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El primer antropólogo de Norteamérica

Viernes 19 de Octubre, 2018
En Del Atlántico al Pacífico (Almuzara, 2018), la escritora Eloísa Gómez-Lucena reproduce el viaje del insigne explorador Cabeza de Vaca por Estados Unidos y México. En esta entrevistas nos cuenta cómo fue su extraordinaria aventura.

P. ¿Por qué elegiste Cabeza de Vaca como protagonista de tu viaje literario?

R. Álvar Núñez me eligió a mí. La primera edición de Naufragios que tuve estaba prologada por Dionisio Ridruejo. Tras aquella lectura, Cabeza de Vaca formó parte de mi vida literaria para siempre. Quien me conoce, ha soportado con indulgencia mi entusiasmo por este personaje a lo largo de muchos años.

Ya en mi primera novela, Expedición al Paraíso (Renacimiento, 2004), Cabeza de Vaca es un importante personaje de la primera parte. Luego, vino el ensayo La odisea de Cabeza de Vaca (Edhasa, 2008) escrito en colaboración con mi marido Rubén Caba, en donde rebatimos algunas de las disparatadas suposiciones sobre este personaje y su viaje.

En este año saldrá una edición crítica de Naufragios. Y en Del Atlántico al Pacífico, sigo los pasos a Cabeza de Vaca, desde Tampa y San Agustín en Florida hasta Culiacán, en el Mar de Cortés, el Pacífico.

P. Normalmente se piensa en los descubridores y viajeros de América del Sur, ¿por qué crees que cuando en España pensamos en aquella época no pensamos también en lo que hoy es Estados Unidos?

R. Porque el wéstern ha sido la única información para muchos españoles sin inquietud cultural. Nuestros compatriotas se han creído la historia versionada por ingleses y norteamericanos. Pero si los miles de turistas españoles que van al Disneyworld de Orlando siguieran en coche hacia el noroeste a tan solo 170 kilómetros se encontrarían con San Agustín (St. Augustine, Florida): “The oldest city in the United States and the birthplace of American history”, cuyo escudo sigue siendo el de la Corona de Castilla. Es admirable cómo los norteamericanos han preservado la población europea más antigua de las que permanecen en Estados Unidos, fundada por Pedro Menéndez de Avilés el 8 de septiembre de 1565, cincuenta y cinco años antes que llegaran los peregrinos del Mayflower. Y el acta de matrimonio de los españoles Vicente Solano y María Vicente (San Agustín, 1598) es el primer documento familiar que consta en los archivos de Estados Unidos.

P. Aquellos viajes fueron tremendos, pero el vuestro no le fue a la zaga…

R. En 36 días hicimos unos 6.000 kilómetros desde que aterrizamos en Tampa (Florida, EE.UU) hasta que llegamos a Culiacán (Sinaloa, México). En coche recorrimos los estados sureños, parando en muchos lugares que aún mantienen vivo el recuerdo a los exploradores españoles. Entremedias, hicimos un viajecito en el Natchez, un barco de vapor con aromas a Mark Twain. Cruzamos en taxi el puente internacional entre McAllen (Texas) hasta la Reynosa de Tamaulipas. En Reynosa, sacamos billetes en autobús hasta Chihuahua, recorrimos 1.000 kilómetros en 14 horas. Luego, sacamos asientos para el Chepe, el tren Chihuahua-Pacífico que recorre un bellísimo paisaje a paso de tortuga para no descarrilar.

Al llegar a los Mochis, ya en el Pacífico, tomamos un autobús para bajar por Sinaloa hasta la capital, Culiacán. Y desde Culiacán volamos hasta Atlanta, para cumplir, entre otros, el deseo de acercarnos a los Apalaches, territorio adonde llegó la expedición de Narváez y Cabeza de Vaca en busca de unas quiméricas riquezas.

P. Cabeza de Vaca se encontró mucha diversidad… ¿Vosotros también?

R. Imposible la comparación, salimos perdiendo. Cabeza de Vaca fue el primer antropólogo de Norteamérica. Describe cada tribu de ese extensísimo territorio cercano al Golfo de México. Detalla sus costumbres, los animales y las plantas que hay, los tipos de huracanes y hasta las tres clases de mosquitos, “todos muy malos y enojosos”.

P.¿Qué pasos de qué explorador te gustaría repetir?

R. Ahora busco financiación para repetir el viaje que Cabeza de Vaca relata en Comentarios, su marcha desde la costa brasileña hasta Asunción de Paraguay, cuando iba a tomar posesión del gobierno en el Río de la Plata, en marzo de 1542. Este viaje de unos 1.300 kilómetros se podría hacer con un grupo de mujeres y hombres, indígenas y españoles.

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