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1492: El “Nuevo Mundo” comenzó en Haití

Lunes 25 de Enero, 2010
Desde la caída del imperio romano, la fecha más importante en la historia de la humanidad es el 12 de octubre de 1492. Aquel día, un marino genovés –o gallego, o mallorquín, o corso…– tocó tierra tras cruzar el Atlántico en una travesía que sirvió para que el Viejo Continente descubriera que existía un Nuevo Mundo. Aquel hallazgo, fueran los españoles conscientes o no de ello, amplió los límites de la Tierra. Hubo que esperar a la revolución industrial para que se produjera un cambio igual de significativo de cara al futuro planetario. Y aunque solemos decir que Cristóbal Colón descubrió América al pisar la isla de La Española –así la bautizó– lo cierto es que el nombre de la isla lo asociamos por error a la actual República Dominicana. Tampoco es de extrañar: el mundo occidental siempre se ha “olvidado” de que La Española estaba y está formada por dos naciones: República Dominicana y Haití. De hecho, los primeros pasos en tierra firme que dio Colón por aquellos lares dejaron su huella en lo que es hoy Haití. Ahí fue donde comenzó la historia con un Nuevo Mundo. Apenas unos días después de que Haití celebrara el 206 aniversario de su independencia un temblor de Tierra de 7,3 grados provocó una devastación que ha estrangulado nuestros corazones. Aunque en el momento de escribir estas líneas no hay datos oficiales, es muy probable que el número de víctimas supere las cien mil. En Los Ángeles, la tierra tembló con idéntica intensidad en 1989, pero sólo murieron sesenta personas. La diferencia no es incomprensible: la situación ruinosa del país, de su economía, de sus construcciones, y la inestabilidad del suelo tras décadas de castigo y deforestación, han hecho de Haití el lugar idóneo para que un terremoto provoque un cataclismo.

Ciudadanos del mundo entero han reaccionado conmocionados, liderando una operación de intento de auxilio humanitario sin precedentes. Pero quizá deberíamos ser conscientes de que la situación de Haití es consecuencia del empeño del mundo occidental por someter al país a nuestros dictados. Incluso una institución como el Fondo Monetario Internacional decretó en varias ocasiones el bloqueo del país debido a que sus dirigentes políticos –por cierto: pese a la independencia, no pudo haber elecciones hasta 187 años después de la victoria indígena– no admitieron las normas del sistema económico imperante. Este castigo por parte de los países ricos ha sido una constante en los dos siglos de historia del país, que fue invadido por Francia, Inglaterra y Estados Unidos en sucesivas ocasiones, tras las cuales llegaron las dictaduras apoyadas por esta triada. El castigo al que ha sido sometida la nación haitiana durante este tiempo ha hecho del país la víctima perfecta para el alarido ronco de las placas tectónicas que se rompieron tragando cualquier esperanza de futuro…
Sin embargo, no debemos olvidar que antes que estos países impusieran allí su particular ley, el primero en hacerlo fue España. Ni mucho menos hay que fustigarse por eso, pero sí tenerlo presente. Cuando Colón llegó allí descubrió que los parajes entonces floridos y verdosos estaban ocupados por el pueblo indígena arawak. El proceso de colonización español no sólo causó que el país perdiera sus recursos naturales, sino que en pocas décadas los arawak desaparecieran. Otros indígenas –esta vez africanos... y esclavos– fueron llevados hasta allí para proseguir con la apropiación de sus recursos, aunque ya fueron franceses los responsables de ello, ya que España cedió el país en 1697, pero el destino del pueblo en aquellos dos primeros siglos no ha sido tan distinto al destino posterior. Ahora es necesario que seamos conscientes de la Historia de Haití, y de que las lágrimas y desesperación que en todos ha generado la tragedia nos sirvan para comprender el porqué de tanta pobreza. Y si lo somos, quizá podamos contribuir a que lo que se edifique a partir de ahora sea una realidad más igualitaria, en definitiva, un Nuevo Mundo en donde la justicia social sea la garante del futuro.

Bruno Cardeñosa
Director
bruno.cardenosa@eai.es
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