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Talayótica, una cultura por descubrir

Jueves 11 de Enero, 2018
La cultura talayótica de la Menorca prehistórica es, sin duda, todo un desafío para la arqueología, que no ha dejado de descubrir año a año la forma de vida de unas comunidades sin jerarquías y con una arquitectura ciclópea que bien les hizo ganarse un mito de gigantes.

Lo que sabemos de la Cultura Talayótica, esa sociedad que habitó el archipiélago balear entre el Bronce Final y la Edad del Hierro, es solo comparable a lo que ignoramos. ¿De dónde venía ese “pueblo de gigantes”? ¿Qué lengua hablaba? ¿Qué pueden contarnos la antropología arqueológica, la filología clásica o la paleografía sobre aquellos pobladores?

La Societat Històrico Arqueològica Martí i Bella planteó interrogantes a varios primeros espadas de la Filología, la Prehistoria y la Antropología de nuestro país, a modo de balance pero también de prospectiva. Porque, aunque escasean las fuentes y las hipótesis no siempre coinciden, la Prehistoria no es una página en blanco. Las interpretaciones, inevitablemente proteicas, van construyendo un discurso cada vez más coherente, en el que las distintas ramas del saber se alían para trazar una historia posible de aquellos antepasados que sembraron las Gimnesias de unas construcciones –los míticos talayots–, acerca de las cuales es imposible pronunciar la última palabra.

 

LA LEYENDA DE LOS GIGANTES

Menorca no es una isla de certezas, y ya sabemos que cuando la verdad no basta aflora la leyenda. Esas “T” de los santuarios –con forma de mesas o taulas– bien podrían ser la tarjeta de visita de unos Titanes que, en un contexto de crisis, tuvieron la ocurrencia de pavonearse así de su prestigio. ¿O se preparaban acaso contra el asalto de sus rivales? El tamiz de la imaginación ha querido alumbrar una narración fabulosa sobre los primeros pobladores de Menorca, a quienes esquematizamos con los rasgos de gigantes. Jaume Mascaró Pons, profesor de Antropología de la Universitat de Barcelona, señala que “la mayoría de las narraciones de la tradición popular menorquina tienen que ver con el contexto de las cuevas, como sucede con la Cova d’en Xoroi, encuadrada en la colonización árabe”. Para este experto, la Cultura Talayótica, que cautivara las mentes románticas del siglo XIX, suele comparecer con unas historias en las que la piedra es un elemento determinante.

Así sucede con la que quizá sea la leyenda más divulgada de la isla, que tiene como protagonistas a dos jóvenes gigantes que, disputándose el amor de una mujer, nos acabaron regalando, ¡como quien no quiere la cosa!, la naveta des Tudons, el monumento más fotografiado de la isla.

Por supuesto, esos gigantes son meros sueños que alimentan nuestra fantasía, pero ¿qué sería del ser humano sin la fantasía? Todas las culturas se nutren de elementos mitológicos y mágicos o de personajes portentosos que vencen todos los obstáculos hasta la consecución final de su objetivo. Pero ¿hablamos de seres de otro mundo o más bien del nuestro? Porque, releyendo la frase, uno diría que hemos trazado el retrato robot de un arqueólogo, que desde luego no tiene ocasión de aburrirse en Menorca.

 

HABLAN LOS GENES

Cristina Rihuete Herrada es profesora de Prehistoria de la Universitat Autònoma de Barcelona y formó parte del equipo que desentrañó los secretos de la Cova des Càrritx, descubierta en 1995 por los espeleólogos Pere Arnau y Josep Márquez.

