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2 castros en los umbrales de nuestra era

Miércoles 14 de Febrero, 2018
Estos dos castros gallegos asentamientos ubicados en los umbrales de la historia de las regiones que los cobijan, que hoy nos permiten saber algo más de aquellos primitivos pobladores de la Península de hace muchos siglos.

El Castro de Baroña se encuentra en el lugar y parroquia de Baroña, en el Puerto del Son, La Coruña, al borde de la ría de Muros y Noya. Está asentado sobre unas rocas al borde del mar, en una pequeña península de relieve variado y muy accidentado, unida a tierra firma por un istmo de arena. Por el sur, oeste, norte y nordeste, limita con rompientes que dan a la mar, y por la parte sudeste presenta el istmo que lo comunica con tierra firme.

Estuvo ocupado entre el siglo I antes de Cristo y el siglo I de nuestra era por pobladores de la Edad de Hierro, que se dedicaban sobre todo a la pesca, aunque también practicaban la agricultura y la ganadería. Seguramente fue abandonado durante la época romana, hacia la segunda mitad del siglo I.

Para poder habitar en aquella zona, sus pobladores levantaron plataformas y muros de contención adaptados al terreno.

Se conservan amplios restos de murallas que debían de cerrarlo en su totalidad por la parte del istmo, tras las que se encuentra la ciudadela, en la que se pueden ver unos 30 edificios o cerramientos de planta circular, ovalada, o más o menos cuadrangular, de los que unos 20 debieron de haber sido casas. La primera línea de defensa del castro consistía en una trinchera o foso excavado en el istmo, de unos cuatro metros de ancho por tres de fondo.

Pasado el foso quedan restos de una primera muralla formada por dos muros de mampostería con un relleno de piedras y arena entre ellos. Continúa un espacio que al parecer no estuvo habitado, hasta una segunda muralla o muralla principal, formada por dos lienzos separados por la entrada a la ciudadela. El lienzo norte, o derecho mirando hacia la entrada desde el istmo, conserva un refuerzo exterior y a continuación presenta dos muros de mampostería con relleno entre ellos. El lienzo izquierdo o del sur cuenta con dos muros parecidos a los del istmo. Entre los dos lienzos de la muralla principal se encuentra la entrada, consistente en una rampa de acceso a la ciudadela o parte habitada, que debía de estar cerrada por una gruesa puerta. 

La ciudadela está formada por tres grupos de edificios, de los que se conservan las partes bajas de los muros levantados en piedra. El grupo de la izquierda según se entra (parte sur) consta de tres cerramientos circulares y siete ovalados que debieron de haber sido casas, y cinco de planta cuadrangular que debieron de haber sido corrales, almacenes y alguno de ellos forja. El grupo de la derecha (parte central hacia el norte) cuenta con tres cerramientos circulares y seis ovalados, de los que varios debieron de haber sido casas, y tiene otros cerramientos cuadrangulares o de formas irregulares. Ambos grupos están separados por un muro que seguramente era de contención del terreno, a través del que se pasa subiendo unas escaleras. Siguiendo un sendero que parte de dichas escaleras y se dirige al norte, se puede llegar al tercer grupo de edificios que está en lo alto de las rocas y por ello a un nivel superior que el resto del poblado. En el interior del castro no se han encontrado depósitos de agua, ni aljibes, ni manantiales, por lo que sus moradores tenían buscar el agua en el exterior.

Seguramente su principal dieta provenía del mar, a base de pescado y marisco, aunque también se alimentaban de ovejas, cabras, vacas, bellotas y otros frutos silvestres.

 

LAS EXCAVACIONES

El Castro de Baroña fue uno de los primeros castros gallegos en ser excavados. Las primeras excavaciones tuvieron lugar en el año 1933 en el que fue descubierto. Posteriormente se llevaron a cabo varias excavaciones y campañas arqueológicas de 1969 a 1970, de 1980 a 1984 y en 1985. Y en 2012 pasó por una gran rehabilitación que en parte le devolvió el aspecto que debió de tener en otros tiempos. Durante las campañas se encontraron trabajos en piedra, restos de tejidos y vestigios de metalurgia. También aparecieron utensilios de pesca, muchos anzuelos, conchas y espinas de pescado. Hoy el Castro está declarado Patrimonio Artístico Nacional y Bien de Interés Cultural.

 

CASTRO DE VILADONGA

El Castro de Viladonga se encuentra en un paraje de unos 535 metros de altitud sobre el nivel del mar, en Castro de Rei, Lugo, en el extremo noreste de la comarca de Terra Chá y muy cerca de la Sierra de Meira. Fue descubierto a principios del siglo XX, su extensión total se estima en unas cuatro hectáreas, y reúne los restos de un asentamiento galaico-romano, datado entre los siglos III y V de nuestra era.

