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“La historia que presento es como un álbum de recuerdos”

Lunes 09 de Julio, 2018
Aunque el género de novela histórica es muy dispar, la obra de Antonio Fontana reúne en sus páginas calidad literaria y reconstrucción histórica. Su calidad le convirtió en ganador del Premio Málaga de Novela. Ahora, gracias a la Fundación José Manuel Lara, su obra ve la luz. Sus páginas se convierten en una caricia que nos remonta al pasado. Su lectura es un viaje más que necesario. Hemos aprovechado para charlar con él y deleitarnos con sus palabras.

Evidentemente, el mundo ha progresado en estos últimos decenios, ¿pero se ve algo con añoranza? ¿Es tu libro una forma de plasmar esa añoranza? 

Lo que he pretendido reflejar en Sol poniente es una infancia como la mía, aunque no sea la mía. Aquellos años, aquellos juegos en la calle, aquellos enamoramientos primeros que te aceleraron el corazón cuando todo era nuevo y todo estaba por descubrir. De ahí que la novela esté teñida de un sentimiento de añoranza, de nostalgia; quizá, también, de decepción: por lo que pudo haber sido y no fue.

Me llama la atención el uso de algunas palabras que ya no se emplean. Son cambios sutiles, pero decían mucho sobre su significado. Por ejemplo, “sanatorio” sale mucho al comienzo del relato. Ahora se ha unificado, y todo el mundo llama hospitales a los sanatorios. ¿Es una forma de trasladar a las palabras la frialdad de nuestro tiempo?

Frialdad, unificado, menudas palabras... Sí. Hoy elegimos cada palabra con pinzas, mirándola al trasluz, dudando si utilizarla o no porque todo se malinterpreta. Por si fuera poco, la ironía ha quedado, casi, desterrada. Decir según qué cosas es imposible, enseguida hay alguien que confunde las palabras con pedradas y se ofende. Ha triunfado lo políticamente correcto, esa dictadura. Da miedo. Qué tiempos tan pacatos y cobardes. Como esto siga así, peligra la libertad de expresión. 

El concepto de familia se ha transformado… ¿A mejor? ¿A peor? ¿Qué crees que debemos recuperar? 

El concepto de familia se ha transformado, en efecto, y lo ha hecho para mejor, afortunadamente; porque en la época de lo políticamente correcto no todo va a ser malo... La familia ha visto cómo a su traje se le rompían las costuras, y hoy asistimos al nacimiento de otro tipo de familias, igual de válidas que las tradicionales. Tan familia es hoy la formada por un padre, una madre y unos hijos, como la que crean con sus hijos dos hombres que se aman, dos mujeres que se aman, o una mujer que decide abordar en solitario la aventura de la maternidad; lo mismo vale para un hombre solo, claro... Bienvenidos al siglo XXI. Siéntense cómodamente y asistan en primera fila al nacimiento de nuevas familias y, de paso, al nacimiento de una nueva sociedad. Ya era hora. 

Tu libro es literatura, pero tiene un alto contenido histórico. ¿Qué ha tenido más peso a la hora de escribir: los hechos o las palabras? 

Supongo que la historia, con minúscula, la trama, el argumento, y la Historia, con mayúscula. También los personajes. Todo mezclado, en realidad, en esa coctelera a la que llamamos narración. Pero al servicio de la palabra, de las palabras. Son ellas las que mandan. Siempre. 

A menudo, y es una frase hecha, se dice que quien desconoce la Historia tiende a repetirla. Pero ¿es necesario repetir algo? Si lo conociéramos todo, ¿no sería bueno que se repitiera? 

Aunque lo conociéramos todo, volveríamos a tropezar con la misma piedra, volveríamos a repetir los mismos errores. Tratamos de convencernos a nosotros mismos de que no, de que seremos más sabios e inteligentes que las generaciones anteriores. “Hemos aprendido la lección”, aseguramos satisfechos. Sin embargo, no es más que un espejismo. Como especie, somos bastante torpes. Capaces de lo mejor... y de lo peor. 

En tu libro la historia de una familia es el hilo conductor. ¿Son como eslabones de una cadena en la que están unidas unas cosas y otras?

La novela es más bien como un álbum de recuerdos, sólo que desordenados. Porque así es la memoria: caprichosa. Cronológicos son sólo los libros de Historia, pero no la memoria. La memoria recuerda a saltos, a fogonazos, sin orden ni concierto; inventado incluso. Las fotos de este álbum que es Sol poniente se han desparramado por el suelo. Ojalá el lector quiera jugar a ordenarlas.

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