el pueblo vecino de la Torre de Juan Abad –era señor de la Torre de Juan Abad–, y solía hacer mucha vida en Villanueva, donde le gustaba discutir con las autoridades, parlamentar con sus amigos… Entre estos se encontraban los familiares de Santo Tomás de Villanueva, del que escribió su biografía, La vida de Fray Tomás de Villanueva, obra que concluyó en 1619.

Pero serán especialmente sus últimos años de vida los que le unieran históricamente a Infantes. Fue en el invierno de 1645, acuciado por su enfermedad y la dureza del frío, cuando se trasladó definitivamente desde Torre de Juan Abad a la villa, a la casa de su amigo, el humanista Bartolomé Ximénez Patón. El 14 de enero de 1645, en una carta, cuenta que está “excelentemente alojado en Casa del Correo Mayor, enfrente del Vicario. He vuelto mucho en mí, con la asistencia y buena compañía, y con haberme hecho algunos medicamentos, que me son de mucho alivio”.

A comienzos de marzo su estado se agrava y pide que le lleven al convento de Santo Domingo, donde en pocos días experimentó una considerable mejoría… Seis meses estuvo allí hasta que le llegó el día de su muerte.

El convento de Santo Domingo de Villanueva de los Infantes sigue en pie y en él se conserva la celda en la que pasó sus últimos días de vida.

LA CASA DEL CABALLERO DEL VERDE GABÁN
Además de Quevedo, el más grande de nuestras letras, Miguel de Cervantes Saavedra, también debió dejarse ver por Villanueva. Al menos sí lo hizo su personaje don Quijote, en el capítulo XVIII de la segunda parte de su obra: “Halló don Quijote ser la Casa de don Diego Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que, por ser del Toboso, le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea.”
En pie sigue esta casona. En ella, tras la sencilla y clásica portada y el balcón de la esquina, se abre un patio de estilo castellano, con pórticos sobre columnas toscanas, balaustrada de madera, un pozo y numerosas plantas que dotan al patio de un bonito verdor. Bajo la entrada, visible, la cueva. Aquí vivió en la imaginación de Cervantes don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán, con quien don Quijote, huésped por cuatro días, entraba en discusiones literarias y filosóficas, a la par que disfrutaban con Miranda junior, poeta aficionado.
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