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El enigma del vaso

Martes 10 de Julio, 2018
Hallado en 1934 en el Tossal de Sant Miquel de Llíria (Valencia), el Vaso de los Guerreros pasa por ser una de las obras maestras del arte ibérico del siglo III a.C. Tras su reciente restauración, el Museu de Prehistòria de Valencia lo ha exhibido en una muestra tan esclarecedora como indispensable.

Los fondos del Museu de Prehistòria de Valencia poseen un valor incalculable, pero cualquier amante del pasado acechará encandilado la pieza que guarda la vitrina número 96. Hablamos, sí, del Vaso de los Guerreros de Llíria, centro hoy de una exposición que realza el misterio y la grandeza del arte ibérico.

Desde que fuera hallada en el Tossal de Sant Miquel de Llíria en 1934, fragmentada y parcialmente quemada, esta pieza de cerámica ha suscitado admiración e interrogantes a partes iguales.

¿Qué quisieron representar en el friso sus creadores? ¿Quiénes son los seis jinetes y seis infantes que aparecen dibujados en una aparente batalla, armados con lanzas o falcatas y escudos? ¿Se trata de una contienda real o de una recreación simbólica? ¿Tal vez de un desfile? ¿En qué circunstancias fue destruido?

La muestra, comisariada por Helena Bonet, directora de la institución, y el conservador Jaime Vives-Ferrándiz, hace balance de la cuestión y arroja luz sobre una época sembrada de claroscuros. La restauración y el análisis del vaso han ayudado a la tarea, pero también la perspicacia de sus responsables a la hora de contextualizarlo.

A propósito de la escena, Vives-Ferrándiz apunta, por ejemplo, que “está marcada por dos personajes que están enfrentados”; y, aunque no nos sea dado conocer el nombre de su ejecutor, no cabe duda alguna sobre sus intenciones.

Por la finura y la calidad del trabajo –que supera la de otras cerámicas indígenas del Mediterráneo occidental–, el Vaso tuvo que ser un encargo de la elite social de Edetania, un territorio que se correspondería en la actualidad con la vertiente occidental de Valencia y el sur de Castellón.

Si miráramos el Vaso como hay que mirarlo, es decir, con los ojos espabilados y hasta cierto punto impertinentes, detectaríamos algunas de sus claves, por ejemplo los motivos florales que salpican la escena, las escamas que presentan algunos personajes o el tipo de armamento que portan.

El Museu escudriñó todas esas pistas y complementó la exposición con objetos originales del tipo que se representan en el Vaso, así como con las fotografías que se tomaron en el curso de las excavaciones de 1934 y los calcos originales y acuarelas de José Alcácer de principios de los años cincuenta. Muchos de los documentos han sido custodiados por el Museu desde su hallazgo y se expusieron ahora por primera vez al público.

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