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Arte rupestre en Cuenca

Viernes 17 de Agosto, 2018
La serranía baja de Cuenca guarda uno de los tesoros más sensacionales y todavía desconocidos de España: el conjunto rupestre de Villar del Humo, a unos siete kilómetros del pueblo homónimo. Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, al igual que el resto de yacimientos del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo, los abrigos y parajes de Villar del Humo llevan cerca de un siglo interrogándonos y embobándonos a partes iguales. Ahora, nos proporcionan también algunas respuestas y claves que desgranamos en este artículo. Alberto de Frutos

Corría el año 1917 cuando Enrique O’Kelly, ayudante de ingeniero de Montes nacido en Málaga, aunque de origen irlandés, se topó con unas sorprendentes pinturas rupestres en el abrigo de la Peña del Escrito. Informado de la existencia del paraje, que le había llamado la atención porque le recordaba el topónimo de otros lugares con pinturas, descubrió, tal como señaló en una carta, “el clásico abrigo con magnífi cas pinturas rupestres, representando animales diversos, toros, ciervos, etc.”.

Su hallazgo fue solo el primero de una larga lista que el tiempo y su mejor aliado –la paciencia– irían completando. De la Peña del Escrito los ojos saltaron a Selva Pascuala y al nombre pionero de O’Kelly se le unieron los de Eduardo Hernández Pacheco, Francisco Benítez Mellado o Amado Ruiz Ferrer, entre muchos otros.

Pero, como sucede tantas veces en España, a la emoción del encuentro le siguieron décadas de descuido, hasta que, a fi nales de los años sesenta del pasado siglo, la Acción Rescate que encabezara el citado Ruiz Ferrer sacó a la luz cuatro nuevos abrigos, que se enriquecerían, en 1979, con otras pinturas. Los once abrigos conocidos hasta entonces fueron incluidos por la UNESCO en la Lista de Patrimonio Mundial en 1998, bajo la denominación de Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, reconociendo la excepcionalidad de los conjuntos de arte rupestre al aire libre de la mitad oriental peninsular. Desde entonces, el número de enclaves conocidos se ha elevado hasta el total de 39 que se conocen en esta comarca conquense.

VISITAS CONCERTADAS
Pero ¿es posible visitarlas o su goce está reservado solo a los peritos? Es posible y a los habitantes de Villar del Humo ya no les sorprende cruzarse por las calles del pueblo con los forasteros que acuden a este reclamo del arte primitivo, al que se accede por una pista forestal. Para hacerlo, basta con concertar la visita en el teléfono 969 358 001 y preguntar por los horarios y las condiciones. Créannos: no hay regocijo mayor, no hay mayor deslumbramiento.

Sobre todo, si se hace de la mano de una obra como la que ha publicado el profesor Juan Francisco Ruiz López, Arte rupestre en la Sierra de las Cuerdas (Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 2017), que, amén de Villar del Humo, recorre otros puntos como Pajaroncillo, Henarejos y Boniches con el fin de “poner al alcance de toda la sociedad las producciones artísticas de mayor antigüedad que conocemos en la provincia de Cuenca”. Con amena erudición, Ruiz López traza su itinerario a través de distintos ámbitos territoriales –Valle del Río Cabriel, Arroyo del Reguero, Rambla del Anear, Ramblas de Peña del Escrito y de los Brezales, Vallejo de Marmalo, Valle de la Vencherque, Rodenal de Henarejos y Las Minas de Henarejos.

Nosotros nos centraremos aquí en Villar del Humo, que comprende un gran porcentaje de las estaciones con pinturas rupestres de la Sierra de las Cuerdas. Como sabemos, la zona integra los principales estilos de la pintura rupestre del territorio, tanto el levantino como el esquemático (el primero, más elaborado y concreto, recrea incluso escenas de caza) y sus expresiones se localizan sobre todo en el sector occidental.

PANELES CON ESTILO
Imposible no conmoverse ante las figuras que nos van saliendo al paso, perfiladas hace miles de años por unos individuos que se escamotearon de este paréntesis llamado “vida” gracias a un sentido de la trascendencia que se materializó en estas pequeñas maravillas. ¿Qué son, si no, los ciervos, jabalíes o cabras que sorprendemos en la Peña del Escrito, aquella que Enrique O’Kelly exploró hace ahora cien años?

Sus paneles son muy elocuentes. En uno de ellos, por ejemplo, se aprecia una cierva con una lanza o una flecha en el dorso, junto a otros animales que aportan una extraordinaria sensación de movimiento. Las inquietudes de aquellos artistas eran múltiples, heterogéneas y, entre los motivos de sus obras, encontramos también posibles referencias a la actividad solar o símbolos para nosotros indescifrables, típicos del arte esquemático. El abrigo más interesante de la Peña es el número 2, algo castigado por la erosión pero copioso en fi guras, antropomorfas o zoomorfas, e interpretaciones.

En el número 3 advertimos a un arquero que persigue a una manada formada, posiblemente, por una hembra y dos cachorros. Si nos desplazamos a Vallejo de Marmalo, un barranco que se cierra cerca de la desembocadura del río Mesto, distinguimos seis cavidades más; en la primera, por ejemplo, se reconoce un bóvido, propio del arte levantino, junto a una figura humana apenas visible; a solo 300 metros, en Marmalo II, se observan cuatro alineaciones paralelas de puntiformes; mientras que en el III sector, descubierto en 1968 por el grupo de Amado Ruiz Ferrer, un potente bóvido, entre otras figuras, luce una cornamenta en media luna y el detalle llega hasta la representación de sus orejas.

La fascinación crece abrigo a abrigo, figura a figura. En el curso del arroyo La Vencherque, que pasa cerca de Villar del Humo, nos es dado rastrear los frutos de otras cinco estaciones (Peña del Castellar, Peñalta, Abrigo del Corral del Pino de la Oración, Umbría de Las Balsas y Los Arenales), que abrazan otras tantas muestras de arte levantino y esquemático clásico. La Peña del Castellar, también conocido como abrigo de la Hoz, está como quien dice a tiro de piedra del pueblo –un kilómetro en dirección sur– y ofrece dos paneles verticales y una inusual figura en el techo.

Lamentablemente, los grafitis han dañado algunas partes de los paneles, en los que se aprecia una cabra de tipología esquemática y se ha querido ver una escena de pastoreo. A estas páginas traemos otra figura impactante: el jabalí de Peñalta, en las proximidades del Puntal de la Pililla. La cabeza se ha perdido y las patas traseras son borrosas, pero la tinta insinúa a un zoomorfo levantino de cola corta y estirada que mira a la derecha. Estos animales se suelen manifestar en escenas de caza, por lo que su “soledad” resulta especialmente llamativa.

PIGMENTOS PARA LA ETERNIDAD
La presencia de pátinas de oxalato cálcico en los abrigos de la Sierra de Cuerdas ha permitido a los científicos abordar con fiabilidad la datación de estas pinturas rupestres post-paleolíticas, que, al fin, han llegado hasta nosotros con la fragilidad y la contumacia del tiempo salvado de sí mismo.

Nuestro país puede enorgullecerse de poseer el conjunto de arte rupestre más grande de Europa, con más de 750 sitios, muchos de los cuales se encuentran en Castilla-La Mancha. Aquella sociedad fue tan creativa como fértil y lo menos que podemos hacer ahora nosotros, afortunados destinatarios de sus mensajes, es rendirles homenaje con nuestra visita, leer las historias que nos dejaron en la piedra, preservar los espacios que habitaron para que no se pierda su memoria

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