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Alfonso XIII el rey del sexo

Jueves 11 de Agosto, 2016
De todos los reyes de la historia, Alfonso XIII es el que tuvo una vida más agitada, pero se divirtió... Y mucho. Especialmente gracias a sus aficiones pornográficas. Algunas películas de este género fueron producidas en España por iniciativa del rey cachondo.

Varias fuentes afirman que Alfonso XIII guardaba una colección de fotografías de mujeres desnudas retratadas en actitudes provocativas que poco o nada tenían que ver con representaciones que obedecieran a inquietudes artísticas.

Muchas de las modelos del rey habían sido sus amantes, damas más o menos respetables que habían aceptado posar atendiendo a los deseos lúbricos del monarca. Se cuenta que el rey atesoraba esas imágenes como preciados trofeos de sus conquistas.

Lo cuenta José Luis Hernández Garvi en el tema de portada del número 134 de Historia de Iberia Vieja. Los gustos sicalípticos de Alfonso XIII fueron un paso más allá cuando encargó varias películas eróticas. Aunque en nuestros días el adjetivo sicalíptico se encuentra casi en desuso, sustituido por otros como “pornográfico”, en las primeras décadas del siglo XX fue muy utilizado para referirse a espectáculos “subidos de tono”

En contra de lo que se supone, las películas pornográficas no son un género cinematográfico reciente. Tan antiguas como los orígenes del cine, su producción solía realizarse por encargo y eran proyectadas en prostíbulos de alto standing que solían ser frecuentados por clientes de postín. Aquellos que podían pagar su alto precio podían contemplarlas en la intimidad de sus residencias. El conde de Romanones, Presidente del Consejo de Ministros, siempre solícito y dispuesto a satisfacer los caprichos del rey, ejerció de intermediario en este negocio contactando con los hermanos Ricardo y Ramón Baños para encargarles su rodaje, cineastas avalados por su prestigio y quién sabe si por la experiencia de trabajos anteriores de este tipo de los que todavía no se ha encontrado rastro. Los hermanos Baños, que anteriormente habían filmado a los reyes en sus viajes oficiales por España, aceptaron sin hacer demasiadas preguntas, más aun teniendo en cuenta que el encargo podía reportarles una importante cantidad de dinero.

Antes de empezar a rodar, los productores hicieron un casting en el barrio chino de Barcelona, proceso de selección del que salieron las actrices protagonistas.

Sus compañeros masculinos de reparto también debieron pertenecer al mismo entorno, tratándose posiblemente de rufianes y proxenetas de los bajos fondos barceloneses. Nunca se han podido conocer sus verdaderas identidades pues las películas fueron montadas sin títulos de crédito. El estudio y los decorados donde se rodaron pertenecían a Royal Films, la productora fundada por los hermanos Baños.

En la década comprendida entre 1915 y 1925, los dos cineastas rodaron al menos tres películas pornográficas para uso y disfrute de Alfonso XIII, cintas que han llegado hasta nuestros días. Todo apunta a que no debieron ser las únicas, si bien la falta o pérdida de registros y fuentes históricas fiables impide confirmar ese dato. En caso de haber existido, se perdieron para siempre o siguen de momento desaparecidas.

Hernández Garvi proporciona en el reportaje algunos datos de los productores del rey.

ORIGINARIOS DE BARCELONA, los hermanos Ramón y Ricardo de Baños rodaron algunas de las producciones cinematográficas españolas más importantes del primer cuarto del siglo XX. Llegados al cine a través de la fotografía, al inicio de sus respectivas carreras Ramón se especializó como camarógrafo, aprendiendo técnicas rudimentarias de rodaje, mientras Ricardo se dedicó al trabajo de producción en Hispano Films, empresa barcelonesa que intentaba hacerse un hueco entre una balbuciente industria que en esos años comenzaba a dar sus primeros pasos. Ramón se especializó en el rodaje de documentales, películas que tuvieron gran aceptación entre el público y afianzaron su prestigio profesional. Estos primeros éxitos le valieron fi rmar en 1911 un contrato para viajar a Brasil y rodar allí una serie de cintas publicitarias, oportunidad que no desaprovechó y que le convirtió en uno de los pioneros del cine brasileño. Su trabajo le llevó a recorrer gran parte de Sudamérica, pero regresó a España para recuperarse de unas fiebres que había contraído en el continente americano. De nuevo en Barcelona, se asoció con su hermano mayor y juntos fundaron en 1914 Royal Films. Al frente de su propia productora rodaron varias películas en las que se intercambiaron alternativamente el trabajo de dirección y elaboración de los guiones, aunque Ramón siempre se ocupó del aspecto visual imprimiendo su estilo personal.

A partir de 1916 los dos hermanos afrontaron sus proyectos cinematográficos más ambiciosos. Ese año rodaron La vida de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, un biopic sobre la vida del descubridor que se convirtió en la película más cara de su tiempo, una auténtica superproducción con un coste de más de un millón de pesetas en la que gran parte del presupuesto se lo llevó la construcción de tres réplicas fi dedignas de las carabelas. La cinta, realizada en coproducción con Francia y dirigida por el francés Gerard Bourgeois, cosechó un gran éxito de crítica y público.

Su segunda gran película de aquellos años fue una adaptación del drama teatral de Don Juan Tenorio. Rodada en 1922, fue una producción exclusiva de Royal Films en la que Ricardo apareció como director en los títulos de crédito y Ramón como director artístico. El resultado fue una cuidada cinta en la que los dos hermanos dedicaron especial atención a los aspectos relacionados con la ambientación, construyendo grandes decorados y rodando en exteriores para dar credibilidad a la historia, y a la interpretación de los actores, alejada de los registros sobreactuados tan característicos en el cine mudo. Estas dos cintas marcaron la cima de la carrera artística de los hermanos Baños. Royal Films siguió produciendo películas hasta 1937, pero ninguna alcanzó la calidad de las anteoriores. La crisis de la industria cinematográfica española y la Guerra Civil acabaron con la empresa familiar. Ricardo falleció en 1939 y su hermano Ramón siguió trabajando como camarógrafo en películas rodadas durante la posguerra.

La fama de conquistador incorregible del rey de España se extendió por las cortes de toda Europa.

Entre sus numerosas amantes no solo hubo aristócratas y cortesanas, contándose también plebeyas y actrices. En esta segunda categoría hay que destacar a la irlandesa Beatrice Noon, institutriz de sus hijos, con la que Alfonso XIII tuvo una hija natural nacida en París a la que bautizaron con el nombre de Juana Alfonsa Milán Quiñones de León. La francesa Melanie de Vilmorin, esposa de un acaudalado hombre de negocios, también le dio un hijo bastardo al que llamaron Roger de Vilmorin para evitar el escándalo.

Al margen de estos a_ aires, el rey siempre mostró un especial interés por los encantos de las artistas del mundo del espectáculo más famosas de aquellos años. Entre sus conquistas se cuentan las vedettes Celia Gámez y Carolina Otero, más conocida esta última como la Bella Otero, mujeres que no pudieron negarse a los deseos regios. Aunque Alfonso XIII solía cansarse pronto de sus amantes, el caso de la actriz Carmen Ruiz Moragas fue una excepción. Aunque no puede llegar a afirmarse que el monarca estuviera realmente enamorado, sí mostró hacia ella cierto cariño y un trato especial, instalándola en una gran casa antes de retirarla de los escenarios. Su romance fue bastante largo y con ella tuvo dos hijos, Teresa Alfonsa y Leandro Alfonso.

Lee el artículo completo en Historia de Iberia Vieja nº134 de agosto de 2016.

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