Su estructura es la de un poblado casi circular o cuadrangular irregular con los vértices redondeados, de 100 x 95 metros. Está rodeado de murallas de 12 a 14 metros de altura con fosos. Cuenta con dos antecastros o terrazas previas, y dentro de las murallas encierra la ciudadela o poblado, en el que se encuentran la mayor parte de las construcciones, consistentes en casas, almacenes y corrales, de los que se conservan las partes bajas de los muros, hechos de pizarra. Dichos edificios aparecen organizados en barrios o manzanas separadas por dos caminos o calles principales longitudinales, una orientada norte-sur y la otra este-oeste, y una tercera calle o ronda interior, que corre paralela a la muralla principal.

En ocasiones las construcciones forman parte de conjuntos complejos con un patio interior. Otras veces consisten en grupos de dos o tres viviendas con dependencias anexas, que pudieron haber sido talleres, cuadras de animales o corrales. También hay casas aisladas y algún edificio que seguramente fue usado con fines sociales. Y existen otros restos de muros, escaleras, atrios, y agujeros para sujetar postes. Las formas cuadrangulares de muchos edificios, la existencia de tejas de barro y otros detalles demuestran la romanización del lugar.

Al castro se accede por una entrada en la parte oriental, que en su momento estuvo franqueada por una puerta, y donde se pueden ver cuatro murallas y tres fosos intermedios. En la parte occidental se encuentra otra puerta que da acceso al antecastro de aquella zona, que seguramente se usó para el cultivo, cría de ganado o para levantar nuevas construcciones. El 11 de diciembre de 2009 fue declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Galicia.

 

UNA CUEVA CON LEYENDAS

En la parte sur del antecastro oriental se encuentra una cueva que ha sido motivo de muchas leyendas, como la que dice que era una “...boca por la que los moros llevaban a beber los caballos...”, o la que dice que “...la cueva del Castro tiene la salida en Doncide...”. Aunque seguramente se hizo en su momento a modo de pozo para buscar agua, ya que de momento, en la ciudadela no ha aparecido ningún pozo ni aljibe. Aunque también pudo haber sido una excavación o prospección minera, en la búsqueda de vetas de cuarzo aurífero. Lo curioso es que en su interior hoy se puede ver un musgo luminoso, que es una especie protegida de moho de color verdoso.

Las primeras excavaciones sistemáticas del castro comenzaron en 1971, y se han desarrollado principalmente en dos períodos.  El primer período fue de 1971 a 1978, en el que quedaron al descubierto la mayor parte de las construcciones, al tiempo que se realizaron catas en diferentes lugares de los antecastros y las murallas defensivas. El segundo período comenzó en 1983 y continúa en la actualidad, en el que se han realizado nuevas excavaciones, retirada de tierras, estudio estratigráfico de las diferentes estructuras, limpieza del terreno entre murallas, y tras un estudio topográfico, en 1984 se levantaron los correspondientes planos.

Durante estas excavaciones y en los consiguientes trabajos de tipo arqueológico, han sido rescatadas muchas piezas que permiten llevar a cabo un detallado estudio del castro y de sus habitantes. Ya en el año 1911 había aparecido un valioso torque de oro de 180 gramos, que hoy se conserva en el Museo Provincial de Lugo. Durante los trabajos realizados entre los años 1972 y 1975 apareció otro torque de oro de peor calidad. Y fueron encontradas otras piezas, como un anillo de oro con una esmeralda, apliques, fíbulas, broches, llaves, pesas, tejas, piezas de cerámica, herramientas, útiles de piedra, bronce y hierro, armas, molinos de mano, arreos de caballos, tableros de juego, vidrios, monedas, armas y otros objetos.

Para proteger los muros excavados y restaurados de los diferentes edificios, las partes altas han sido cubiertas con losas de pizarra en las que se puso hierba, con lo que se consigue integrar el conjunto en el paisaje y evita su degradación por los visitantes.

¿Qué eran los castros?

LA CULTURA CASTREÑA existió al noroeste de la península Ibérica desde el siglo II antes de Cristo, al _nal de la Edad de Bronce, y se extendió hasta el siglo V de nuestra era. Estuvo presente en la parte norte de Portugal a partir del río Duero, toda Galicia, la parte oeste de Asturias, la provincia de León, y la provincia de Zamora al norte del Duero. Su gente vivía en pequeños núcleos forti_cados, hoy conocidos como castros. Y dependiendo del lugar de cada asentamiento, su economía y subsistencia podía ser agrícola, ganadera, pesquera o de caza, al tiempo que practicaban la cerámica, metalurgia y minería.

 

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