En su ponencia esclareció la quintaesencia de la migración a la isla. ¿Cómo llegó hasta allí la gente? ¿Hubo conflicto o integración? Los registros refutan la tesis de una jerarquización social, lo que podemos corroborar por la ausencia de enterramientos individuales. Gracias a los avances de la paleodemografía y la paleogenética, nos ha sido dado estudiar los cambios en las materias primas, los artefactos, la tecnología o la expresión simbólica. Si es cierto que los sapiens “nacieron” en África hace unos 200.000 años, no lo es menos que la población autóctona europea fue “reemplazada” paulatinamente por grupos provenientes de Anatolia y el Próximo Oriente. “La implantación del componente genético ‘estepario’ en Europa la datamos entre 2800 y 2500 antes de nuestra era (Calcolítico campaniforme) y será un poco después, entre el 2200 y el 2000, cuando comenzará la colonización de Menorca (inicio del Bronce antiguo)”. Menorca habría sido un área de refugio para grupos de migrantes del Languedoc –los dólmenes baleáricos no son tan diferentes de las tumbas megalíticas de esa región del sur de Francia– y del noreste de la Península, esto es, las zonas ribereñas de la actual Cataluña. El pico de crecimiento demográfico coincidiría con la implantación de los flamantes asentamientos naviformes.

 

EL ESPACIO FÍSICO

El paisaje menorquín abunda en huellas que los especialistas en Prehistoria siguen traduciendo sin desmayo. Somos nosotros quienes llenamos ese cuadro con nuestra experiencia diaria, porque el paisaje forma parte del cuerpo social.

Y el análisis cabal de los yacimientos clarifica su naturaleza. Sabemos, por ejemplo, que el llamado período talayótico se caracterizaba por una arquitectura monumental ligada a las prácticas comunitarias, con un notorio despliegue de talayots de planta circular o cuadrada, localizados de manera aislada, agrupados o integrados en poblados.

De la atenta observación de esa trama podemos extraer varias conclusiones, que Manuel Calvo Trías, profesor titular de Prehistoria de la Universitat de les Illes Balears, resume así: “Los yacimientos se conectan visualmente unos con otros, se ubican en espacios con recursos y se reconoce en ellos una fragmentación del conocimiento tecnológico”. Luego, hay que examinar el cambio en los patrones, porque nada –ni siquiera nuestros hábitos, dura eternamente.

La semantización del espacio, insistimos, pasa por su mejor conocimiento. Impresiona leer acerca de las excavaciones arqueológicas que, temporada tras temporada, siguen sacando a la luz unos misterios que la tierra se tragó hace miles de años.

Los hitos de Es Càrritx y Es Mussol, que honraron la exposición Peinando la muerte. Rituales de vida y muerte en la Prehistoria de Menorca, no son inalcanzables, aunque pusieron el listón muy alto. Una de las campañas más interesantes de los últimos años, coordinada por la Universidad de Granada, se desarrolla en la cueva de Biniadrís (Alaior), descubierta por el equipo del espeleólogo Pere Arnau en 2013. Las excavaciones han completado su segunda campaña en 2017, con unos resultados pasmosos. “Se han encontrado restos óseos y diversos materiales arqueológicos, objetos metálicos, recipientes de madera, botones…”, enumera la Doctora Marta Díaz-Zorita. Entre los restos, tanto femeninos como masculinos, hay que subrayar los de varios individuos infantiles y perinatales. Los cráneos trepanados confirman el dominio que las poblaciones prehistóricas tenían de esta práctica, en tanto que las diferentes alturas y complexiones nos revelan que el uso de la cueva se mantuvo a lo largo del tiempo.

El estado de conservación de Biniadrís podría ser análogo al de Mussol, Càrritx o Pas, lo que nos ilustra sobre las pautas funerarias de la isla en su conjunto. Cruzar su puerta monumental de piedra seca no es tarea sencilla, como tampoco lo fue para nuestros ancestros. ¿Qué delata este inmenso osario? Aún es pronto para decirlo. La parte excavada representa un porcentaje mínimo para lo que todavía nos queda por ver. ¡Armémonos, pues, de paciencia!

 

Si quieres, puedes saber más haciéndote con el número 151 de Historia de Iberia Vieja. 

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