Se encuentra usted aquí

El Ángel Exterminador

Martes 23 de Febrero, 2016
Según diversos historiadores, el Ángel Exterminador fue una sociedad secreta de verdugos protectores de la fe que surgió en el primer cuarto del siglo XIX. Dirigida por el obispo de Osma y compuesta por altos cargos eclesiásticos, por políticos e incluso por legendarios bandoleros, su desarrollo se nos presenta hoy tan confuso, que una minoría llega al punto de dudar de su existencia. Por: Juan Sánchez
Ángel exterminador, Cayetano Ripoll
Los objetivos del Ángel Exterminador no eran otros que destruir las ideas del liberalismo y derrocar a Fernando VII, a quien veían como demasiado progresista e influido por las ideas francesas. Su intención era, pues, proclamar como rey de España a su hermano Carlos María Isidro, con objeto de fundir el poder político con el de la iglesia. Combatir a los opositores de la Inquisición y perseguir cualquier falta a “las normas del buen cristiano” se contaban también entre sus objetivos, no importaba si para ello tenían que recurrir a la intriga o el asesinato.

Un famoso caso que, por lo general, se asocia a las acciones ocultas y criminales del Ángel Exterminador es el del juicio y ejecución de Cayetano Ripoll en 1827. Ripoll (1778 - 1826), profesor de escuela, fue acusado de hereje y ejecutado por “sospechársele” masón y haber estado en contacto con la creencia deísta cuando fue hecho prisionero en Francia, tras ser capturado mientras combatía en la Guerra de Independencia como oficial de infantería. Se cuenta que fue secuestrado en octubre de 1824 por el Ángel Exterminador para ser llevado a juicio, una idea que apoyan investigadores como J. Felipe Alonso, autor de Sectas y sociedades secretas: de la A a la Z (2006).

La Audiencia de Valencia, sin contar con la autorización del rey, se saltó el protocolo, tal vez por la presión secreta del Ángel Exterminador, y dictó y ejecutó la sentencia el 31 de julio de 1826

El arzobispo de Valencia remitió un informe al nuncio, representante diplomático de la Santa Sede, que, entre otras cosas, sostenía lo siguiente: “No creía en Jesucristo, en el misterio de la Trinidad, en el de la Encarnación del Hijo de Dios, en el de la Sagrada Eucaristía, ni en la Virginidad de María Santísima, ni en los Santos Evangelios ni en la infalibilidad de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana; no cumplía el precepto pascual, impedía a los niños que dijesen 'Ave María Purísima' y que hiciesen la señal de la cruz, que no era necesario oír misa para salvarse y retraía a los mismos a dar la debida adoración al Señor Sacramentado, cuando era llevado para administrar el viático a los enfermos”.

Ripoll fue condenado a muerte bajo la acusación de “hereje contumaz”. Su caso se remitió a la justicia real, un trámite habitual en la época, pero la Audiencia de Valencia, sin contar con la autorización del rey, se saltó el protocolo, tal vez por la presión secreta del Ángel Exterminador, y dictó y ejecutó la sentencia el 31 de julio de 1826. Fue un escándalo mayúsculo en el resto de Europa, pero en España apenas se supo de él, ya que quedó casi oculto por la censura de prensa. Ripoll tiene el dudoso y triste honor de ser el último condenado en España por el llamado delito de herejía.

Otros artículos de:

Añadir nuevo comentario