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Las claves del asedio de Numancia

Lunes 15 de Mayo, 2017
En el verano del año 133 antes de Cristo, la ciudad celtibérica de Numancia, situada a unos siete kilómetros al norte de la actual ciudad de Soria, prefirió morir antes de verse sometida a la dominación de Roma.
Numancia, Alejo Vera

Cuando Publio Cornelio Escipión Emiliano consideró que su ejército estaba preparado, se trasladó a las inmediaciones de Numancia, evitando encuentros con tropas peninsulares que pudieran entorpecer su misión. Y se posicionó frente a la ciudad en octubre del 134 antes de Cristo. Su estrategia no fue atacar a la ciudad de Numancia. En su lugar decidió ponerle un duro cerco, para que los numantinos no pudieran recibir ni víveres ni refuerzos, lo que les llevaría a la rendición por la falta de recursos.

Para empezar, atacó los lugares de los alrededores donde los numantinos se aprovisionaban, recogió lo que consideró necesario para la manutención de su gente, quemó el resto y arrasó los campos de cultivo. Organizó siete reductos o campamentos alrededor de la ciudad: Castillejo, Travesedas, Valdevorrón, Peña Redonda, Rasa, Dehesilla y Alto Real, y dos castillos ribereños: Molino de Garrejo y Vega de Garray, para cerrar el cauce del Duero. Construyó fosos, terraplenes, empalizadas, un grueso muro de unos nueve kilómetros rodeando Numancia con unas 300 torres, y unió los siete campamentos, que cerraron totalmente los accesos de aprovisionamiento y apoyo a la ciudad. Utilizó un buen sistema de señales que permitía comunicar alarmas, transmitir órdenes y mover soldados con rapidez. Dotó a las torres con ballestas, catapultas y otras máquinas de guerra, organizó guardias, y dispuso ballesteros y honderos por todo el perímetro. Y como el Duero era un punto por donde los sitiados podían recibir refuerzos y víveres, en sus orillas construyó los dos castillos de Molino y Vega, con estructuras de vigas, chuzos y lanzas para cerrar el lecho del río.

Escipión llegó a contar con más de 60.000 soldados, entre romanos, peninsulares y de otros países, además de 12 elefantes para ser utilizados como torres móviles. Para el asedio dividió a sus fuerzas en tres grupos: uno de 30.000 hombres para proteger el cerco alrededor de Numancia; otro de 20.000 para efectuar salidas y contraataques; y el tercero de 10.000 como reserva.

EL ASEDIO
Los numantinos –unos 4.000 soldados y otros 4.000 allegados leales– soportaron el fuerte asedio con valentía. En algún momento parlamentaron con Escipión, que exigió su rendición sin condiciones, por lo que siguieron aguantando. Con el tiempo, y por la falta de víveres, llegaron al canibalismo. Hasta que después de varios meses de sitio, en el verano del año 133 antes de Cristo, a la vista de su desesperada situación por el hambre, las enfermedades y la falta de todo lo necesario para sobrevivir y continuar la lucha, decidieron finalizar el sitio. Incendiaron la ciudad y en su mayor parte pusieron fin a sus vidas antes de entregarse a los sitiadores. Solo unos pocos supervivientes fueron mostrados como trofeos y vendidos como esclavos.

Los numantinos incendiaron la ciudad y en su mayor parte pusieron fin a sus vidas antes de entregarse a los sitiadores

De este momento, Apiano de Alejandría  dejó escrito lo siguiente en su obra Las guerras ibéricas: “Al principio muchos se mataron con diversos géneros de muerte, según su gusto; los demás al tercer día salieron al sitio señalado, que fue un espectáculo terrible y atroz de todos modos. Tenían los cuerpos inmundos, cubiertos con los cabellos, costras y lacería que despedían hedor: los vestidos que les cubrían, derrotados y no menos pestíferos. No obstante ser este un espectáculo digno de compasión a los romanos, con todo les causaba espanto su vista, porque veían aun en ellos pintada la rabia, el dolor, el trabajo y el remordimiento de haberse comido unos a otros”.

Finalizada la campaña, Escipión regresó a Roma, donde desfiló con medio centenar de numantinos cautivos para celebrar su victoria contra aquella ciudad, que había sido una pesadilla para el imperio. 

Lee el artículo completo en el º143 de la revista Historia de Iberia Vieja

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