Cumplimos 50 números. Lo hacemos con discreción, pero sin dejar de presumir, porque en los tiempos que corren las cosas son tan difíciles que no está de sobra sacar pecho ante una pequeña/gran conquista. Y es que entre otras cosas, 50 números son suficientes para demostrar que es posible sacar adelante una publicación periódica cuya única línea temática sea la Historia de España. A los escépticos los hemos tumbado pero nuestro KO no es a base de golpes, sino de páginas –unas 6.000, que se dice pronto y rápido, pero… que llevan un trabajo detrás verdaderamente intenso– y de informaciones que tienen por objeto que los lectores conozcan algo más sobre lo que fuimos y lo que somos en función de un pasado en el que hay glorias y deshonras, episodios heroicos y también capítulos penosos…
El objetivo que nos proponemos cada mes sigue intacto. Queremos demostrar que todavía quedan muchos episodios por desgranar y personas por descubrir. Hay todavía espacio para unos cuantos medios centenares más de números. Y para descubrir episodios empolvados en el recuerdo o no suficientemente valorados y estudiados. Ese ha sido uno de nuestros objetivos: enseñar al lector aquellas cosas que seguramente desconoce respecto a nuestra Historia. Sobre alguno de esos temas, como por ejemplo el que presentamos en portada este mes, hay información para escribir decenas de tesis doctorales. La figura de Felipe II –posiblemente, el rey más conocido de nuestro pasado, con permiso y excepción de los Católicos– no puede entenderse en toda su grandeza –a veces, excesivamente vanidosa– si no se comprende y conoce cuál era su perfil religioso. A fin de cuentas, esas creencias fueron su cara y su cruz (sí, efectivamente es un juego de palabras). He ahí nuestra aportación. Podríamos haber recordado estos 50 números reseñando algunos de los reportajes que más han gustado a los lectores. U ofreciendo pinceladas sobre los más de 30 grandes inventores patrios que hemos descubierto para ustedes. O, en todo caso, exponiendo cómo hemos relatado y moldeado los momentos más destacados de nuestro pasado. Pero finalmente, hemos decidido que lo mejor es ofrecer un puñado de imágenes sorprendentes y sugerentes que han estado presentes en alguno de los 50 números publicados hasta la fecha. Ya saben que una imagen vale mil palabras… ¡tampoco vamos a ser tan diferentes al resto, aunque sigamos siendo únicos en nuestro sector! No quiero finalizar estas líneas sin agradecer a todos los periodistas, historiadores y colaboradores que han pasado por estas páginas, construyendo la revista, su esfuerzo y dedicación sin igual. Dispongo de un equipo maravilloso, lo sé, y si no llega a ser por ellos los objetivos que nos planteamos en su momento no hubieran podido realizarse. Y cómo no, mi agradecimiento a vosotros, lectores, porque sois la gasolina que necesita nuestro hiperactivo motor. Sin vuestra fidelidad y compromiso nada hubiera sido posible. ¡Gracias!
Bruno Cardeñosa Director
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cardenosa@eai.es