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El monasterio de San Juan de Duero

Lunes 22 de Octubre, 2012
En las afueras de Soria, en la margen izquierda del río Duero, entre el Cerro de El Mirón y el Monte de las Ánimas, y cerca del camino oriental de entrada en la ciudad, se levanta el monasterio de San Juna de Duero. Es un viejo monasterio románico del que solo queda el cuerpo de la iglesia y las arcadas del claustro con su cerramiento, lo que en principio podría parecer poca cosa para convertirlo en protagonista de una crónica sobre su existencia. Pero el que visite este vestigio del pasado, declarado Monumento Nacional en 1882, se quedará sorprendido al contemplar algunos capiteles de la iglesia, y sobre todo la gran belleza del claustro con sus variados arcos; ya que San Juan de Duero es un excelente ejemplo de la arquitectura románica castellana, y constituye uno de los monumentos religiosos de la Edad Media más sobresalientes de toda Castilla. Texto y fotos: Marcelino González Fernández
Su origen se remonta a la primera mitad del siglo XII, cuando en la zona se asentó la Orden Militar de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, seguramente siguiendo la acción repobladora iniciada por Alfonso I el Batallador y lo establecido en su testamento, otorgado en 1131, que decía que deseaba dejar su reino “… para el Sepulcro de Cristo y el Hospital de los pobres y el Templo del Señor…”.

Los Hospitalarios se instalaron en terrenos que probablemente habían estado ocupados por una iglesia anterior, y según muchos autores levantaron la actual iglesia entre los años 1119 y 1136, aunque otros apuntan a fechas posteriores. La situación de la iglesia cerca de una de las entradas a Soria facilitaba el trabajo de la Orden en lo referente a su labor hospitalaria, de protección, apoyo y cobijo a peregrinos, caminantes y menesterosos.

El levantamiento del claustro en la parte sur de la iglesia seguramente se produjo en el siglo XIII, junto con el de varias dependencias anejas que se extendieron hacia el norte y el sur de las estructuras actualmente conservadas. Entre estas dependencias, al sur del claustro se encontraba una pequeña casa posiblemente de dos plantas; la baja podría haber sido granero y sala social, y la alta podría haber correspondido a habitaciones, con al menos dos entradas, una hacia un huerto y la otra hacia el claustro.

Se conservan algunos documentos de los siglos XII y XIII que hacen referencia al desarrollo de la iglesia y del monasterio, cuya vida monástica debió de comenzar con la construcción del claustro en el siglo XIII.

En 1608 se llevaron a cabo diversas reformas en la iglesia y el claustro, y un informe de 1619 decía que el estado general del complejo era bueno. Pero un nuevo informe de 1629 ordenaba reparar los tejados de la iglesia y el claustro, lo que no debió de surtir efecto, ya que, ante el mal estado de las instalaciones, un nuevo informe de 1636 ordenaba de nuevo llevar a cabo diversas obras, entre las que volvían a aparecer los tejados, bajo la amenaza de multas. Y en 1665 se efectuaron nuevas reparaciones.

El complejo dejó de ser monasterio en el siglo XVII, en la época de Felipe IV (1621-1665), aunque la iglesia se mantuvo como centro de culto hasta el siglo XVIII. Hacia 1640 fueron demolidas algunas estructuras, entre ellas una casa contigua al claustro. A partir de 1735 se dejo de celebrar misa de forma regular en la iglesia. En 1746 fueron solicitadas diversas ayudas para reparar varias estructuras por su deficiente estado, y un informe del año siguiente ratificaba el mal estado general del complejo. En aquella época, en la iglesia solo quedaba “el retablo de la capilla mayor, de pino y sin dorar, con una talla de San Juan Bautista, a la que acompañaban un Santo Cristo pequeño y una Santa”.

El Ayuntamiento de Soria restauró en 1787 el tejado de la iglesia, en la que se venía celebrando la fiesta de los Jurados el día de San Juan. Pero el conjunto continuó cayendo en el abandono, hasta tal punto que en el siglo XIX el interior de la iglesia estaba desmantelado, lleno de escombros y convertido en establo, mientras el claustro era un huerto, con una noria construida tras el muro de cerramiento en su ángulo suroeste. A la vista de su mal estado, Gustavo Adolfo Bécquer intentó sin éxito comprar el monasterio y convertirlo en museo. (Bécquer se inspiró en los Caballeros Hospitalarios y en los paisajes cercanos para escribir El Monte de las Ánimas).

Más adelante intervino la Comisión Provincial de Soria, que en 1881 recopiló mucha documentación sobre el antiguo monasterio, a raíz de la cual fue declarado Monumento Nacional en 1882 (la declaración fue publicada en la Gaceta el 29 de agosto de dicho año), y la Dirección General de Obras Públicas del Ministerio de Fomento aprobó un proyecto de obras para su reparación por un total de 2.600 pesetas. Las obras, realizadas a principios de 1883, se redujeron a desescombrar la iglesia, reparar su techo, que fue sustituido por el actual a dos aguas, y explanar el claustro eliminando árboles, plantas y tierra.

En 1902 el monasterio se seguía utilizando para encerrar ganado, aunque a partir de dicho año las cosas empezaron a cambiar. Se iniciaron diversas obras de restauración y recuperación del monumento, e incluso en 1916 se realizó un estudio para cubrir el claustro, que no tuvo efecto. En 1934 pasó a ser Museo Epigráfico, mostrando mosaicos e inscripciones procedentes sobre todo del Museo Celtibérico. En 1973, pasó a ser una sección del Museo Numantino. Y en 1978 recibió los fondos de la época medieval de dicho Museo Numantino, del que pasó a ser Sección Medieval en 1992.

Varias excavaciones realizadas en el claustro en 1978 y 1981 descubrieron algunas tumbas de los siglos XIII a XV. Y nuevas excavaciones realizadas en 1990 permitieron localizar los emplazamientos de once estancias de los siglos XV a XVII, dos de ellas con enterramientos y una con un horno posiblemente de cal.
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