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¿Hasta cuándo fuimos caníbales?

Martes 16 de Enero, 2018
La especie humana incurrió en el canibalismo. Y eso está fuera de toda duda. Ha llegado la hora de “exculparles”, pues se vieron obligados a esa práctica por culpa de las glaciaciones.

Hasta en las mejores familias hay tachas o esqueletos en el armario, como dicen los ingleses, que de eso saben un rato largo. La especie humana, en su penosa evolución, incurrió en el canibalismo, como enseguida veremos. Bueno, primero unas notas sobre el origen del hombre...

¿Desciende el hombre del mono? Maticemos: no es que descienda del mono directamente, sino que el mono y el hombre descienden de un tronco común, o sea, somos primos lejanos.

Hubo un tiempo, hace millones de años, en que todavía no había hombres ni monos; había homininos (homínidos bípedos). De ese tronco ancestral partieron multitud de brotes, de los que los únicos vivos actualmente somos los seres humanos y los chimpancés.

 

DEL AUSTRALOPITHECUS AL HOMO HABILIS

Los primeros fueron los Australopithecus, que habitaban las sabanas arboladas del este de África hace entre 4 y 2,5 millones de años (a esta familia pertenece la famosa Lucy). Uno de ellos, el Australophitecus afarensis, tenía un cerebro de unos 500 centímetros cúbicos, apenas la cuarta parte del hombre actual. A partir de él se desarrollaron, a lo largo de millones de años, varias familias de Australopithecus, entre ellas la de los Homo, de los que descendemos. La única que perduró fue el Homo habilis, o “ser humano diestro”, hace unos dos millones de años, mes arriba mes abajo. Éste era ya un hombre hecho y derecho, a pesar de su aspecto simiesco. Su aventajado cerebro (de unos 700 centímetros cúbicos) le permitía servirse del fuego y hasta fabricar toscas herramientas de sílex o cuarzo, con filo cortante.

No era fácil la vida del Homo habilis. Al evolucionar se hizo omnívoro. Vagaba por la sabana devorando todo lo que le venía a mano: raíces, frutos, tallos tiernos, huevos, larvas, lagartos… ¿Se imaginan lo hambreado que debía de estar el primer hombre que comió percebes? No le hacía ascos a nada, por repugnante que pareciera, ni siquiera a los cadáveres, porque el cuitado era todavía mal cazador y tenía que contentarse con la carroña que abandonaban los félidos de grandes colmillos y otras fieras que señoreaban la llanura. También él era, a menudo, víctima de estos terribles predadores.

 

ERECTUS, ANTECESSOR Y SAPIENS

Del Homo habilis se derivaron, por anagénesis, las sucesivas especies posteriores: el Homo erectus, el Homo antecessor y el Homo sapiens. Los más antiguos homos, hace unos 1,6 millones de años, eran fornidos, de hasta 170 centímetros de estatura y, a pesar de sus facciones bestiales, alcanzaban un setenta por ciento del cerebro del hombre actual (o sea, entre 850 y 1.250 centímetros cúbicos). Se extendieron paulatinamente por África y pasaron a Asia y a Europa hace 1,5 millones de años. En la sierra de Atapuerca, cercana a Burgos, han aparecido restos de un ancestro del Homo antecessor de hace 1,2 millones de años. Del antecessor derivaron las dos especies que se extendieron por Asia y Europa, el Homo neandertalensis y el Homo sapiens.

El Neandertal era un cachas que, sin duda, habría encontrado trabajo como portero de discoteca: esqueleto robusto, aunque algo achaparrado, musculoso, una mandíbula enorme, aunque desprovista de mentón, y una frente en visera sobre los ojos; o sea, cara de bestia, lo que no quiere decir que fuera tonto. Su cerebro era parecido al nuestro, e incluso algo mayor, lo que no deja de causar perplejidad. Su origen no está muy claro. Algunos opinan que es una especie de híbrido, entre el erectus y el sapiens.

El Neandertal era un sujeto de reposadas costumbres que cualquier madre hubiese aceptado como yerno: sepultaba a sus muertos, cuidaba a sus enfermos y fabricaba con esmero herramientas de piedra. Lo malo es que no le hacía ascos a nada y también, cuando se terciaba, practicaba el canibalismo. Calma. No me tuerzan el gesto: aunque los neandertales evolucionaron en Europa, no son nuestros remotos antepasados.

 

EUROPA “NACIÓ” EN ÁFRICA

Entonces, ¿de dónde procedemos los europeos actuales? De África, querido lector. Incluso los arios alemanes vienen de allí, de la especie Homo sapiens. En Etiopía se han encontrado restos del sapiens de hace unos 150.000 años.

El hombre de Cromañón es un Homo sapiens de origen africano que llegó a Europa hace unos 40.000 años y se encontró aquí con el Neandertal. Durante algunos miles de años coexistieron las dos especies, pero el Cromañón, más listo, fue arrinconando al Neandertal, más torpón, que acabó por extinguirse. Ley de vida, dirán algunos.

¿Por qué no se fusionaron mediante casamientos mixtos? Vaya usted a saber. Parece que procuraban evitarse. ¿Se agredían? Es posible. De hecho, se ha sugerido que quizá los cromañones se comieron a los neandertales.

O sea, los refinados cromañones que, estos sí, son nuestros antepasados, también nos salieron caníbales. ¿Existe una explicación racional que los exculpe? Veamos. El hombre se ha desarrollado sobre el resto de los animales gracias a su cerebro mejor dotado. Ese cerebro ha ido creciendo con el tiempo en tamaño y complejidad. Pero a ese cerebro cada vez más perfeccionado había que alimentarlo con ácidos grasos omega 3 (sí, el de los pescados azules y las nueces). El problema era que en la última glaciación, hace  50.000 años, en una Europa tan helada como la Siberia más siberiana, escaseaban los nutrientes ricos en omega 3.

 

CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA

Los inviernos duraban diez meses y la caza más abundante, el reno, es deficitario en omega 3. Sin el aporte del precioso ácido graso, tan necesario para el buen funcionamiento del corazón y la reducción de placas en las arterias, el hombre estaba condenado a extinguirse o a evolucionar negativamente. ¿Qué hacer?

Forzados por la situación, y guiados por un instinto de supervivencia, que probablemente tenían más aguzado que nosotros, incurrieron en el canibalismo. ¿Por qué? Porque la mejor fuente de DHA que existe es el cerebro humano. El cerebro humano contiene casi veinte veces más cantidad de ácidos grasos que el de los animales disponibles en la última glaciación. La opción estaba clara. Era cuestión de supervivencia.

Recurrieron al canibalismo y estuvieron comiéndose a sus semejantes hasta que la glaciación comenzó a ceder, hace unos 12.000 años, lo que permitió la aparición de una mayor variedad de alimentos, algunos de ellos ricos en ácidos grasos. Pasado el apuro, el canibalismo fue desapareciendo, y este es el día en que solo lo practicamos por trastorno mental o por mera supervivencia (hambrunas, naufragios, etc.).

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