Se encuentra usted aquí

30 años del juicio sobre el síndrome tóxico: ¿Fue el aceite de colza?

Viernes 31 de Marzo, 2017
Se cumplen 30 años del juicio más multitudinario de la historia de España: el juicio de la colza. Hubo más de 1.000 víctimas. 1.000 muertos. 1.000 asesinatos. El tiempo ha hecho que todos creamos sin dudarlo que fue el aceite de colza el culpable de esas muertes. Ya algunos alzaron la voz entonces. Les escucharon, pero su voz se fue apagando con el tiempo… Hoy los recuperamos.

Después del juicio hubo más y se habla de un total de casi 1.000 víctimas mortales –algunas fuentes elevan la cifra todavía más– y 25.000 afectados. La sentencia fue “tibia”, ya que aunque recoge la existencia de un nexo entre las muertes y el envenamiento masivo, las exposiciones de algunos especialistas que ponían en duda ese vínculo quizá alteraron el resultado. O no. Y es que aunque pasó y se dijo de todo… sí hubo una incógnita fundamentada.

El juicio duró 15 meses. Se llevó a cabo en la Sección Segunda de la Audiencia Nacional. De todos los encausados, había ocho que acumulaban la mayor parte de petición de pena del fiscal, Eduardo Fungairiño. Sólo dos de los acusados acabaron entre rejas más allá del juicio. Y aunque la sentencia recoge la culpabilidad de los aceiteros, la condena no fue ejemplar. La sociedad quería ver entre rejas a los culpables, fuera cual fue la causa de las muertes. La sentencia –que llegó 11 meses después del final del juicio– no contentó a nadie. Y la infelicidad por ello dura hasta hoy.  Y seguramente será eterna…

Todo empezó hacia 1981…

El presidente Adolfo Suárez había dimitido en medio de una vorágine institucional que estaba desmembrando el país desde sus cimientos, afectando a todas las instituciones y en medio de insistentes rumores de rebelión en el seno de un Ejército que estaba atestado –y apestado– de nostálgicos del régimen franquista. No es de extrañar que –cuando Leopoldo Calvo Sotelo se sometía a la aprobación como nuevo presidente en una votación en el Congreso– el 23 de febrero el país asistiera a un golpe de Estado sobre cuya responsabilidad última aún no se ha escrito la última página. Afortunadamente, y aunque lo querían así menos de los que parece, triunfó la democracia y la libertad, pese a que esa democracia y libertad no estaba asentada aún entre los circuitos neuronales de todos los que mandaban en la España de entonces. Gobernaba la Unión de Centro Democrático (UCD), pero era un gobierno que tenía escrita su defunción, especialmente tras la dimisión de Suárez. La desmembración del partido, que aglutinaba interes y tendencias de corte y pelaje dispar, era un hecho al tiempo que se avecinaba un futuro en el cual el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) alcanzaría la victoria en breve. Su líder, Felipe González, todavía ataviado con chaquetas de pana, llevaba tiempo preparando la maleta para mudarse a la Moncloa. Su futuro cargo era cuestión de tiempo…

En ese contexto iba a ocurrir algo que vino a enturbiar aún más la situación social española pero que acabaría por demostrar cómo la opinión pública puede ser manipulable aun cuando existiera una aparente libertad. Una demostración de cómo las masas pueden perder el criterio cuando el río conduce en una dirección...

LA VERSIÓN OFICIAL
El mal se presentaba en tres fases. Tras los problemas respiratorios severos llegaban problemas en el funcionamiento normal de todos los órganos, a los que había que sumar afecciones nerviosas. Había más afectadas que afectados, en un proporción de 3 mujeres por cada 2 hombres. También cabe señalar que, en la mayor parte de los casos, los enfermos vivían en los cinturones obreros e industriales de las ciudades afectadas, en donde se suponía que existen más personas que mantienen una dieta alimenticia más económica.

El día 10 de junio se efectuó a través de Televisión Española el anuncio de que el agente causante del mal era el aceite de colza. En opinión del Ministerio de Sanidad todo estaba explicado. Había sido como por arte de magia. Sin embargo, ya para entonces el brote había empezado a remitir, pero decenas de miles de personas ya presentaban los síntomas.

Aunque ya existían voces autorizadas que apuntaban a otra causa para explicar el síndrome tóxico, la versión oficial fue que el culpable absoluto de todo era el aceite desnaturalizado, que se importó desde Francia para uso industrial. En la cadena comercial el producto acabó siendo destinado para el consumo humano. Se trataba de una anilina que contenía el aceite. Su proceso de refino había causado el mal.

Andreas Faber Kaiser, fue uno de esos comunicadores únicos en su valentía y su atrevimiento, que escribió en marzo de 1988 un libro titulado Pacto de Silencio (Ed. Compañía General de las Letras), que no es sino uno de los libros más audaces y extraordinarios que jamás se hayan escrito sobre las maquinaciones del poder en contra de los ciudadanos para proteger intereses comerciales de las grandes multinacionales. Aunque no hay pruebas de ello, su fallecimiento, víctima del sida, poco tiempo después, se ha llegado a interpretar como una venganza por parte de quienes había desnudado en su obra. Pero no había sido el único que falleció entre los más valientes de esta terrible historia...

Es hora de citar al Dr. Antonio Muro Fernández Cavada, que tras disentir de la versión oficial murió como consecuencia de una enfermedad mortal. Era, por entonces, subdirector del Hospital del Rey de Madrid. Apenas cinco días después de la muerte de la primera víctima del síndrome tóxico, y a tenor de la gran cantidad de enfermos con síntomas que estaban llegado a su centro, puso a su equipo de investigar las causas del brote. Si se descubrían las causas, podría salvarse la vida de los enfermos aplicándoles el tratamiento más oportuno.

Lee el reportaje de Bruno Cardeñosa al completo en el nº142 de Historia de Iberia Vieja

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario