Villas con Historia
Última actualización 19/01/2012@14:07:08 GMT+1
En la provincia de Tarragona, en el extremo sur, Horta de Sant Joan presume de su rico patrimonio renacentista y de haber encandilado al pintor más reconocido del siglo XX, Pablo Ruiz Picasso. Sus gentes, la vida en el campo, la naturaleza… inspiraron al genio malagueño que nunca llegó a olvidar lo que allí vivió.
Por: Mila Fernández
“Todo lo que sé, lo he aprendido en Horta”. De esta manera uno de nuestros pintores más internacionales convertía el pueblo tarraconés de Horta de Sant Joan en historia.
En este bello pueblo, situado en el límite entre Cataluña y Aragón, frente al macizo de Els Ports, que extiende sobre su cerro alargado un destacado patrimonio arquitectónico, principalmente renacentista, vivió durante dos temporadas el artista malagueño. Y aquí, como él mismo reconoció, aprendió a observar la vida rural y la naturaleza, a dibujarlas y a pintarlas.
Invitado por su amigo Manuel Pallarés –hijo del pueblo–, llegó por primera vez Picasso a Horta de Sant Joan, desde Madrid, en el verano de 1898, con 16 años. Estaba enfermo de escarlatina y consideró que su estancia en este pueblo le ayudaría a recuperarse. Durante lo ocho meses que allí permaneció se alojó, principalmente, en Can Tafetans, la masía de los Pallarés, aunque, con el calor que apretaba en el verano, Manuel y él se aventuraron a dirigirse a las montañas vecinas. Pasaron cerca de un mes en Els Ports, pintando y durmiendo en una cueva junto al río Estrets.
El contacto con la naturaleza y, después, con los trabajos del campo influyeron tremendamente en su obra, en su pintura y en su escultura. Según recoge la biografía que sobre el artista escribieron J. Richardson y P. O’Brian Picasso allí vivió algo que le marcó definitivamente: presenció una autopsia realizada a una anciana y su nieta, muertas por el efecto de un rayo, en el cobertizo del enterrador de Horta. Afirma O’Brian que “una disección tan brutal, la separación de la cara en dos partes, tuvo un efecto tan profundo en Picasso que a lo largo de los años pintaría innumerables variaciones sobre el tema”.
Ocho meses más tarde, recuperadas las energías y con cientos de recuerdos e imágenes en su cabeza, abandonaría Horta para continuar con su carrera en Barcelona…
Igual que había recibido de Horta, el recién iniciado artista dejó en estas tierras pequeñas pinturas y esbozos que reproducían escenas de la vida por estos lugares que se encuentran repartidos por el mundo.
En junio de 1909, coincidiendo con el inicio de su etapa cubista, Picasso volvió a Horta de Sant Joan. Ya era un reconocido pintor y esta vez llegó en taxi, no a lomos de una mula como la primera vez. Y en esta ocasión, no era Manuel Pallarés quien le acompañaba, sino Fernande Olivier, su amante. Durante los primeros días, ella fue la auténtica protagonista del pueblo. Vestida con chals de vivos colores, era la única mujer que entraba sola en el café y jugaba al dominó con los hombres.
En esta segunda visita, la familia de Manuel Pallarés no quiso alojarles en su casa, pues la pareja no estaba casada, y se quedaron en el Hostal de Trompet, en la plaza de Missa. A este respecto, se destaca en diferentes documentos el incidente que vivieron una noche cuando varias mujeres se concentraron bajo la ventana de su habitación y comenzaron a tirar piedras. Picasso salió hecho una furia, empuñando su pistola y disparando algunos tiros.
Pero salvo estos primeros altercados, la pareja tuvo una tranquila estancia en Horta y pronto se convirtieron en dos populares personajes, sobre todo por la costumbre de Picasso de sacar un buen fajo de billetes de mil –casi nadie había visto nunca uno– cada vez que tenía que pagar, y por su cámara de fotos, la última tecnología del momento, con la que inmortalizó escenas cotidianas y composiciones con las que haría alguna de sus obras, como La balsa de Horta, La fábrica de Horta de Ebro, Casas en la colina y El pantano.
Durante los cuatro meses que estuvo esta segunda vez, Picasso llegó a realizar unas setenta obras, que suponen el abandono de sus etapas rosa y azul y la confirmación del cubismo geométrico.
En 1969, Pablo Ruiz Picasso manifestaba: “Horta me gustaba mucho. A veces pienso que me tendría que haber quedado a vivir, pero mis amigos me decían ‘¿Y qué harás allí?’No sé, no sé, tal vez estaría mejor que ahora”.